Lo que no se vio de la boda de Tamara Falcó e Íñigo Onieva: «Tuvimos que anticiparlo absolutamente todo»
Baile de drones, un incendio y comida a la prensa: el reverso de la boda de Tamara Falcó y Onieva
La foto que no pudo hacerse en la boda de Tamara Falcó se hace realidad dos años después

Tres años después de su celebración, la boda de Tamara Falcó e Íñigo Onieva continúa dando mucho que hablar. El enlace, celebrado el 8 de julio de 2023, se convirtió en uno de los acontecimientos sociales de la jet set más mediáticos y esperados del año y, como no podía ser de otra manera, mantuvo en vilo la atención de la prensa durante días. Y no solo por el esperado «sí, quiero» de la hija de Isabel Pareysler, sino también por el impresionante despliegue de seguridad que blindó el Palacio El Rincón y que hizo que cada detalle despertara un enorme interés.
Para que todo saliera tal y como se habían imaginado, Tamara e Íñigo contaron con un amplio equipo de profesionales y empresas especializadas que cuidaron hasta el más mínimo detalle. Y en COOL hemos querido conocer cómo vivió una de ellas, desde dentro, esta recordada ceremonia. Su nombre es Coolinaria Catering y fue la encargada de organizar la mesa de postres. Según nos cuenta su fundadora, Johanna Müller-Klingspor, su filosofía no se limita a organizar eventos, ya que se centran en «diseñar recuerdos». «Nos obsesiona que cada detalle tenga un sentido y que el cliente sienta que aquello no podría haberlo hecho nadie más», explican.
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Es un negocio que ha crecido de manera exponencial en los últimos años, consiguiendo que grandes marcas de todo el mundo (desde firmas de lujo hasta instituciones o grandes eventos) se fijen en sus servicios. Es por ello por lo que no es de extrañar que figuras como las de Tamara Falcó e Íñigo Onieva quisieran que estuvieran presentes en el día más feliz de sus vidas. Un reto que desde Coolinaria Catering recuerdan «con muchísimo cariño». «Fue un proyecto muy especial por la repercusión mediática, pero sobre todo por el nivel de exigencia y de detalle que requería», señalaba.
Aseguran que, a pesar de la presión, fue todo un privilegio poder aportar su granito de arena en la boda mencionada y que, incluso, consideran que es un proyecto que marcó por completo su trayectoria. No obstante, también tuvieron que hacer frente a diferentes obstáculos, siendo la seguridad del evento uno de sus mayores retos. «Al ser un enlace matrimonial con tanta repercusión mediática, todos los móviles quedaron fuera. Parece un detalle menor, pero para un equipo de producción supone un desafío importante porque normalmente la comunicación entre los distintos equipos se hace de forma constante durante el montaje. Tuvimos que anticipar absolutamente todo y planificar cada detalle con muchísima precisión. Fue un gran ejercicio de organización y coordinación», recuerdan.
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Tal y como cuenta Johanna Müller-Klingspor, Tamara e Íñigo le dejaron total libertad para crear, por lo que fue una total sorpresa para ellos el resultado. «Nuestro reto era que, al descubrir la mesa, todos sintieran que estaban viendo algo único y que el final de la boda fuera tan memorable como el resto de la celebración», confesaba. Añadía que jamás olvidará las caras del matrimonio cuando descubrieron la decoración, al igual que la de los invitados, las cuales fueron de total sorpresa y satisfacción. «Muchos hacían el gesto casi instintivo de buscar el móvil para fotografiarla… hasta recordar que no lo tenían. Creo que eso resume muy bien el impacto que tuvo», narraba.
Por otro lado, compartía que lo que querían era que no pareciera una mesa de postres, sino una auténtica «instalación artística». «Buscábamos elegancia, delicadeza y un aire romántico, evitando cualquier exceso. La idea era que los invitados sintieran la necesidad de acercarse incluso antes de descubrir qué estaban viendo. Como en todos nuestros proyectos, perseguíamos ese efecto wow que convierte un momento bonito en un recuerdo inolvidable […] Queríamos que no pareciera un elemento independiente, sino el broche final de toda la experiencia», detallaban.
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Si a día de hoy tuvieran que volver a diseñar la mesa de postres de la boda de Tamara Falcó e Íñigo Onieva, aseguran que seguirían manteniendo la esencia, pero que, como están en constante evolución, seguro que utilizarían nuevas formas de mejorar el proyecto. Porque para ellos, «la creatividad nunca se queda quieta». De hecho, después de vivir experiencias como la de la boda de la marquesa de Griñón, confiesan que les haría muchísima ilusión formar parte del enlace matrimonial de Rosalía. «Tiene un universo creativo muy potente y sería apasionante traducir toda esa identidad al lenguaje gastronómico», sentenciaba.