Felipe Isidro, entrenador y catedrático de ejercicio físico: «Para tener una mejor calidad de vida, no vale solo con ir al gimnasio y ya está»

Quienes entrenan a diario suelen dar por hecho que esa hora de esfuerzo compensa todo lo demás, sin reparar en lo que hacen el resto de la jornada

Entrenador, ejercicio, gimnasio
Entrenador ajustando una barra de pesas en el gimnasio.

Entrenador ajustando una barra de pesas en el gimnasio.

Felipe Isidro, catedrático de Educación Física y entrenador especializado en salud, sostiene que ir al gimnasio no basta para mejorar la calidad de vida si el resto del día transcurre en completa inactividad. Según explica, «el ejercicio pautado sirve para tener una mejor calidad de vida», pero advierte de que entrenar una hora no compensa pasar las otras veintitrés horas sentado en el trabajo o frente a una pantalla.

El catedrático recuerda que la Organización Mundial de la Salud sitúa en el 31% el porcentaje de adultos y en el 80% el de adolescentes que no cumplen los niveles recomendados de actividad física. La propia OMS advierte de que las personas inactivas presentan un riesgo de mortalidad entre un 20% y un 30% superior al de quienes sí se mueven lo suficiente.

Por qué el ejercicio físico no puede limitarse al gimnasio

Isidro pone el foco en lo que ocurre fuera de las horas de entrenamiento. Permanecer inmóvil durante ocho o diez horas al día debilita la circulación sanguínea y afecta a la forma en la que el cuerpo procesa los azúcares y las grasas, incluso en personas que entrenan con regularidad.

El catedrático llama a este fenómeno el sedentario activo: quien hace deporte pero pasa el resto del día sentado no borra el daño metabólico y cardiovascular que genera esa inactividad prolongada.

El experto insiste en que caminar o deambular no equivale a hacer ejercicio pautado. «Caminar es deambular, recetarlo es como decirle al paciente que respire«, explica, para subrayar que ese movimiento cotidiano cumple una función distinta a la del entrenamiento programado, aunque ambas resulten necesarias.

Para Isidro, la salud depende de combinar el ejercicio de fuerza, que preserva la masa muscular y la autonomía física con el paso de los años, con un gasto calórico constante a lo largo de la jornada y un descanso adecuado que permita la regeneración celular.

Qué relación existe entre el ejercicio físico y la calidad de vida a largo plazo

El catedrático explica esta relación con un ejemplo que utiliza en sus charlas: «trabajo con personas con 90 años que tienen edades biológicas de 70«, lo que significa que un hombre de esa edad puede estar más saludable que un joven de 20 años sin actividad física regular. La diferencia, según Isidro, no depende solo de los años que marca el documento de identidad, sino de cómo cada persona ha tratado su cuerpo a lo largo de la vida.

El ejercicio activa el funcionamiento de todos los órganos y sistemas del cuerpo. Fortalece el corazón, mejora la circulación y reduce la presión arterial, además de ayudar a procesar mejor el azúcar y las grasas, lo que previene la diabetes y la obesidad. También reduce el estrés y la ansiedad al generar sustancias en el cerebro asociadas al bienestar, y protege los huesos y los músculos, un factor determinante para mantener la independencia física al envejecer.

La Organización Mundial de la Salud recomienda entre 150 y 300 minutos semanales de ejercicio moderado, o entre 75 y 150 minutos de ejercicio intenso, además de trabajar la fuerza muscular al menos dos días por semana. Isidro remarca que programar un entrenamiento exige conocer el contexto de cada persona, el tiempo del que dispone, el lugar donde puede entrenar y si arrastra alguna patología o falta de fuerza, porque no existe una rutina única que sirva para todos.

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