Entre el PSOE y el ‘buitre’ de su pareja, Montse Mínguez elige a su pareja

Entre el PSOE y el ‘buitre’ de su pareja, Montse Mínguez elige a su pareja

La portavoz socialista, Montse Mínguez, ha renunciado a su cargo después de que se descubriera que su pareja dirigía un imperio inmobiliario con un patrimonio millonario que encajaba, como anillo al dedo, en lo que su partido —y ella misma— entienden como fondo buitre. Al final, la portavoz del PSOE, azote en el Congreso de los Diputados de los carroñeros que especulan con la vivienda, ha sido víctima de sus propias declaraciones y ha tenido que elegir entre su partido y su pareja.

Y ha elegido a su pareja, como por otra parte es lógico y coherente. Lo que era un monumento a la incoherencia es que se defendiera con el argumento de que los negocios de su marido eran legales. Puede ser, pero su intervención durante su etapa en el Ayuntamiento de Lérida en favor de los intereses empresariales de su pareja la situaba ya en una posición imposible. Y es que Mínguez aprobó como edil del consistorio un cambio urbanístico que permitió a Sergi Vélez enriquecerse con pisos de lujo.

La estrategia socialista de instrumentalizar el desahucio de la fallecida Maricarmen para erigirse falsamente en azote de los especuladores, cuando durante el Gobierno de Sánchez no se ha construido apenas vivienda pública, se le ha vuelto en contra como un bumerán. Son los riesgos de subirse a lomos de la hipocresía: el ladrillazo a la campaña del PSOE que supone la renuncia de su portavoz es brutal. Los buitres que veía el socialismo por todas las esquinas corrían por los pasillos del partido.

Cinismo a gran escala, del que Montse Mínguez es sólo un ejemplo, porque hay muchos más. Y saldrán, vaya que sí saldrán. La apuesta socialista se ha estrellado en las primeras curvas de la precampaña electoral. Normal, pues sólo hay que fijarse en el patrimonio inmobiliario de los dirigentes socialistas para concluir que el sanchismo ha sido víctima del viejo aserto: dime de lo que presumes y te diré de qué careces. De vergüenza.

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