Cambio climático Wimbledon

Los otros ganadores de Wimbledon: sus pelotas de tenis son reutilizadas como casas para ratones

Wimbledon es el torneo de tenis más antiguo del mundo

El campeonato cuenta con una completa estrategia de sostenibilidad

La reutilización de pelotas de tenis usadas es una de las preocupaciones de Wimbledon

Las pelotas de tenis usadas en Wimbledon pueden tener una segunda vida al servicio de la naturaleza.
Las pelotas de tenis usadas en Wimbledon pueden tener una segunda vida al servicio de la naturaleza.

Cada año, a finales de junio, el All England Club de Londres se convierte en el epicentro del tenis mundial. Sus icónicas pistas de hierba acogen la celebración de Wimbledon, el torneo de mayor tradición dentro del circuito, cuyos inicios datan de 1877. En esta mítica competición se dan cita los mejores tenistas del planeta en busca de uno de los títulos más prestigiosos.

La historia y la tradición de Wimbledon son universalmente conocidas. Pero no somos tan conscientes de los importantes compromisos que la organización del evento está adquiriendo en materia medioambiental. Estos esfuerzos van más allá de la simple reducción de la huella de carbono y de los residuos, e incluyen iniciativas para la protección de la biodiversidad.

El principal objetivo de esta estrategia de sostenibilidad de Wimbledon es alcanzar la neutralidad climática en sus operaciones en el año 2030. Como explica la organización: “Los cambios en nuestro clima se están acelerando y tenemos la responsabilidad de hacer nuestra parte, mitigando nuestros propios impactos, garantizando que tengamos un patrimonio resiliente al clima para el futuro y utilizando nuestra influencia para apoyar esta importante causa”.

Reducción de emisiones

Para conseguir llegar a la meta en 2030, se están tomando una serie de medidas, como la reducción directa de emisiones mediante la optimización de la eficiencia energética de las instalaciones.

De hecho, toda la electricidad utilizada actualmente en el torneo de tenis procede de fuentes renovables, apoyadas por la generación propia de energía mediante paneles solares instalados en los edificios del club. También se han sustituido generadores diésel por alternativas eléctricas y biocombustibles y se han instalado luces LED de alta eficiencia, entre otras muchas actuaciones.

Asimismo, se ha electrificado la flota de vehículos y se ha apostado por el abastecimiento local de alimentos. Las emisiones inevitables, como las de los vuelos del personal y los jugadores, se abordan mediante la compensación de emisiones a través de la inversión en proyectos acreditados de protección climática.

Residuos y biodiversidad

Más allá de la reducción de emisiones, Wimbledon ha reforzado su apuesta por la gestión responsable de los residuos y la protección de la biodiversidad. Desde 2018, el torneo no envía desechos al vertedero, gracias a una estrategia integral de reducción, reutilización y reciclaje, que incluye el uso de envases reutilizables.

En cuanto a la conservación de la naturaleza, existe un compromiso para lograr una ganancia neta de biodiversidad para 2030, que incluye la creación de hábitats específicos, techos y muros verdes, y la plantación de árboles en los terrenos del All England Club.

Los otros ganadores de Wimbledon: sus pelotas de tenis son reutilizadas como casas para ratones

Ratones

Fuera del torneo, destaca la labor de la Fundación Wimbledon, que apoya multitud de proyectos comunitarios y ambientales en el Reino Unido. Es precisamente ahí donde entran en juego los beneficiarios más inesperados del torneo: los ratones, que dan una segunda vida a las pelotas de tenis empleadas en los partidos.

Según diferentes cálculos, a lo largo de toda una edición del campeonato se emplean, en total, cerca de 55.000 pelotas de tenis. Parte de las mismas son vendidas a los aficionados como recuerdo, y también es habitual que muchas de las que se encuentran en buen estado sean donadas a clubes deportivos. El resto de pelotas son destinadas a proyectos de reciclaje y de recuperación de materiales y, por último, están las que acaban convertidas en refugio para roedores.

En concreto, la especie que más se está aprovechando de ello es el ratón espiguero (Micromys minutus). Hablamos del roedor más pequeño de Europa, con un peso situado entre los 4 y los 11 gramos, y un tamaño de entre 5,5 y 7,5 centímetros de longitud, más una cola de dimensiones similares, que además destaca por su carácter prensil.

Inundaciones

Aunque este diminuto mamífero no se encuentra en peligro de extinción, sí que se está viendo gravemente perjudicado por las numerosas inundaciones que está sufriendo su hábitat en las llanuras del parque rural de Watermead Country Park North, ubicado en el condado de Leicestershire, en el centro de Inglaterra.

Estos territorios se anegan de forma cada vez más frecuente debido al aumento de las construcciones en las llanuras aluviales situadas aguas arriba del río Soar, lo que impide que el agua drene de forma natural hacia el suelo, saturando rápidamente los humedales del parque.

Los otros ganadores de Wimbledon: sus pelotas de tenis son reutilizadas como casas para ratones
Ratón espiguero.

Ahogados

Las inundaciones, cada vez más recurrentes y severas, terminan por aplastar o sumergir la vegetación alta del parque. En el corazón de estos carrizales, es donde el ratón espiguero construye sus nidos de hierba, que se convierten en trampas mortales: cuando la subida repentina del agua sorprende a los roedores en sus refugios, muchos acaban muriendo ahogados.

El problema no sólo reside en la pérdida directa de individuos, sino también en la alteración del ciclo reproductivo. El ratón espiguero anida entre mayo y octubre, coincidiendo con los periodos en los que las lluvias intensas pueden provocar más daños sobre sus nidos. Esto impide que las poblaciones se recuperen y les deja sin refugio frente a los depredadores.

Para mitigar esta situación, el equipo de guardabosques de Watermead Country Park North puso en marcha, hace más de diez años, una iniciativa pionera consistente en instalar pelotas de tenis recicladas —muchas de ellas procedentes de Wimbledon y otros prestigiosos torneos— y elevadas sobre postes a una altura de entre 75 centímetros y 1,5 metros.

 

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Diez crías por pelota

Hasta diez crías por pelota caben en estos habitáculos artificiales, impermeables y con un orificio del tamaño de una moneda, que ofrecen un refugio seguro que no se inunda y que permite a los ratones proteger a su prole, a salvo de las crecidas del río y de los depredadores terrestres.

Esta buena práctica sirve para ilustrar cómo los grandes eventos deportivos pueden reducir su impacto ambiental cuando asumen responsabilidades más allá de la competición. Ciertamente, no se trata de una solución estructural para la pérdida de biodiversidad, pero sí de un ejemplo concreto de economía circular aplicada con sentido ecológico.

En un contexto de crisis climática y degradación de hábitats, gestos como este recuerdan que incluso los residuos del deporte de élite pueden tener una segunda vida al servicio de la naturaleza.