Sonia Marina, maquilladora de Sara Carbonero: «Un maquillaje natural exige más más técnica que uno evidente»
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Trabajar con algunos de los rostros más conocidos del panorama nacional exige mucho más que dominar las brochas y conocer las últimas tendencias. Detrás de cada maquillaje hay un profundo conocimiento de la piel, de la luz, de las cámaras y, sobre todo, de la personalidad de quien se sienta frente al espejo. Sonia Marina lleva años dedicándose a ese trabajo silencioso que apenas se percibe cuando está bien hecho. Ha maquillado a mujeres como Alice Campello, Eva González, Sara Carbonero, Verónica Blume o Martina Klein y tiene muy clara cuál es la dirección que está tomando la belleza: menos artificio, más autenticidad. Para ella, la naturalidad no es una moda pasajera, sino una filosofía que requiere más técnica que nunca y que busca potenciar la identidad de cada mujer sin disfrazarla.
La discreción y la naturalidad, las claves cuando se trabaja con rostros conocidos
«Con los años he aprendido que el mejor maquillaje es el que permite que la personalidad siga ocupando el primer plano. Cuando alguien recuerda a la mujer y no al maquillaje, sé que el trabajo está bien hecho».
Maquillar a una figura pública implica una responsabilidad añadida. Su imagen forma parte de su profesión y cualquier detalle puede quedar inmortalizado por una cámara. Sonia Marina lo tiene muy presente cada vez que trabaja con alguna celebridad.
«Implica una gran responsabilidad y, sobre todo, mucha discreción. Son mujeres cuya imagen forma parte de su trabajo, por lo que el maquillaje tiene que acompañar su personalidad y hacer que se sientan seguras, nunca que dejen de reconocerse», explica.
Su filosofía se resume en una idea muy sencilla: el maquillaje nunca debe eclipsar a la persona. «Con los años he aprendido que el mejor maquillaje es el que permite que la personalidad siga ocupando el primer plano. Cuando alguien recuerda a la mujer y no al maquillaje, sé que el trabajo está bien hecho».
Ese planteamiento cobra todavía más importancia cuando el resultado va a verse a través del objetivo de una cámara. La maquilladora reconoce que televisión, fotografía y vídeo son especialmente exigentes y obligan a cuidar cada detalle.
«Las cámaras son muy exigentes. Cada textura, cada brillo y cada detalle se perciben de forma diferente. Por eso es fundamental conocer muy bien cómo se comportan los productos con la luz y con los distintos tipos de cámara».
Aun así, insiste en que la técnica nunca debe convertirse en protagonista. «Sigo buscando un resultado elegante y natural. La técnica tiene que estar al servicio de la belleza, nunca convertirse en la protagonista».
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La naturalidad también requiere mucha técnica
«La naturalidad no es una tendencia. Es una forma de entender la belleza. Y conseguirla exige más conocimiento y más técnica que un maquillaje evidente».
Aunque el maquillaje efecto buena cara domina actualmente las tendencias, Sonia Marina desmonta uno de los grandes mitos de la belleza: cuanto más natural parece un maquillaje, más trabajo suele esconder detrás. «Conseguir que una piel parezca desnuda cuando en realidad está trabajada requiere conocer muy bien el producto, la piel y la forma de aplicarlo».
Para ella, precisamente ahí reside la verdadera dificultad. «La naturalidad no es una tendencia. Es una forma de entender la belleza. Y conseguirla exige más conocimiento y más técnica que un maquillaje evidente».
Cuando habla de una piel bien maquillada, tampoco piensa en acabados completamente perfectos o sin textura. «Para mí, una piel bien maquillada es una piel que sigue pareciendo piel. Con luz, con vida y con una textura real».
Una visión que, según explica, refleja cómo ha evolucionado el sector en los últimos años. «No busco ocultar quién eres, sino potenciar tu belleza con respeto. Creo que esa es la verdadera evolución del maquillaje en los últimos años: dejar atrás la perfección artificial para dar paso a una belleza mucho más auténtica».

Los errores que la cámara siempre termina revelando
«Cada formato tiene sus necesidades. En fotografía hay que controlar mucho las luces y los contrastes; en televisión, además, la duración del maquillaje y la resistencia son fundamentales».
No todos los maquillajes funcionan igual delante de un objetivo. Lo que puede verse impecable a simple vista puede resultar excesivo cuando entra en juego una cámara de alta definición. «Cada formato tiene sus necesidades. En fotografía hay que controlar mucho las luces y los contrastes; en televisión, además, la duración del maquillaje y la resistencia son fundamentales».
Uno de los errores más frecuentes, según explica, es utilizar demasiado producto. «Las bases demasiado pesadas, los polvos acumulados o un contorno muy marcado pueden pasar desapercibidos a simple vista, pero la cámara los acentúa muchísimo».
A ello se suma un aspecto que muchas veces pasa inadvertido. «También una mala preparación de la piel se hace muy evidente. La cámara siempre revela aquello que el maquillaje intenta esconder».
No es lo mismo preparar un maquillaje para redes sociales que para un evento o una producción editorial. «En redes sociales el maquillaje debe funcionar tanto en vídeo como en fotografía y suele requerir pequeños ajustes para la pantalla. En eventos busco que la mujer se vea favorecida en cualquier tipo de luz y que siga sintiéndose ella misma durante horas. En una sesión editorial existe mucha más libertad creativa, porque el maquillaje también ayuda a contar una historia».
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Una buena piel empieza mucho antes de aplicar la base
«Hemos dejado atrás los acabados excesivamente mates y también el exceso de brillo. Hoy buscamos una piel satinada, fresca y saludable, que refleje la luz de forma natural y conserve su textura».
Si hay una idea que Sonia Marina repite constantemente, es que el maquillaje comienza mucho antes de abrir el neceser. «Siempre digo que un buen maquillaje empieza mucho antes de aplicar la base. Cuando la piel está bien preparada, hidratada y equilibrada, todo funciona mejor y el resultado es mucho más bonito, más natural y más duradero».
Respecto a las tendencias actuales, considera que la industria vive un momento especialmente equilibrado. «Hemos dejado atrás los acabados excesivamente mates y también el exceso de brillo. Hoy buscamos una piel satinada, fresca y saludable, que refleje la luz de forma natural y conserve su textura».
Ese deseado efecto de buena cara tampoco depende de utilizar muchos productos. «Se consigue trabajando con capas muy finas y utilizando únicamente el producto necesario. No se trata de cubrir, sino de corregir donde hace falta y devolver luminosidad al rostro.»
Y añade uno de los consejos que más repite tanto a clientas como a profesionales. «El secreto está en saber parar a tiempo. Muchas veces el mejor maquillaje es el que deja de construirse justo cuando la piel ya se ve bonita».

Adiós a los excesos: así ha cambiado el maquillaje en los últimos años
«Las redes inspiran muchísimo, pero también generan expectativas poco realistas por el uso de filtros o determinadas luces».
Para la maquilladora, las tendencias actuales reflejan un cambio de mentalidad en la forma de entender la belleza. «Estamos viendo un regreso a la elegancia y a la naturalidad. Las pieles ligeras, los tonos cálidos, las cejas definidas sin excesos y los acabados luminosos son protagonistas. La mujer busca verse favorecida, no transformada».
En consecuencia, algunas técnicas que dominaron las redes sociales durante años han quedado claramente atrás. «Los maquillajes muy pesados, los contornos excesivamente marcados y esa búsqueda constante de una perfección irreal».
Aun así, reconoce que plataformas como Instagram o TikTok siguen influyendo enormemente en lo que muchas mujeres piden cuando acuden a una sesión de maquillaje. «Las redes inspiran muchísimo, pero también generan expectativas poco realistas por el uso de filtros o determinadas luces».
Por eso considera que parte de su trabajo consiste también en trasladar esas referencias a la vida cotidiana. «Mi trabajo consiste en adaptar esa inspiración a la vida real y explicar que un maquillaje bonito es aquel que funciona cuando te miras al espejo, no sólo cuando te enfoca una cámara».
Y, por encima de cualquier tendencia, Sonia Marina mantiene intacta la idea que guía todo su trabajo desde hace años: «Hoy es más importante que nunca recordar que la belleza no está en parecer otra persona, sino en sacar la mejor versión de una misma».
