Los expertos piden no olvidarse de su nombre porque éste científico húngaro puede devolver la vista a los ciegos
Botond Roska es el nombre científico húngaro que puede devolver la vista a los ciegos
Botond Roska es el nombre científico húngaro que puede devolver la vista a los ciegos. El director del Instituto de Oftalmología Molecular y Clínica (IOB) de Basilea está desarrollando una tecnología que permite llevar mitocondrias sanas específicamente a las células que están muriendo. Esto quiere decir que en un futuro se podría devolver la vista a las personas que sufren de ceguera o regenerar la enfermedad del Parkinson. Consulta en este artículo todo lo que debes saber sobre este descubrimiento que podría curar la ceguera.
Botond Roska es el protagonista de una historia que podría cambiar la historia de la humanidad. Al menos para las personas que sufren una de las enfermedades más duras: la ceguera. Esto suele ocurrir en bebés en casos como la retinopatía del prematuro (ROP), cataratas congénitas o malformaciones oculares y también en edades más avanzadas con casos como la degeneración macular asociada a la edad, cataratas, glaucoma o por retinopatía diabética.
Ahora, desde el Instituto de Oftalmología Molecular y Clínica (IOB) de Basilea, llegan buenas noticias a la hora de poder revertir estos problemas. El investigador húngaro Botond Roska lidera un estudio publicado por la revista Nature en el que ha presentado un gran avance para la historia de la humanidad: un sistema que permite suministrar mitocondrias sanas a tipos celulares específicos. Esto podría ayudar a revertir enfermedades como la ceguera o el Parkinson. Este artículo recoge las pruebas realizadas con pacientes que ahora pueden reconocer objetos y la versión 2.0 se probará con personas ciegas a final de año.
El científico húngaro que puede devolver la vista
Botond Roska ha concedido una entrevista a Index, periódico de Hungría, que es el que recoge una historia que aún no ha dado la vuelta al mundo, pero que lo hará a medida que avance esta investigación y se realicen las primeras personas que sufren de ceguera y, Dios quiera, puedan recuperar la visión.
«Lo especial de las mitocondrias es que, al igual que las bacterias, pueden multiplicarse en la célula: tienen su propio ADN y, si introducimos algunas de ellas con habilidad, se multiplican. La clave no está en introducir algo, sino en que las mitocondrias beneficiosas se multipliquen. La primera enfermedad que se aborda es una enfermedad rara y hereditaria, la neuropatía óptica hereditaria de Leber, que suele afectar a chicos de entre 16 y 18 años con una mutación en su ADN mitocondrial», cuenta este científico en la entrevista que ha concedido a este medio, en el que también deja claro que: «Estos chicos tienen una visión completamente normal, pero al cabo de una o dos semanas el nervio óptico de uno de sus ojos muere y quedan ciegos; unos meses después, ocurre lo mismo en el otro ojo. Hay que imaginarlo como dos colonias de bacterias, una de las cuales usamos para desplazar a la otra».
Botond Roska también hace un llamamiento a los grandes inversores que puedan sufragar el gasto en tecnología que podría hacer recuperar la visión a miles de millones de personas repartidas en todo el mundo. «Mientras no contemos con la tecnología, poco podemos hacer, pero si sabemos qué hay que hacer, debemos esforzarnos al máximo. En estos casos, buscamos inversores de todo el mundo que no solo se preocupen por el dinero, sino que también tengan buenas intenciones, porque nadie se hará multimillonario con esta investigación», cuenta.
Este científico de Hungría también informa en esta entrevista que estas células buenas se pueden aplicar en cualquier célula del cuerpo. «En las terapias contra el cáncer, la capacidad de las células T reprogramadas fuera del cuerpo y luego trasplantadas suele disminuir; estamos intentando aumentarla llenándolas de mitocondrias. Aproximadamente una cuarta parte de los casos de la enfermedad de Parkinson se pueden atribuir a trastornos mitocondriales, pero en este caso el material tendría que inyectarse en el cerebro, lo cual es más complicado que inyectarlo en el ojo», cuenta, y también señala el caso de los infartos: «Y en el caso de un infarto, el problema es que cuando se reabre la arteria bloqueada con el catéter y la sangre vuelve a fluir, muchas células se dañan; esto podría protegerlas. En un plazo de cinco a diez años, nos gustaría desarrollar el método para muchas enfermedades, pero «todos queremos llegar a la luna algún día» todavía es un sueño por cumplir».
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