La jubilación suele venderse como una etapa tranquila. Pero cuando la pensión se queda corta y encima hay cuidados familiares, la calma dura poco. Entonces aparece una pregunta incómoda, ¿cómo ganar dinero desde casa sin volver a empezar desde cero?
Eso es lo que cuenta haber hecho Sayuri Mitani, una mujer japonesa de 65 años que vive en la prefectura de Okayama. Según su propio testimonio, pasó de trabajos remotos mal pagados a usar herramientas de inteligencia artificial para crear imágenes, redactar propuestas y ayudar a empresas, con ingresos mensuales “casi iguales a los de un empleado de oficina”.
De la pensión al trabajo en casa
Mitani trabajó a tiempo completo en un estudio de arquitectura y también en una escuela primaria. Hace unos años cambió de rumbo por su nieto, que “suele estar enfermo” y necesita visitas médicas frecuentes. “Tuve que buscar un trabajo que pudiera hacer desde casa”, explicó.
El dinero era la otra presión. Ella dice que su pensión no le alcanzaba y que esa ansiedad le provocó incluso insomnio. En un país donde alrededor de 29,3 por ciento de la población tiene 65 años o más, según las estimaciones oficiales de población de 2024, esa sensación no es rara.
El giro de 2024 y las 165 imágenes
Su primer intento fue el diseño web. Terminó un curso, pero los encargos no llegaron, y para sobrevivir se apuntó a una comunidad de asistentes administrativos en remoto. Había pago por “estar de guardia”, pero el salario real por hora se quedaba en “unas decenas de yenes”, algo que apenas movía la aguja.
En 2024 apareció una oportunidad distinta. Alguien buscaba personas que supieran usar IA para generar imágenes destinadas a vídeos cortos, y ella se presentó sin experiencia previa. En el mismo relato se la menciona también como Xiaobaihe.
Ese mismo día pagó una suscripción de IA, aprendió con vídeos de YouTube y entregó 165 imágenes en cinco días. El pago era de 50 yenes por imagen, y reconoce que, tras descontar la cuota mensual, “apenas ganaba dinero”. Aun así, dijo que “vislumbró el enorme potencial de la IA” y decidió formarse en comunidades y cursos en línea varias veces por semana.
Qué es la IA generativa
La IA generativa es un tipo de software que crea contenido nuevo cuando le das instrucciones por escrito. Puede redactar un texto, proponer ideas o generar una imagen a partir de una descripción, como si fuera un borrador rápido. No es magia, es una herramienta que mezcla patrones aprendidos para producir una primera versión.
Mitani dice que usa varios servicios, como ChatGPT y Gemini, para tareas que van desde escribir propuestas hasta preparar materiales para clientes. En la práctica, eso significa trabajar más rápido, pero también revisar más, porque estos sistemas pueden sonar seguros y aun así fallar.
Derechos de autor como freno
Cuando el cliente es una empresa, el problema no siempre es técnico. Mitani afirma que muchas dudan por el riesgo de infringir derechos de autor, tanto por el parecido de una imagen como por el origen de los datos con los que se entrenó el modelo. Ese temor puede paralizar una adopción que, sobre el papel, promete ahorrar tiempo.
Por eso eligió Adobe Firefly, que ella presenta como una opción con menos riesgo para usos comerciales. Adobe explica en sus preguntas frecuentes de Firefly que sus modelos se entrenan con contenido con licencia, además de material de dominio público, y que no entrenan con el contenido personal de suscriptores de Creative Cloud.
De cobrar por volumen a cobrar por valor
Ese cambio tuvo un efecto directo en el precio. Mitani asegura que pasó de 50 yenes por imagen a cobrar hasta 3.000 yenes por trabajo en algunos casos, un salto que describe como de unas 60 veces. Aquí la diferencia no fue hacer más, fue vender confianza y un proceso más claro.
Con el tiempo, dice que la generación de imágenes le aportó casi 300.000 yenes al mes. También empezó con proyectos de vídeo y a contar su experiencia en redes, lo que derivó en invitaciones a charlas y consultas con empresas.
Lo que se puede aprender de su caso
En esas consultorías, Mitani pone ejemplos muy de oficina. Habla de usar IA para preparar hojas de Excel o para redactar actas de reuniones a partir de notas, y cuenta que los empresarios se sorprenden cuando ven el cambio de ritmo. “Eso me produce una gran satisfacción”, dijo.
Su tarifa, según explica, es de 10.000 yenes por hora, y hoy se dedica más a enseñar que a producir imágenes en cadena. La escena doméstica que describe lo resume bien, antes iba a varios supermercados para comparar el precio de los huevos y ahora se permite un almuerzo algo más lujoso con su marido. Pequeñas victorias, pero victorias.
Aun así, conviene leerlo con calma. Su historia mezcla aprendizaje constante, cuotas de herramientas y una etapa de encargos baratos, y no garantiza que el camino se repita igual para todo el mundo. Su frase final suena simple y, a la vez, muy práctica, “el momento en que te resulte difícil es el momento de empezar”.
El reportaje original se ha publicado en Free Finance.












