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Secretaria de la Sociedad Española del Dolor (SED)

Dra. Mª del Mar Domínguez: «Una persona mayor no debe resignarse a vivir con dolor»

"El dolor que se mantiene en el tiempo debe valorarse y tratarse; no debe asumirse como una consecuencia inevitable de cumplir años"

"Entre los avances recientes destacan medicamentos no opioides capaces de bloquear determinadas señales nerviosas"

  • Beatriz Muñoz
  • Directora de OKSALUD. Periodista especializada en salud desde hace 25 años. Antes en el suplemento A Tu Salud de La Razón y Quironsalud.

En la sociedad actual, el dolor en las personas mayores se ha normalizado y los propios afectados llegan a aceptarlo como un peaje inevitable del envejecimiento. Sin embargo, vivir con dolor no forma parte del proceso natural de hacerse mayor.

Cada vez vivimos más años y conseguir que esos años se vivan con la mejor calidad de vida posible es uno de los grandes retos de la medicina actual. En este sentido, el tratamiento del dolor tiene mucho que aportar y cobra especial relevancia en este grupo de la población que tiene sus propias dificultades.

En España, se estima que cerca de nueve millones de personas conviven con dolor crónico. En muchos casos, el dolor limita la movilidad, favorece el sedentarismo y acelera el deterioro muscular y articular.

Para ahondar en este tema, OKSALUD entrevista a la doctora María del Mar Domínguez Garcia, especialista en Anestesiología y Tratamiento del Dolor y secretaria de la Sociedad Española del Dolor (SED).

PREGUNTA.- Suele decirse que «cumplir años duele» y que el dolor forma parte del envejecimiento natural. ¿Hasta qué punto esta idea es un mito que frena a los mayores a la hora de buscar ayuda médica a tiempo?

RESPUESTA.- Es una idea muy extendida, pero debemos desterrarla. Con la edad aumentan algunas enfermedades que pueden causar dolor, pero eso no significa que el dolor sea una consecuencia inevitable de envejecer ni que haya que resignarse a convivir con él. En consulta vemos con frecuencia a personas que llevan años con dolor y no piden ayuda porque creen que es «lo normal» a su edad o que poco puede hacerse. Sin embargo, existen distintas opciones de tratamiento. La medicina no siempre logra eliminar el dolor por completo, pero sí podemos reducirlo de forma importante y ayudar al paciente a recuperar actividades que había abandonado o que ya realizaba con dificultad.

Desde la Sociedad Española del Dolor insistimos en que el dolor que se mantiene en el tiempo debe valorarse y tratarse. No debe asumirse como una consecuencia inevitable de cumplir años.

P.- En la consulta, ¿cuáles son las causas de dolor crónico más habituales entre la población mayor y en qué se diferencia el abordaje del dolor en una persona de 80 años frente a una de 40?

R.- Los problemas degenerativos de la columna y la artrosis en distintas articulaciones son algunas de las causas más habituales de consulta. También atendemos con frecuencia dolores relacionados con enfermedades del sistema nervioso, los músculos y otras estructuras del aparato locomotor. El origen puede estar en los cambios degenerativos de los tejidos asociados a la edad, en lesiones posteriores a una cirugía, en enfermedades infecciosas como el herpes zóster o metabólicas como la diabetes.

Además, es frecuente que varios de estos problemas coincidan en un mismo paciente. Por eso, el tratamiento no puede decidirse únicamente en función de la edad. Entre una persona de 40 años y otra de 80 puede haber diferencias importantes, pero lo esencial es valorar el estado general, las enfermedades asociadas, la medicación que toma y el grado de autonomía para realizar las actividades cotidianas imprescindibles.

En los pacientes mayores suelen coincidir distintas patologías por las que siguen diferentes tratamientos médicos, así que tenemos que prestar especial atención a los posibles efectos secundarios de los tratamientos que vayamos a indicar y a las interacciones entre fármacos. Pero tener 80 años no significa resignarse al dolor. Según cada caso, podemos recurrir a medicamentos, técnicas intervencionistas y otras estrategias para lograr una mejoría relevante.

P.- ¿De qué manera afecta el dolor crónico no controlado a la autonomía, la movilidad y la salud emocional de nuestros mayores?

R.- El impacto del dolor crónico va mucho más allá de la molestia física. Cuando caminar o moverse duele, la persona suele reducir poco a poco su actividad, deja de hacer tareas cotidianas y puede perder fuerza y capacidad funcional. Este círculo favorece la fragilidad y la dependencia.

Además, el dolor persistente altera el sueño, puede aumentar la ansiedad y los síntomas depresivos, y hacer que poco a poco la persona se relacione menos con los demás. En consulta comprobamos que, muchas veces, al paciente le preocupa más todo lo que ha dejado de hacer que la intensidad del dolor en sí misma.

Por eso, para valorar si un tratamiento funciona no basta con preguntar cuánto ha disminuido el dolor. También necesitamos saber si duerme mejor, camina más, ha recuperado actividades o vuelve a relacionarse con su entorno. En las personas mayores, conseguir que sigan siendo independientes y puedan mantener su vida cotidiana es una de nuestras mayores prioridades.

P.- Con frecuencia existe el miedo a un consumo excesivo de fármacos o a los efectos secundarios. ¿Qué alternativas o terapias complementarias están demostrando una buena eficacia para reducir la dependencia de las pastillas?

R.- En las personas mayores, que con frecuencia ya toman varios medicamentos para otras enfermedades, debemos tener especial cuidado con los efectos secundarios y las posibles interacciones. Por eso, además de comprobar qué medicamentos están tomando y si siguen necesitando todos ellos, es importante aprovechar otras opciones de tratamiento que nos permitan controlar el dolor sin depender exclusivamente de las pastillas.

Una de las más importantes es el ejercicio físico adaptado, algo que muchos pacientes todavía no consideran parte del tratamiento. Mantenerse activo, trabajar la fuerza y mejorar la movilidad puede ayudar mucho a reducir las limitaciones que provoca el dolor.

En este sentido, la fisioterapia basada en ejercicio terapéutico tiene un papel fundamental. También debemos prestar atención a cómo afecta el dolor al estado emocional. Cuando una persona lleva mucho tiempo con dolor, es frecuente que aparezcan ansiedad, desánimo o dificultades para afrontar las actividades diarias. Por eso, el apoyo psicológico puede ser una ayuda importante y debe formar parte del tratamiento cuando sea necesario.

Precisamente, las Unidades del Dolor abordan el dolor crónico de manera multidisciplinar, combinando los tratamientos farmacológicos con el ejercicio terapéutico, la fisioterapia y el apoyo psicológico, junto con técnicas intervencionistas cuando están indicadas.

Se trata de adaptar las distintas opciones a las necesidades de cada paciente para conseguir un mejor control del dolor, mejorar su calidad de vida y, siempre que sea posible, reducir la cantidad de medicación que necesita. No se trata de prescindir de los medicamentos, porque en muchos casos son necesarios y eficaces, sino de combinarlos con otras medidas para conseguir el mejor resultado posible con los menores efectos secundarios.

P.- En el campo de la farmacología, ¿qué innovaciones o nuevos tratamientos se están desarrollando para tratar el dolor crónico con mayor precisión y reduciendo los efectos secundarios en los pacientes de edad avanzada?

R.- La investigación en el tratamiento del dolor está avanzando hacia medicamentos cada vez más específicos, que actúen sobre los mecanismos que producen el dolor y tengan menos efectos secundarios. Esto es especialmente importante en las personas mayores, porque muchas veces tienen otras enfermedades y toman varios medicamentos al mismo tiempo. Por ejemplo, en determinados dolores de origen nervioso ya utilizamos tratamientos que se aplican directamente sobre la zona dolorosa, como los parches de lidocaína o de capsaicina.

Son opciones especialmente interesantes porque permiten tratar el dolor con una menor exposición del resto del organismo al medicamento, reduciendo así algunos de los problemas que pueden provocar los tratamientos por vía oral. Una línea de investigación especialmente interesante es el desarrollo de nuevos analgésicos que actúan sobre mecanismos muy concretos del dolor.

Entre los avances recientes destacan medicamentos no opioides capaces de bloquear determinadas señales nerviosas. Algunos ya han demostrado eficacia en el tratamiento del dolor agudo, aunque todavía se está estudiando su utilidad en el dolor crónico.

Es una vía prometedora, especialmente si conseguimos tratamientos eficaces con menos efectos secundarios, algo fundamental en las personas mayores. También es importante utilizar bien los medicamentos que ya tenemos. Elegir el más adecuado para cada paciente, ajustar las dosis y evitar interacciones con otros tratamientos es especialmente importante en las personas mayores.

Al final, lo que nos interesa es que el paciente tenga menos dolor, pueda seguir haciendo sus actividades habituales y mantenga su independencia, procurando siempre que el tratamiento le cause los menores efectos secundarios posibles.