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- 1 ¿Cuál es el impacto del sueño en el cerebro y la capacidad cognitiva?
Dormir mal no solo provoca cansancio visible, sino que altera profundamente la forma en que el cerebro procesa la información, el poder tomar decisiones y responde ante los estímulos cotidianos. En una sociedad donde el descanso suele relegarse frente a las obligaciones laborales o el ocio digital, cada vez más personas experimentan una reducción de su capacidad cognitiva sin ser plenamente conscientes de ello. La psicología y la neurociencia coinciden en que el sueño es una función biológica esencial. Por lo que Nuria Roure, psicóloga y especialista en sueño, destaca que cuando dormir se ve interrumpido o reducido, el impacto no tarda en aparecer en la memoria, la atención y el rendimiento general.
En su cuenta de Instagram, Nuria Roure advierte que dormir mal incluso puede afectar al bolsillo. Según explica, cuando no descansamos adecuadamente, la corteza prefrontal (responsable de las decisiones racionales) pierde eficacia, mientras que las áreas cerebrales que están relacionadas con la recompensa inmediata se vuelven más activas. «Esto se traduce en comportamientos impulsivos, menor capacidad para evaluar riesgos y una tendencia a priorizar lo fácil sobre lo importante», menciona la profesional. A su vez, la experta advierte que dormir menos de seis horas aumenta la probabilidad de asumir riesgos económicos, gastar innecesariamente y rendir peor en el trabajo, lo que a largo plazo tiene consecuencias claras en la vida diaria.
¿Cuál es el impacto del sueño en el cerebro y la capacidad cognitiva?
Dormir es un proceso activo en el que el cerebro realiza funciones esenciales para su correcto funcionamiento. De hecho, Roure comenta que dormir pocas horas afecta directamente en la capacidad cognitiva de las personas.
Mientras que la doctora Anjana López Delgado, especialista en neurofisiología clínica y trastornos del sueño, explica que durante el descanso se activan mecanismos de recuperación mental imprescindibles.
«Cuando no dormimos las horas suficientes, estos procesos no se completan, lo que afecta directamente a la capacidad cognitiva tanto a corto como a largo plazo», advierte. En el día a día, esto se traduce en dificultades para mantener la atención, problemas de concentración y una menor capacidad de aprendizaje.
“El pensamiento se vuelve más lento y la retención de información disminuye, lo que repercute en el rendimiento académico y laboral”, explica López Delgado. Además, el cerebro pierde eficiencia a la hora de organizar la información, y todo ello dificulta poder tomar decisiones y la resolución de problemas.
¿Cómo se relaciona el sueño y la memoria?
Uno de los aspectos más estudiados es la conexión entre el sueño y la memoria. Durante las distintas fases del descanso, el cerebro consolida los recuerdos y organiza la información adquirida durante el día.
La memoria declarativa, relacionada con hechos y conocimientos, se fortalece en las fases de sueño no REM, mientras que la memoria procedimental, vinculada a habilidades y hábitos, se consolida durante la fase REM.
Según la doctora López Delgado, esta última fase también es clave para la creatividad. «Durante el sueño REM, el cerebro integra la información nueva con la ya existente, lo que permite generar ideas más flexibles y soluciones innovadoras», asegura.
Por lo tanto, cuando este proceso se ve interrumpido por la falta de sueño, la capacidad creativa disminuye y resulta más difícil adaptarse a situaciones nuevas, perjudicando el potencial creativo.
Las consecuencias en la capacidad cognitiva a corto plazo de dormir mal
La Fundación del Sueño destaca que la falta de descanso afecta de forma inmediata a múltiples funciones cognitivas. Uno de los efectos más evidentes es la somnolencia excesiva, que puede provocar episodios de microsueño, en los que la persona se queda dormida durante unos segundos sin darse cuenta.
Esto no solo reduce la productividad, sino que puede resultar peligroso en actividades como la conducción. Otro efecto importante es la disminución de la capacidad de atención. Dormir mal reduce la habilidad para concentrarse, procesar información y seguir instrucciones y de paso como vienen destacando las profesionales: la reducción de la capacidad cognitiva.
Rigidez mental y dificultad para adaptarse
La falta de sueño también afecta a la flexibilidad cognitiva, es decir, a la capacidad de adaptarse a nuevas situaciones. Las personas con privación de sueño tienden a mostrar un pensamiento más rígido y tienen dificultades para aprender de la experiencia.
«Esto se debe a una menor capacidad para procesar la retroalimentación y ajustar el comportamiento en función de los resultados», sostienen miembros de la Fundación del Sueño.
Además, esta rigidez mental complica la resolución de problemas, ya que limita la generación de alternativas. El cerebro, al no haber completado sus procesos de reorganización durante el sueño, tiene más dificultades para encontrar soluciones eficaces.
Dormir mal: alteraciones emocionales y dificultad de tomar decisiones
Dormir mal no solo afecta a la lógica, sino también a la gestión emocional. La falta de descanso dificulta la interpretación de la información emocional, lo que influye en la forma en que se analizan situaciones y se toman decisiones. Esto puede llevar a respuestas desproporcionadas o poco ajustadas al contexto, además de reducción la capacidad cognitiva.
La Fundación del Sueño señala que esta desregulación emocional puede deteriorar el juicio. «Las personas con falta de sueño son más propensas a tomar decisiones arriesgadas, centrarse en recompensas inmediatas y pasar por alto las consecuencias negativas», mencionan. Además, tienen más dificultades para aprender de sus errores, ya que el procesamiento de la memoria emocional también se ve afectado.
Posturas para dormir bien
Una de las posiciones más aconsejadas es dormir boca arriba. Esta postura permite que la cabeza, el cuello y la columna se mantengan alineados de forma natural, reduciendo la presión sobre las articulaciones. Para que funcione correctamente, es importante utilizar una almohada que no eleve en exceso la cabeza.
Otra variante interesante dentro de esta posición es dormir boca arriba con una almohada bajo las rodillas. Este pequeño ajuste ayuda a mantener la curvatura natural de la zona lumbar, reduciendo la tensión en la parte baja de la espalda.
Es una opción especialmente útil para personas que suelen sufrir molestias lumbares o que pasan muchas horas sentadas durante el día.






