El deshielo en el Himalaya y un posible terremoto causan la riada que deja 168 muertos y cientos de desaparecidos en Nepal
El Gobierno nepalí confirma que no hubo lluvias intensas: el desastre nació de una avalancha en el Himalaya provocada por un teremoto
El calentamiento multiplica los lagos glaciares, verdaderas bombas de agua suspendidas sobre los valles
Tragedia en Nepal: dos españoles entre los más de 400 desaparecidos por una riada que deja al menos 95 muertos
Una violenta riada repentina ha arrasado el norte de Nepal, cerca de la frontera con el Tíbet, y ha dejado ya al menos 168 muertos y cerca de 1.600 personas desaparecidas, entre ellas 391 extranjeros. Cuatro ciudadanos españoles figuran entre quienes han perdido el contacto, según fuentes del Ministerio del Interior.
La crecida golpeó con especial dureza el distrito montañoso de Rasuwa y el cauce del río Bhotekoshi, y destruyó puentes, carreteras, mercados y hasta seis grandes instalaciones hidroeléctricas. A lo largo del cauce del río, decenas de asentamientos e infraestructuras se han visto gravemente afectadas por el agua, que también ha provocado fuertes daños en China, al otro lado de la zona fronteriza, especialmente en el paso de Gyirong. El rescate avanza con 14 helicópteros y equipos terrestres.
No fue la lluvia
Lo más llamativo del desastre es lo que no lo provocó. El Departamento de Hidrología y Meteorología de Nepal confirmó que no se registraron lluvias intensas en Rasuwa ni el martes ni el miércoles. La riada no encaja con una crecida clásica del monzón.
Las autoridades apuntan a una reacción en cadena. Una avalancha de hielo o roca habría bloqueado el río Lhende, un afluente que alimenta el Bhotekoshi, formando una presa natural que acumuló agua hasta reventar de golpe.
A ese muro de contención improvisado se sumó un sismo. El Servicio Geológico de Estados Unidos registró un terremoto de magnitud 4,4 en territorio tibetano esa misma mañana, un temblor moderado capaz de desestabilizar laderas ya frágiles, aunque este punto todavía está por confirmar.
El Himalaya se derrite
Detrás de estos episodios late un fenómeno de fondo: el deshielo acelerado del Himalaya. El calentamiento hace retroceder los glaciares y multiplica los lagos que se forman a sus pies, verdaderas bombas de agua suspendidas sobre los valles.
Cuando el dique natural de hielo o morrena que retiene uno de esos lagos cede, se produce una inundación por desbordamiento de lago glaciar, conocida por sus siglas en inglés, GLOF. Es una de las amenazas ambientales más temidas del Hindú Kush.
La región se calienta más rápido que la media del planeta. Apodado el tercer polo por concentrar la mayor masa de hielo fuera del Ártico y la Antártida, el Himalaya pierde glaciares a un ritmo que alarma a los científicos.
Miles de bombas de agua
El centro ICIMOD ha catalogado más de 8.000 lagos glaciares en la región, de los que hasta 200 se consideran potencialmente peligrosos. Solo en las cuencas del Koshi, Gandaki y Karnali, un inventario identificó 47 de altísimo riesgo.
Un estudio reciente contabiliza más de 388 desbordamientos de lagos glaciares documentados en el conjunto Himalaya-Karakórum. Sus detonantes más habituales son precisamente las avalanchas de hielo y las lluvias extremas.
El golpe no se detuvo en la frontera. Al otro lado, en el condado tibetano de Gyirong, un desprendimiento dejó al menos tres muertos y cientos de desaparecidos, según la televisión estatal china. El agua no entiende de mapas.
EFE/EPA/NARENDRA SHRESTHA
Un valle que ya avisó
El Bhotekoshi no estrena tragedia. En julio de 2025, una riada muy similar arrasó la misma zona de Rasuwa y se atribuyó al desbordamiento de un lago glaciar en la frontera con China. En 2016 se repitió el patrón.
Nepal arrastra un historial devastador. Desde 1977 ha sufrido 26 episodios de GLOF y pierde de media 333 vidas al año por eventos climáticos extremos, con daños que superan los 17 millones de dólares anuales.
A la fragilidad geológica se suma la presión humana. Carreteras, presas y asentamientos se levantan en valles estrechos, de modo que cada colapso se cobra un precio cada vez más alto en vidas e infraestructuras.
Vigilar el deshielo
Los expertos insisten en que la respuesta pasa por la adaptación. Monitorizar por satélite los lagos glaciares más inestables y desplegar sistemas de alerta temprana puede dar a las comunidades los minutos decisivos para huir.
La catástrofe de Nepal es, en el fondo, un aviso del clima. Un Himalaya cada vez más caliente convierte sus cumbres heladas en un riesgo permanente para los millones de personas que viven aguas abajo.
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