La Antártida acoge el primer santuario mundial que conserva testigos de glaciares en peligro
Más de 2.000 millones de personas dependen del deshielo de glaciares y nieves para obtener agua dulce
El colapso completo de los glaciares borraría milenios de información científica de incalculable valor
Adiós glaciares: así están desapareciendo estos gigantes de hielo a velocidad de vértigo
Los glaciares están desapareciendo a un ritmo sin precedentes y, con ellos, también podría perderse un recurso vital para la supervivencia del ser humano: más de 2.000 millones de personas —cifra que equivale a la suma de las poblaciones de China y Estados Unidos— dependen del deshielo de glaciares y nieves para obtener agua dulce, recuerda la ONU.
Naciones Unidas también alerta de que un tercio de estos gigantes helados podrían desaparecer para 2050 debido al cambio climático. Su colapso completo borraría siglos, e incluso milenios, de información científica de incalculable valor para comprender cómo ha evolucionado el clima y anticipar su comportamiento futuro.
Para evitarlo, la Ice Memory Foundation inauguró a principios de año el Santuario Ice Memory, la primera instalación diseñada para conservar durante siglos testigos de hielo procedentes de glaciares amenazados. El santuario se encuentra en la Antártida, en una cueva excavada bajo la nieve de la estación franco-italiana Concordia, donde se mantiene a -52°C.
Glaciares alpinos
Estos dos primeros testigos proceden de sendos glaciares alpinos, en concreto del Mont Blanc (Col du Dôme, Francia) y el Grand Combin (Suiza). Su peso conjunto alcanza las 1,7 toneladas.
Pronto tendrán compañía, pues ya se ha confirmado que el santuario albergará próximamente más testigos de los Alpes europeos, así como muestras de Tayikistán, Bolivia, Svalbard y, previsiblemente, Rusia.
Registro de épocas pasadas
Para conseguir estos testigos, los científicos perforan los glaciares hasta alcanzar la roca situada bajo el hielo. De ese proceso obtienen largos cilindros de hielo, de entre 90 y 150 metros, que conservan un registro de la atmósfera y las condiciones ambientales de épocas pasadas.
Cuando una perforación se destina al proyecto Ice Memory, uno de los testigos se traslada al santuario de la Antártida para su conservación a largo plazo, mientras que el otro permanece en un laboratorio para su análisis científico.

Bajo la superficie
El Santuario Ice Memory cuenta con unas instalaciones de 35 metros de longitud y cinco metros de ancho y alto que han sido excavadas íntegramente en las capas compactas de nieve, a unos cinco metros bajo la superficie y con una profundidad total de nueve metros.
Desde la campaña estival 2018-2019 se realizaron diversos ensayos para garantizar la máxima vida útil posible del santuario, reduciendo al mismo tiempo el impacto de su construcción sobre el medioambiente antártico.
Sin materiales de construcción
La infraestructura no ha requerido materiales de construcción, cimentaciones ni sistemas de refrigeración mecánica. Su estabilidad está garantizada por las temperaturas extremas y naturalmente constantes de la Antártida, que permanecen próximas a -52 °C durante todo el año.
El acondicionamiento de los testigos de hielo garantizará que las muestras permanezcan protegidas frente a las fluctuaciones ambientales y la contaminación.
La fundación responsable también destaca que la evaluación ambiental de esta cueva de hielo natural y de bajo impacto recibió la aprobación del Sistema del Tratado Antártico en 2024, convirtiendo al santuario en una de las instalaciones científicas de conservación más innovadoras y remotas jamás construidas.

Campañas de perforación
Como respuesta al deshielo irreversible de los glaciares del planeta, la Ice Memory Foundation ha identificado glaciares amenazados y enclaves de gran valor científico, coordinando, impulsando o apoyando desde 2015 diez campañas internacionales de perforación, en las que han participado equipos científicos de más de trece países.
«Al preservar muestras físicas de gases atmosféricos, aerosoles, contaminantes y polvo atrapados entre las capas de hielo, la Ice Memory Foundation garantiza que las futuras generaciones de investigadores puedan estudiar las condiciones climáticas del pasado utilizando tecnologías que quizá todavía no existen», detalla Carlo Barbante, vicepresidente de la fundación.
Dicha entidad también recuerda que, durante la próxima década, designada por Naciones Unidas como el Decenio de Acción para las Ciencias de la Criosfera, se establecerá un marco internacional de gobernanza destinado a garantizar que estas muestras patrimoniales permanezcan accesibles como un legado común y duradero para la humanidad.
Acceso transparente
Este sistema de gobernanza deberá asegurar «un acceso transparente a los testigos de hielo conservados, basado exclusivamente en criterios científicos y gestionado conforme a principios éticos y de equidad».
«Para que estos testigos puedan seguir sirviendo a la ciencia dentro de un siglo, deben gestionarse como un bien común global. La creación de este modelo de gobernanza supondría uno de los grandes logros del Decenio de Acción de las Naciones Unidas para las Ciencias de la Criosfera», insiste Thomas Stocker, científico de la Universidad de Berna y presidente de la Ice Memory Foundation.

Hoja de ruta
La Ice Memory Foundation y sus socios están acelerando sus esfuerzos para ampliar la colección de testigos de hielo y definir este marco global de gobernanza.
Con el fin de cumplir su ambiciosa hoja de ruta, que plantea obtener muestras de 20 glaciares en 20 años, la fundación también ha hecho un llamamiento urgente a la comunidad científica internacional, las instituciones de investigación, los responsables políticos y los socios financiadores para que organicen y respalden nuevas campañas de perforación en glaciares amenazados.
Responsabilidad de todos
También les pide que contribuyan a ampliar el archivo mundial de hielo antes de que estos registros desaparezcan para siempre. Como señala Anne-Catherine Ohlmann, directora de la Ice Memory Foundation, «somos la última generación que todavía puede actuar. Es una responsabilidad que compartimos todos”.
«Salvar estos archivos de hielo no es únicamente una responsabilidad científica; es un legado para toda la humanidad», concluye la directora.