Pescado

El fondo del Sena está lleno de ellos y podrían llegar a España dentro de poco: por qué los pescadores temen la proliferación de estos peces

En un tramo del Sena, a su paso por el departamento francés de Seine-et-Marne, los pescadores aficionados han empezado a sacar del agua un pez que hace apenas unos años no estaba allí y que ahora lo ocupa casi todo. Se trata del góbido de manchas negras, un animal de entre 10 y 20 centímetros originario del mar Negro y del mar Caspio que fue localizado por primera vez en 2023 en Héricy. Desde entonces su avance ha sido tan rápido que quienes conocen bien el río hablan de un fondo literalmente tapizado de ejemplares. Su presencia ha encendido las alarmas entre las asociaciones de pesca, que temen por el futuro de las especies autóctonas y reconocen que, con lo que se sabe hasta ahora, erradicarlo parece una tarea casi imposible.

La noticia ha cruzado la frontera por una razón evidente y es que las especies invasoras pueden llegar a aguas de otros países. De hecho, instituto marino flamenco VLIZ, ha enumerado los países europeos donde ya ha sido registrado y al parecer se ha extendido por otros lugares europesos, aunque por el momento España y Portugal no aparecen entre los países afectados. Eso sí, tampoco conviene pensar que no va a llegar a nuestras aguas, ya que el comportamiento de esta especie le permite avanzar y colonizar nuevos ríos sin parar por lo que es evidente el daño que puede causar donde se asienta. Esos elementos explican por qué los pescadores franceses están preocupados y la advertencia a la que conviene hacer caso por parte de quienes pescan más al sur.

El fondo del Sena está lleno de ellos y podrían llegar a España dentro de poco

Según explica Jean Dey, presidente de la asociación medioambiental y de pesca Le Grand Barbeau, el góbido llegó hasta Seine-et-Marne gracias al canal Rin-Danubio, una vía navegable que conecta dos grandes cuencas y que ha funcionado como autopista para especies que antes estaban separadas por cientos de kilómetros. A ese corredor se suma el tráfico fluvial: los cargueros y las barcazas llenan de agua unos depósitos, llamados lastres, para equilibrar su carga, y esa agua, que puede contener huevos y ejemplares jóvenes, se vacía después en otro lugar. Dey subraya que no hubo introducción voluntaria alguna y que el pez llegó a través de infraestructuras pensadas para facilitar el comercio. El instituto VLIZ coincide en que el agua de lastre es la vía de transporte más importante, y las asociaciones francesas añaden que sus aletas ventrales forman una especie de ventosa que le permite agarrarse a los cascos de las embarcaciones.

Voraz, prolífico y difícil de frenar

El motivo de la inquietud está en su apetito y en su ritmo de reproducción. Dey describe a estos peces como extremadamente voraces y asegura que devoran una gran cantidad de huevos de otras especies, lo que los convierte en competidores directos de los habitantes del río. Su dieta incluye además pequeños invertebrados, y los profesionales temen que acaben acaparando el alimento de los peces locales. Como ejemplo concreto, el presidente de la asociación cita el gobio común, un pez típico de la biodiversidad francesa que, según él, es cada vez más escaso por culpa del recién llegado. El VLIZ aporta un precedente fuera de Francia, al relacionar su expansión con el retroceso de otro pez autóctono en los Países Bajos y señalar que depreda sobre larvas y juveniles de otras especies. No todo son malas noticias para el ecosistema, ya que el góbido sirve de alimento a depredadores como la perca o la lucioperca. Aun así, Dey admite que nadie puede prever el impacto a largo plazo y que, dado lo rápido que se reproduce, la única opción realista pasa por acomodarse a su presencia. «Se desarrollan muy bien en nuestras aguas», resume.

Qué piden los pescadores y qué puede pasar en España

Mientras el pez se consolida en el Sena, las asociaciones piden a los aficionados que no lo utilicen como cebo ni como pez vivo para atraer a otros y que, si lo capturan, no lo devuelvan al agua. Es una norma sencilla pero decisiva, porque buena parte de la expansión de una especie invasora como esta depende de pequeños gestos humanos. Y en el caso de España, la lección es sobre todo de prevención: la experiencia francesa demuestra que estos peces avanzan por canales y viajan en los barcos, y que una vez asentados casi no hay marcha atrás. Hasta donde se sabe, el góbido no ha sido registrado en la península ibérica, y los datos europeos lo sitúan en el norte y el este del continente. Por eso, más que anunciar una llegada inminente, el caso del Sena sirve para recordar que vigilar las aguas de lastre y concienciar a los pescadores es mucho más eficaz que intentar frenar una plaga cuando ya ha echado raíces.