OCÉANOS

En 1989 hundieron 50 toneladas de bloques de ceniza de carbón frente a Inglaterra para crear un arrecife artificial y en 3 semanas ya lo habitaban los bogavantes

Entre 1989 y 1992 se marcaron 114 bogavantes en el arrecife, el 48 % volvió a capturarse allí y uno se quedó más de 800 días, a 3 km de las rocas naturales más cercanas.

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Bogavante europeo a la entrada de su refugio en el fondo marino, la especie que colonizó el arrecife artificial de Poole Bay
Bogavante europeo a la entrada de su refugio en el fondo marino, la especie que colonizó el arrecife artificial de Poole Bay
Adrián Villellas

En junio de 1989, un equipo de la Universidad de Southampton levantó un arrecife artificial con 50 toneladas de bloques hechos con ceniza de centrales eléctricas de carbón sobre el fondo arenoso de Poole Bay, frente a la costa de Dorset, en el sur de Inglaterra. En las tres semanas siguientes, los buzos ya encontraron bogavantes viviendo entre ellos.

La estructura estaba a unos 3 kilómetros de las rocas naturales más cercanas, a unos 10 metros de profundidad. Entre 1989 y 1992 se marcaron 114 bogavantes y el 48 % volvió a capturarse al menos una vez en ella; uno de ellos se observó allí durante más de 800 días.

El proyecto lo llevaron Antony Jensen, Ken Collins y Philip Smith, de la Facultad de Ciencias Oceánicas y de la Tierra de la Universidad de Southampton, que lo resumieron en un capítulo del libro Artificial Reefs in European Seas.

Un residuo que sobraba a finales de los ochenta

A finales de los años ochenta, la mayor parte de la electricidad británica salía de centrales de carbón, que al quemar el carbón molido dejaban la PFA (pulverised fuel ash), una ceniza fina como el polvo. Según el capítulo, alrededor del 50 % de esa ceniza la absorbía la construcción y el resto iba a vertederos o, en el caso de la central de Blyth, al mar, un vertido que debía desaparecer hacia 1995.

Además, una directiva europea obligaba a reducir las emisiones de dióxido de azufre al 60 % de las de 1982 antes de 2003, y las plantas de desulfuración propuestas para cumplirla iban a dejar como residuo mucho más yeso del que podía usar la construcción. Los autores plantean los arrecifes de bloques de ceniza y yeso estabilizados con cemento como una opción posible, y con un posible beneficio.

Ocho montones de bloques sobre la arena

El arrecife se construyó con tres mezclas de ceniza, yeso de desulfuración, cemento y grava, convertidas en bloques de 40 por 20 por 20 centímetros en una fábrica comercial. Las 50 toneladas se apilaron en ocho conos de 1 metro de alto y unos 4 metros de diámetro, con una unidad de hormigón normal como control. Los autores lo presentan como el primer arrecife artificial del norte de Europa hecho con ceniza de carbón estabilizada con cemento y yeso de centrales eléctricas, y el segundo arrecife con licencia del Reino Unido.

La preocupación ambiental, explican, era que los metales pesados presentes de forma natural en el carbón se concentran en la ceniza y pueden filtrarse al medio. La idea era que el cemento los inmovilizara y, de paso, diera una superficie dura a la que pudieran fijarse los organismos.

Bogavantes en tres semanas y uno que se quedó más de 800 días

El bogavante europeo (Homarus gammarus) tuvo sus propios estudios dentro del proyecto. Según el resumen del estudio de población de 1991, los bogavantes aparecieron en el lugar en las tres semanas siguientes a la construcción y desde entonces los buzos los veían de forma habitual.

En 1990 empezó un programa de marcado con etiquetas en la pinza. Cada animal capturado en las nasas se medía, se marcaba y se devolvía a su montón. Con las recapturas, los investigadores calcularon una población de entre 16 y 24 bogavantes.

El trabajo publicado en Crustaceana en 1994 amplió las cifras: de los 114 marcados entre 1989 y 1992, 16 aparecieron después a un máximo de 15,7 kilómetros del arrecife. Jensen, Collins, E. K. Free y R. C. A. Bannister concluyen que los bogavantes colonizaron rápidamente las nuevas estructuras y que muchos mostraron una «considerable fidelidad al lugar a largo plazo».

Fanecas de día, esponjas que tardan años

Los bloques también atrajeron bancos de fanecas (Trisopterus luscus), un pez pariente del bacalao. Un estudio de A. Fowler y el equipo de Southampton, publicado en 1999 en Journal of Fish Biology, encontró que el 86,6 % eran juveniles de menos de 191 milímetros que pasaban el día inmóviles y sin comer junto a los montones. Por la noche, la mayoría salía a alimentarse.

El seguimiento de diez años con buzos, de agosto de 1989 a octubre de 1999, se publicó en 2001 en el boletín de la Porcupine Marine Natural History Society. B. M. Baldock, Collins, Jensen y Jenny Mallinson escriben que los arrecifes artificiales tenían en general más especies que los naturales, aunque «las esponjas tardaron mucho en colonizar los arrecifes artificiales».

Uno de los siete patrones de colonización que describen depende de la experiencia del propio buzo y lo resumen con la pregunta «¿No supimos reconocerlo antes?».

Poole Bay, otra vez banco de pruebas

Otros países han probado con neumáticos rellenos de cemento, con vagones de metro o con barcos hundidos; en Poole Bay, el turno de 2020 fue para el hormigón impreso en 3D. El 17 de marzo de 2020, la Universidad de Bournemouth colocó junto a un rompeolas de la bahía ocho módulos del proyecto europeo 3DPARE: cuatro diseños impresos en dos mezclas de hormigón, con agujeros, túneles y salientes, y un cubo macizo como control.

Módulo de arrecife artificial de hormigón impreso en 3D del proyecto 3DPARE en el fondo de Poole Bay
Uno de los módulos de hormigón impreso en 3D del proyecto 3DPARE, ya en el fondo de Poole Bay, con sus agujeros y túneles. (Foto: 3DPARE)

Según la nota del proyecto, alojada en la web del grupo GITECO de la Universidad de Cantabria, los buzos que inspeccionaron los módulos al día siguiente vieron que, en menos de 24 horas, varias especies de cangrejos ya se habían instalado en los agujeros y túneles.

Lo que el experimento no demuestra

Las mediciones que Alison Hatcher presentó en 1995 dieron más biomasa adherida en los bloques de hormigón que en los de ceniza en 10 de 12 muestras, y una biomasa total parecida a la de un arrecife natural cercano. Varias especies comunes en las rocas naturales de Poole Bay no habían aparecido en los bloques tras diez años, entre ellas cinco esponjas, el coral blando Sarcodictyon roseum y el nudibranquio Tritonia lineata.

La población de bogavantes era pequeña y parte de los animales se marchó. Los autores del trabajo de 1994 solo ven útil reforzar las poblaciones de bogavante con arrecifes si el hábitat es «un factor limitante importante» de su tamaño y su estructura.

Los análisis de metales pesados se publicaron aparte y los resúmenes consultados no detallan sus resultados. El proyecto lo financiaron al principio las eléctricas National Power y PowerGen, y después el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación británico.

Crédito de la imagen: Xavier Caisey / Ifremer.

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