Opinión

Morreos electorales

  • Teresa Giménez Barbat
  • Escritora y política. Miembro fundador de Ciutadans de Catalunya, asociación cívica que dio origen al partido político Ciudadanos. Ex eurodiputada por UPyD. Escribo sobre política nacional e internacional.

Ustedes vieron como el pasado 17 de octubre, en un mitin del PSOE en Fuenlabrada, Pedro Sánchez convirtió su proclamación como candidato en una declaración pública de amor a Begoña Gómez, su esposa. «Nos han intentado quebrar de todas las maneras y han logrado justo lo contrario. Hoy estamos más unidos y somos más fuertes que nunca. Que lo escuchen alto y claro: te quiero», dijo nuestro felón. El abrazo y el beso posterior se viralizaron y el partido lo metió en el pack de campaña bajo el lema «La fuerza del amor».

Para mí, verlo desde el prisma de la psicología evolutiva, es obligatorio. En general, un gesto como éste no es un simple arranque sentimental. En especies con vínculos de pareja de larga duración, las muestras públicas de afecto funcionan como señales costosas de compromiso. Un beso ante millares de personas y cámaras lo ve todo el mundo, es difícil de retractar y expone a la pareja a burlas o a juicios poco piadosos. Precisamente por ese coste transmite información creíble: «Esta relación resiste la presión externa».

En entornos ancestrales, una pareja unida defendía mejor tanto recursos como descendencia. En la política moderna esa lógica se traslada a la defensa del estatus y del apoyo partidista. El propio discurso de Sánchez verbaliza esta dinámica: el ataque externo refuerza, en lugar de debilitar, el núcleo íntimo. Hasta aquí la explicación adaptativa. La matización llega cuando el emisor de la señal tiene un historial de instrumentalización sistemática de la verdad. Vamos, que es un mentiroso reconocido.

Si se acepta la premisa de que Sánchez opera como un político sin escrúpulos a la hora de utilizar cualquier recurso narrativo, el beso deja de ser únicamente un mecanismo evolutivo espontáneo y se convierte en una explotación deliberada de ese mismo mecanismo. El efecto psicológico no desaparece; se pone al servicio de una estrategia de marketing emocional. Así el cerebro humano sigue respondiendo a las señales de unidad y resiliencia de la pareja, aunque la intención real sea política. O sea, tratar de movilizar a la base, de victimizar al matrimonio ante las causas judiciales que afectan a Gómez y proyectar algo parecido a la fortaleza moral.

Pero hace tiempo que no nos la dan con queso. El Partido Popular, por la cuenta que le trae, no tardó en señalar la tramoya. Ester Muñoz comparó la escena con la campaña de Cristina Fernández de Kirchner en 2011, cuando utilizó el lema «La fuerza del amor» junto a imágenes de afecto con Néstor Kirchner (fallecido el año anterior).

El PP calificó el gesto de Sánchez de «más falso que Judas» y de copia de «la pareja corrupta de los Kirchner». La similitud no es casual: en ambos casos se recurre a la intimidad conyugal como escudo ante la acusación de corrupción y como combustible electoral. Otros líderes populistas han convertido la vida privada en un arma política cuando la gestión o la reputación habían flaqueado. El patrón es recurrente porque funciona. Apela a emociones profundas como la lealtad, la resistencia o el amor frente a la adversidad que la selección natural ha cableado en nosotros. La diferencia entre una señal honesta y una teatral («performativa», que se dice ahora) no siempre es detectable en el momento.

La oxitocina se libera, la ovación se produce y el mensaje de «nosotros contra ellos» cala. Pero cuando el mismo actor ha demostrado reiteradamente su capacidad para ajustar la relación a la conveniencia del momento, el coste de la señal se diluye. Lo que debería ser una demostración de compromiso se percibe, en palabras de la legendaria cantante La Lupe, como «puro teatro». Como el último recurso de un liderazgo que prefiere la emoción a la rendición de cuentas.

Sí, la psicología evolutiva explica por qué el beso conmueve a la propia militancia y por qué se repite en distintas latitudes: es una herramienta eficaz de cohesión y de defensa del vínculo. Pero la matización política añade que, en manos de un operador experimentado, esa herramienta puede ser desacoplada de la autenticidad y convertida en simple atrezzo de campaña. Una «fuerza del amor» que diría la cantante cubana que es «falsedad bien ensayada, estudiado simulacro». Mero cálculo político .