Mecánicos coinciden y explican por qué no debemos apagar el motor inmediatamente después de un viaje largo
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Con el mes de agosto ya en marcha, son muchos los coches que se han movido y que se van a seguir moviendo por las carreteras estos días. Y al llegar a su destino es normal querer bajarse cuanto antes para entrar en el hotel, ir a la playa o, simplemente, descansar después de varias horas al volante. Por eso, muchos conductores aparcan y apagan inmediatamente el motor después de un viaje largo. Sin embargo, los mecánicos recomiendan esperar un poco antes de hacerlo. Pero ¿por qué motivo?
Sabemos que a lo largo de un trayecto de varias horas, el motor trabaja a una temperatura elevada, y más cuando afuera hace mucho calor, el vehículo va cargado o se ha circulado a gran velocidad. Además, también influyen las pendientes, los adelantamientos y el uso continuado del aire acondicionado. De este modo, cuando llegamos a nuestro destino y el coche ya está aparcado, algunas piezas conservan el calor acumulado y necesitan unos instantes para que su temperatura comience a bajar de forma progresiva, de modo que es mejor seguir el consejo de los expertos y más cuando se trata demotores turboalimentados. Si el coche acaba de soportar un esfuerzo considerable, conviene mantenerlo al ralentí durante aproximadamente un minuto antes de quitar el contacto. Esto no significa que vaya a estropearse por apagarlo de inmediato una vez, ni que sea necesario esperar después de cualquier desplazamiento. Se trata de una pequeña precaución que puede ayudar a reducir el desgaste cuando se repite con frecuencia este tipo de viajes.
Mecánicos explican por qué no debemos apagar el motor inmediatamente
El aceite cumple varias funciones mientras el motor permanece encendido. Además de lubricar las piezas móviles y reducir el rozamiento, ayuda a controlar la temperatura y mantiene protegidos los componentes internos. Una bomba se encarga de hacerlo circular por el sistema con la presión necesaria, pero cuando se apaga el motor, esa bomba deja de trabajar y el lubricante deja de moverse, aunque las partes más calientes todavía no hayan empezado a enfriarse. Si el vehículo se detiene justo después de circular con mucha exigencia, el calor puede permanecer concentrado en determinadas zonas. Con el paso del tiempo, esta situación puede favorecer la degradación del aceite y la aparición de residuos, así que mantener el motor al ralentí durante un breve periodo permite que el lubricante siga circulando mientras disminuye la carga térmica. No se busca enfriar el propulsor por completo, sino evitar que el proceso se interrumpa de manera brusca.
Tampoco es necesario mirar el reloj después de todos los viajes. Si los últimos kilómetros se han recorrido despacio por una localidad, buscando aparcamiento o atravesando calles con límites de velocidad bajos, el motor ya habrá tenido tiempo para reducir parte de su temperatura. La precaución tiene más sentido al detenerse directamente en un área de servicio después de circular por autopista o cuando se llega al destino tras una subida pronunciada.
Por qué los motores con turbo necesitan más cuidado
El consejo además cobra mayor sentido para los motores con turbo ya que el turbocompresor aprovecha los gases de escape para introducir más aire en el motor y mejorar su rendimiento. Durante la marcha, su turbina puede girar a una gran velocidad, soportando además altas temperaturas y para funcionar correctamente, los cojinetes del turbo dependen como ya mencionamos del aceite que envía el motor, que lubrica y contribuye a retirar parte del calor que se genera, de modo que si se apaga el coche cuando el turbo todavía está muy caliente, la circulación del aceite se detiene. Repetir esta costumbre puede provocar que el lubricante se deteriore en el interior y que los cojinetes sufran un desgaste prematuro.
Qué ocurre con el Start/Stop y el aire acondicionado
Los automóviles actuales cuentan con sistemas capaces de gestionar mejor la temperatura. Algunos ventiladores o bombas pueden seguir funcionando durante unos minutos después de apagar el motor. El sistema Start/Stop también analiza distintos parámetros y, por lo general, evita detener el propulsor si las condiciones mecánicas, la batería o la climatización requieren que continúe encendido. Por este motivo, no conviene obsesionarse ni pensar que cada parada automática está dañando el turbo.
El aire acondicionado merece otra consideración durante los viajes de verano. Apagar la función de frío unos minutos antes de llegar y mantener encendido el ventilador puede ayudar a reducir la humedad que queda en el evaporador y los conductos. Esa humedad, unida al polvo y a la suciedad, favorece la aparición del olor desagradable que a veces sale por las rejillas al volver a conectar el sistema.
Este gesto no sustituye el cambio del filtro del habitáculo ni la limpieza del circuito, pero puede servir como complemento. También permite que la temperatura interior suba poco a poco antes de salir al exterior. En definitiva, no hace falta dejar el coche varios minutos encendido después de cada uso. Si acaba de recorrer una carretera exigente, va muy cargado o se detiene directamente tras abandonar la autopista, esperar cerca de un minuto puede ser suficiente para proteger el aceite, el motor y, sobre todo, el turbo.
