Economía Circular Reciclaje de ropa

¿Por qué no debes cortar nunca la etiqueta de tu ropa? Un gesto que el planeta te agradecerá

Humana analiza mil prendas de sus contenedores: el 38,4% tiene la etiqueta cortada o ilegible

Un gesto muy sostenible: qué hacer si la etiqueta te molesta

Trucos y consejos para comprar ropa de segunda mano de forma sostenible en aplicaciones y comercios

Etiqueta Ropa Reciclaje
Antonio Quilis
  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

Estrenas una camiseta, notas el roce en la nuca y, casi sin pensarlo, vas a por las tijeras. Cortar la etiqueta de la ropa es un gesto cotidiano que parece inofensivo, pero sus consecuencias van mucho más allá del armario: condiciona la segunda vida de la prenda.

Así lo indica un estudio elaborado por Humana Fundación Pueblo para Pueblo con mil prendas recogidas en sus contenedores: el 38,4% de la ropa usada llega a sus plantas de clasificación con la etiqueta cortada o desgastada, lo que impide conocer la composición del artículo.

El dato matiza una creencia muy extendida, la de que casi todos cortamos la etiqueta nada más comprar. En realidad, el 61,6% de las prendas la conserva íntegra y legible; en el 28,8% de los casos estaba cortada y en el 9,6% restante, tan desgastada que no se leía.

Más cortes que desgaste

Una de las conclusiones más llamativas del análisis es que el corte de etiquetas es tres veces más frecuente que el desgaste. Es decir, la pérdida de información no se explica sólo por el envejecimiento de la prenda: también hay una intervención deliberada por parte de los usuarios.

¿Por qué las cortamos? Según un estudio de Ginetex, la Asociación Internacional de Etiquetado de Conservación Textil, los principales motivos son la incomodidad física que provoca el roce con la piel y el desconocimiento de los símbolos de lavado.

La paradoja es que la etiqueta sí se valora cuando se usa. En un barómetro de esta asociación con Ipsos en siete países europeos, incluida España, más de ocho de cada diez encuestados la consideraban útil y una amplia mayoría, el 71%, seguía sus instrucciones de cuidado.

La ropa infantil, la más castigada

El estudio de Humana detecta además que la proporción de etiquetas desgastadas en la ropa infantil es prácticamente el doble que en la de adultos. La explicación más probable: estas prendas se lavan más a menudo, pasan de un niño a otro y soportan un uso muy intensivo.

Se trata, precisamente, de ropa con mucha vida por delante. Los niños crecen rápido y muchas prendas se quedan pequeñas antes de gastarse, lo que las convierte en candidatas naturales a la reutilización en el mercado de segunda mano.

Para este análisis, la entidad seleccionó mil artículos de la categoría «ropa original»: prendas procedentes de sus contenedores en la vía pública de 9 municipios de las provincias de Barcelona y Tarragona, sin ningún proceso previo de selección.

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El viaje de la ropa usada

Para entender por qué importa la etiqueta, hay que seguir el recorrido de la ropa que depositamos en el contenedor. Humana, organización de la economía social que promueve desde 1987 la reutilización textil, recuperó el año pasado 20.381 toneladas, unos 82,5 millones de prendas.

Una vez vaciados los contenedores, la ropa llega a las plantas de clasificación. Humana inauguró en septiembre de 2025 en Leganés una de ellas, con 15.000 metros cuadrados, una plantilla de 90 personas y más de 70 mesas de procesamiento.

El destino de cada prenda depende de su estado. La consultora Mepex certifica que más del 60% del textil que procesa la entidad se revaloriza como producto de segunda mano: un 41% se exporta para su reutilización, sobre todo a África, y un 21% se reutiliza en Europa, incluidas sus 60 tiendas en España.

La etiqueta, clave para reciclar

Lo que no puede reutilizarse se destina al reciclaje, que históricamente ha servido para fabricar mantas, aislantes o trapos para la industria de automoción. Y aquí la etiqueta resulta decisiva: indica si el tejido es algodón, poliéster o una mezcla de fibras.

Sin esa información, clasificar correctamente una prenda es mucho más difícil. Los procesos de reciclaje de fibra a fibra funcionan mejor con materiales bien identificados, por lo que una prenda sin composición conocida puede acabar en usos de menor valor en lugar de convertirse en un hilo nuevo.

«Para el sector de la gestión del residuo textil no basta con definir qué información debe facilitarse en el momento de comercializar una prenda», asegura Rafael Mas, director de Proyectos y Relaciones Institucionales de Humana.

«La información debe sobrevivir»

«También importa si esa información permanece accesible cuando la prenda se utiliza, se desecha y se deposita en un contenedor, se clasifica o se comercializa por segunda vez», añade el portavoz de la entidad.

«La información debe sobrevivir a la primera vida de la prenda», resume Mas, que recuerda que las etiquetas son útiles, pero que su eficacia como sistema permanente tiene límites, algo clave en una economía que pretende alargar la vida de la ropa.

«Este informe constata que el 38% de los artículos cuya vida puede prolongarse no tienen etiqueta o son ilegibles. Esta falta de información va en detrimento del consumidor y de lo que nuestro sector defiende», lamenta el responsable de Humana.

El pasaporte digital de producto

Por eso, el sector considera que «el diseño de las etiquetas, su resistencia, comodidad y posible complementariedad con otros sistemas de información merecen una revisión». Una reflexión que llega en pleno debate europeo sobre el etiquetado textil.

La Comisión Europea ha identificado limitaciones en el marco actual, entre ellas la «fragmentación de requisitos informativos» y la falta de un tratamiento adecuado de la información digital y de la relativa al reciclaje.

Al cortar la etiqueta de composición, la prenda pierde su «pasaporte». De ahí la relevancia del pasaporte digital de producto (DPP), un registro obligatorio que recopilará y centralizará toda la información sobre el ciclo de vida de cada prenda.

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Obligatorio entre 2028 y 2029

Se prevé que el DPP para la ropa sea obligatorio en la Unión Europea entre finales de 2028 y 2029. Antes, en 2027, Bruselas publicará previsiblemente un acto delegado sobre textiles vinculado a su Reglamento sobre el diseño ecológico de productos sostenibles.

Ese acto detallará qué información debe incluirse y quién es responsable de ella. La Comisión plantea un código QR, una etiqueta NFC o un identificador RFID impreso en la etiqueta o en la propia prenda.

Con una simple lectura digital, consumidores, autoridades y empresas podrían acceder a datos verificados en tiempo real. Eso sí, si el código va impreso en la etiqueta, cortarla seguiría borrando el rastro de la prenda, también en la era digital.

Una recogida obligatoria

El contexto normativo refuerza la importancia de este gesto. La Ley de Residuos obliga a los municipios a la recogida separada de textiles desde 2025, ya sea con contenedores, puerta a puerta, puntos limpios o recogida a demanda. Aun así, queda mucho camino por recorrer: el objetivo es alcanzar un 30% de recogida selectiva en 2030, frente al 12% que se recoge hoy en España.

Además, el Gobierno tramita el Real Decreto de Productos Textiles y de Calzado, cuyo proyecto se publicó el 23 de junio de 2025, mientras la nueva directiva europea introduce regímenes obligatorios de responsabilidad ampliada del productor para el textil y el calzado.

Qué hacer si la etiqueta molesta

Si la etiqueta pica, hay alternativas antes de recurrir a las tijeras. Una es elegir prendas con la información estampada directamente sobre el tejido; otra, descoserla con cuidado y fijarla con un par de puntadas en una costura lateral interior, donde no roce.

Si no queda más remedio, conviene conservar al menos la etiqueta de composición, la que necesitan los clasificadores. Y al deshacerte de la ropa, deposítala en el contenedor limpia y seca, con el calzado emparejado.

Al final, ese pequeño trozo de tela es la memoria de la prenda. Conservarla es la forma más sencilla de que la camiseta que hoy estrenas tenga una segunda, e incluso una tercera vida. Y el planeta te lo agradecerá.