La histórica ruta con 10 búnkeres de la Guerra Civil en plena Sierra de Guadarrama a unos 45 minutos de Madrid: tiene 7 km y es apta para niños
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En el municipio de Los Molinos, situado en plena Sierra de Guadarrama, se encuentra una ruta circular que permite descubrir numerosos búnkeres de la Guerra Civil española, muchos de ellos conservados en un estado excepcional.
Se trata de una propuesta perfecta para quienes buscan una escapada diferente, con un recorrido accesible y un importante valor patrimonial a tan solo unos 45 minutos de Madrid.
Ruta de los búnkeres de Los Molinos: senderismo e historia en la Sierra de Guadarrama
El itinerario tiene una longitud aproximada de 7,4 kilómetros, se completa en unas tres horas y presenta una dificultad moderada. Esto hace que sea una opción apta tanto para senderistas con poca experiencia como para familias con niños acostumbrados a caminar.
El recorrido enlaza el casco urbano de Los Molinos con las laderas de La Peñota, uno de los enclaves más representativos de la Sierra de Guadarrama.
A medida que se avanza por el sendero, el paisaje de montaña se mezcla con los restos defensivos construidos durante la Guerra Civil, ofreciendo una experiencia única.
La ruta está dividida en dos sectores claramente diferenciados. Cada uno permite observar distintos tipos de fortificaciones y comprender cómo evolucionaron las construcciones militares durante los últimos años del conflicto.
¿Por qué los búnkeres de Los Molinos están entre los mejor conservados de España?
Uno de los aspectos que más llama la atención es el excelente estado de conservación de estas construcciones. Las casamatas formaban parte de la segunda línea defensiva del Ejército Popular de la República en el frente de la Sierra de Guadarrama. Al no llegar a intervenir en combates directos, muchas de ellas apenas sufrieron daños durante la guerra.
Las estructuras fueron levantadas con hormigón armado y cemento, reforzadas con piedra de la zona para integrarse en el paisaje y dificultar su localización desde el aire. Sus muros, de entre 50 y 100 centímetros de grosor, todavía conservan gran parte de su aspecto original.
En el primer tramo del recorrido se localizan seis fortificaciones construidas entre finales de 1938 y comienzos de 1939. Muchas mantienen visibles sus troneras, las aberturas desde las que se controlaban amplios sectores del terreno y que permitían cubrir ángulos de tiro de hasta 180 grados.
Según explica el Ayuntamiento de Los Molinos en la guía oficial del recorrido, el diseño de estas posiciones respondía a una estrategia defensiva perfectamente planificada para proteger este sector de la sierra, aunque finalmente nunca llegaron a entrar en acción durante la guerra.
Qué ver durante la ruta de los búnkeres de la Guerra Civil
La segunda parte del itinerario cruza la línea de Cercanías y se adentra en una zona más escarpada. Allí aparecen cuatro fortines construidos en 1937 que presentan diferencias evidentes respecto a los anteriores.
Aunque son edificaciones de mayor tamaño, fueron levantadas con materiales de menor calidad, motivo por el que hoy muestran un deterioro más acusado.
En algunos casos, como el fortín de Majalcamacho, se produjeron explosiones tras la contienda para recuperar el acero procedente de proyectiles sin detonar, lo que explica parte de los daños que aún pueden apreciarse.
El recorrido también permite observar antiguos tramos de trincheras excavadas directamente en la roca, especialmente en los accesos a las casamatas de Los Huertos y La Molinera. Estos elementos ayudan a imaginar cómo era la organización defensiva en este sector de la Sierra de Guadarrama.
Tal y como recuerda el Ayuntamiento de Los Molinos, algunos de los búnkeres se encuentran dentro de fincas privadas. Por ello, se recomienda seguir siempre el sendero señalizado y respetar las zonas restringidas, ya que algunos refugios, como el del antiguo Sanatorio de la Marina, únicamente pueden contemplarse desde el exterior.
Entre todos los refugios sobresale el búnker de Los Veneros, situado en la cota más elevada del recorrido. En su fachada todavía puede leerse la inscripción «Año 1939», con la característica curiosidad de presentar la letra «ñ» grabada al revés, un detalle que ha despertado el interés de historiadores y visitantes.
Además de su valor histórico, la ruta ofrece panorámicas sobre el valle y los límites con los municipios de Guadarrama y El Espinar.
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