El error al volante que dispara un 25% el riesgo de accidente con el calor: la ciencia detrás de lo que le pasa a tu cuerpo al conducir
La temperatura que alcanza el interior de un vehículo no depende únicamente del calor que hace en el exterior. También influyen factores como la exposición al sol, el color de la carrocería, el tipo de tapicería, la ventilación del habitáculo, el número de ocupantes o incluso la ropa que llevan. A ello se suma el calor que genera el propio motor, por lo que, incluso con temperaturas exteriores de entre 15 ºC y 20 ºC, el interior del coche puede superar fácilmente los 30 ºC.
En este contexto, es fundamental mantener una temperatura adecuada en el habitáculo para conducir con seguridad, ya que el exceso de calor dificulta la concentración y la capacidad para procesar la información del entorno. Como consecuencia, resulta más fácil pasar por alto señales de tráfico o reaccionar tarde ante un imprevisto. Asimismo, las altas temperaturas aumentan la agresividad y favorecen conductas más impulsivas.
Los peligros de conducir con calor
«El calor intenso favorece la aparición de fatiga, reduce la concentración y ralentiza el tiempo de reacción, lo que incrementa la probabilidad de cometer errores al volante. Diversos estudios estiman que, en estas condiciones, el riesgo de sufrir un accidente puede aumentar hasta un 20%. Además, el exceso de calor también repercute en la percepción visual. Con temperaturas cercanas a los 35 ºC, los conductores pueden dejar de percibir entre un 10 % y un 20 % de las señales de tráfico», alerta la DGT.
Seguir unas sencillas recomendaciones puede marcar la diferencia cuando toca ponerse al volante en los días de más calor. Éstas son algunas de las medidas más eficaces para viajar con mayor comodidad y reducir los riesgos asociados a las altas temperaturas:
- Nada más arrancar el coche, enciende el aire acondicionado a máxima potencia y con la temperatura más baja, manteniendo las ventanillas abiertas durante unos minutos. Después, ciérralas y pon el climatizador entre 20 ºC y 24 ºC.
- Dirigir las rejillas del climatizador hacia la parte superior del habitáculo ayuda a distribuir el aire frío de forma más uniforme, mejorando el confort de todos los ocupantes.
- Siempre que sea posible, planifica los desplazamientos a primera hora de la mañana o al atardecer, cuando las temperaturas son más suaves.
- Se recomienda hacer paradas al menos cada 200 kilómetros o cada dos horas para descansar, hidratarse y recuperar fuerzas. Bebe agua con regularidad, aunque no tengas sensación de sed, y opta por comidas ligeras para evitar digestiones pesadas.
- Vestir prendas cómodas, frescas y de colores claros ayuda a reducir la sensación de calor.
- Aparca siempre que puedas a la sombra. Si no es posible, utiliza un parasol en el parabrisas; éste sencillo accesorio puede reducir la temperatura del habitáculo hasta en 15 ºC.
Llevar gafas de sol homologadas disminuye el deslumbramiento y evita la fatiga ocular, especialmente en las horas centrales del día. Amalia Lorente, de la Facultad de Óptica y Optometría de la Universidad Complutense, recomienda utilizar filtros grises, marrones o verdes «que no alteran la percepción del color». Asimismo, recuerda que los marrones «incrementan el contraste» y los verdes, «además de incrementar el contraste, reducen los reflejos y la fatiga ocular».
Finalmente, merece la pena recordar la prohibición de conducir con gafas fotocromáticas o aquellas con filtro de categoría 4, ya que pueden comprometer gravemente la visibilidad en determinadas situaciones.
Las averías más frecuentes en verano
Las altas temperaturas someten a un mayor esfuerzo a numerosos componentes del vehículo, aumentando el riesgo de averías durante los desplazamientos. Por ello, antes de emprender un viaje es recomendable realizar una revisión completa del coche. Estas son cinco de las incidencias mecánicas más habituales cuando el calor aprieta:
- Batería descargada: uno de los problemas más frecuentes es que el vehículo no arranque por falta de carga en la batería, ya sea al salir de casa o durante una parada en el viaje. Es conveniente comprobar su estado y nivel de carga antes de desplazarse para evitar contratiempos.
- Aire acondicionado: el uso intensivo del sistema de climatización durante el verano puede provocar fugas en el circuito o acelerar el desgaste de algunos componentes.
- Neumáticos: el asfalto alcanza temperaturas muy elevadas en verano, lo que incrementa el desgaste de las ruedas. Los expertos recomiendan comprobar la profundidad del dibujo, la presión y el estado general de los neumáticos, ya que durante los viajes largos sufren un mayor desgaste que en otras épocas del año.
- Sistema de refrigeración: un fallo en la refrigeración del motor puede provocar daños muy graves e incluso afectar al bloque del motor. Es fundamental revisar el nivel del refrigerante, el funcionamiento del electroventilador y el estado del circuito, especialmente porque el aceite también trabaja a temperaturas más elevadas en verano.
- Alternador: esta pieza se encarga de recargar la batería mientras el vehículo está en marcha. En verano soporta una mayor carga de trabajo debido al uso continuo del aire acondicionado, los ventiladores y otros sistemas eléctricos.
