Ni se te pase por la cabeza poner esta planta en tu jardín: sus raíces son duras e invasoras y te va a levantar todo el suelo

Usualmente, elegir una planta para el jardín implica una decisión estética: qué color, qué altura, cuánta sombra da o cómo queda junto al resto de arbustos. Y muy pocas veces se piensa en lo que pasa bajo la superficie, donde el sistema de raíces trabaja durante años sin que nadie lo vea, hasta que un día empieza a levantar baldosas, adoquines o el propio césped sin previo aviso.
Ese es exactamente el problema de una de las especies más vendidas en jardinería decorativa, apreciada por su verde intenso y su efecto biombo natural. Los expertos llevan tiempo advirtiendo de que, si esta planta se cultiva sin control, sus raíces pueden extenderse mucho más allá de donde se sembró en un primer momento.
El bambú, la planta que nunca deberías sembrar sin control en el jardín
Se trata del bambú, una planta que muchos asocian con la buena suerte y la decoración de estilo asiático, pero que esconde un comportamiento mucho más agresivo del que aparenta.
Una voz especializada para confirmar esto es Jordi Sánchez, experto en jardinería consultado por medios especializados. En sus videos de YouTube lo resume sin rodeos: es «una planta salvaje que se extiende mucho» y cuyas raíces «dan muchos problemas» porque son extremadamente duras y difíciles de arrancar una vez asentadas.
En la misma línea, su consejo es tajante: si alguien decide plantar bambú en el jardín, jamás debería hacerlo junto a un suelo de adoquines, porque sus raíces terminarán levantándolo por varios sitios.
Lo mismo aplica a tuberías, cimientos de piscinas o los límites con la parcela del vecino, puntos donde el daño suele aparecer antes de lo esperado y resulta más caro de reparar.
¿Por qué las raíces del bambú son consideradas como «invasoras»?
El problema tiene nombre: rizoma. La mayoría de bambúes que se venden en viveros pertenecen a variedades monopodiales o corredoras, que en lugar de crecer en una mata compacta envían tallos subterráneos horizontales a gran distancia del punto original. Cada rizoma puede brotar en cualquier momento en forma de una nueva caña, aunque esté a varios metros de la planta madre.
El género Phyllostachys, uno de los más habituales en jardines españoles, puede alcanzar entre 1,8 y diez metros de altura y es también de los más difíciles de controlar una vez se ha asentado.
A diferencia de otras plantas, sus raíces no se detienen ante setos, muros bajos o parterres. Simplemente los rodean o pasan por debajo, buscando siempre tierra suelta donde expandirse.
¿Se puede evitar que el bambú se convierta en un problema para la casa?
Sí, claro que se puede. La solución que recomiendan los especialistas pasa por instalar una barrera física antes de plantar, nunca después.
Se trata de una lámina de polietileno de alta densidad que se entierra formando un cerco alrededor de la zona destinada al bambú y debe sobresalir unos centímetros por encima del suelo para que ningún rizoma la salte por arriba. A continuación, se detalla cómo es el procedimiento:
- Enterrar la barrera a suficiente profundidad, entre 60 centímetros y un metro, para que los rizomas no la esquiven por abajo.
- Revisar el perímetro cada otoño, cavando una pequeña zanja de veinte a 30 centímetros para cortar cualquier rizoma que haya escapado.
- Cultivar en maceta o jardinera si el espacio disponible es reducido, la opción más segura para quien no quiera arriesgarse.
Sin embargo, quien prefiera evitarse todo este trabajo puede optar directamente por otra planta con aspecto similar, pero sin el mismo riesgo: los bambúes cespitosos, como los del género Fargesia, crecen en matas compactas y apenas se desplazan con el tiempo.
Son algo más caros en el vivero, pero eliminan de raíz (nunca mejor dicho) el problema de las barreras y las revisiones anuales.
El bambú también puede acabar en los tribunales
Cuando las raíces cruzan al terreno del vecino, el problema deja de ser solo de jardinería. El Código Civil (artículo 592) permite al propietario afectado cortar por su cuenta las raíces que invaden su parcela, sin necesidad de pedir permiso, aunque conviene avisar antes por escrito para evitar males mayores.
Si esas raíces llegan a dañar una piscina, una tubería o los cimientos de una vivienda, quien plantó el bambú es responsable de asumir la reparación.
Inclusive, ya hay disputas entre vecinos por este motivo que han terminado resueltas en los juzgados, con sentencias que obligan al propietario original a pagar unas obras que, en muchos casos, superan con creces lo que costó la planta en el vivero.
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