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MÓVILES

La reflexión del neuropsicólogo Aaron Fernández del Olmo sobre los adolescentes: «Les quitas las pantallas y no saben que hay formas de relacionarse con la gente fuera de una red social»

El móvil se ha convertido en el centro de la vida de muchos adolescentes y también en el mayor quebradero de cabeza de sus padres. Así lo plantea el neuropsicólogo Aaron Fernández del Olmo, que en una conversación reciente reflexionó sobre qué ocurre cuando los jóvenes pasan el día pegados a una pantalla. «Nuestros adolescentes están enganchados al móvil, sí. Pero si les quitamos el móvil… ¿Qué les queda?», planteó.

Fernández del Olmo, doctor en Psicología Experimental y neuropsicólogo clínico, lleva años estudiando cómo la tecnología está cambiando nuestra atención, nuestra memoria y nuestra forma de relacionarnos. «La tecnología nos invade. Estamos en ese punto de querer aceptar la tecnología en nuestras vidas o desecharla», sostuvo. A su juicio, la segunda opción resulta «muy difícil».

Ves, pero no recuerdas

Sus declaraciones se produjeron durante una charla con Álex Fidalgo en el pódcast Lo que tú digas, publicada el 28 de septiembre. Allí explicó que el cerebro necesita tiempo para convertir lo que ve en recuerdos. «Toda la actividad cerebral se sitúa en la parte trasera, más visual; pero para procesarla correctamente ha de viajar a las zonas frontales», detalló.

Ese viaje es, según el especialista, el que se corta con el bombardeo continuo de vídeos, mensajes y notificaciones. «Recibir estímulos todo el rato no. Ves, ves, ves… Pero no estás comprendiendo. Reconoces, pero no recuerdas. No se crean recuerdos profundos», advirtió.

¿Y la atención? Tampoco sale bien parada. «Creemos que la atención es voluntaria, pero depende mucho del estímulo», explicó. «Ahora, hemos bajado el umbral y tenemos a muchos con atenciones más frágiles». No es el único gesto cotidiano que la psicología mira con lupa, porque hasta quienes cargan el móvil sin necesitarlo podrían estar gestionando su ansiedad.

Quitar el móvil no basta

El neuropsicólogo se detuvo también en la receta más repetida por padres y colegios, retirar el teléfono. Para él, el problema es que muchas veces no hay nada con qué sustituirlo. «No hay interacción interactiva entre familias. No todos tienen disponibilidad económica o un sueldo. Hemos acabado con los espacios públicos y no hay alternativas», afirmó.

«Ahora no tienen parques, tienen centros comerciales», lamentó. «Les quitas las pantallas y no saben que hay formas de relacionarse con la gente fuera de una red social. Hay que buscar una alternativa más allá de quitarles simplemente el móvil», señaló.

Por eso defiende educar en su uso en lugar de limitarse a prohibir. «Tenemos que adaptarlos a nosotros, no al revés. Estamos corriendo detrás de algo que no podemos alcanzar, no podemos con toda esa información», explicó. Y lo resumió en una frase. «Introducir los móviles y enseñarles a usarlos, no limitarnos a acompañarles».

Tampoco cree que las pantallas expliquen por sí solas los malos resultados escolares. «Yo no recuerdo que no hubiera problemas antes de las pantallas. Hay más problemas, pero ¿es sólo culpa del móvil?», se preguntó. «La eliminación sistemática no acaba con el problema».