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De icono de belleza a empresaria en pausa: Isabel Preysler cumple 76 y redefine su legado tras My Cream

Isabel Preysler, ícono de estilo y glamour, cumple 75 años y lo hace tras cerrar una etapa empresarial

My Cream no ha alcanzado los resultados esperados y su gestión ha sido externalizada a terceros

Isabel mantiene su imagen como referente de belleza y estilo de vida

  • Marta Menéndez
  • Televisión, moda y corazón. Periodista de vocación y comunicadora de formación, me he movido entre estudios de radio, redacciones digitales y bastidores de redes sociales. He narrado la actualidad en la 'Cadena SER', seguido la pista a las nuevas tendencias en 'El Independiente' y escrito sobre lifestyle y empresas en la 'Revista Capital'. En 'Diez Minutos', combiné redacción y estrategia digital como Community Manager. Ahora escribo en LOOK, donde cubro actualidad televisiva, moda, celebrities y realeza.
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Isabel Preysler cumple 76 años, un hito que no solo marca la edad de una de las mujeres más reconocidas de España, sino que sirve como excusa para reflexionar sobre su legado como icono de estilo, elegancia y glamour, así como sobre su trayectoria empresarial, marcada tanto por aciertos como por desafíos. Desde sus primeras apariciones en sociedad hasta su papel como referente de belleza y figura mediática global, Isabel ha sabido consolidar una imagen que trasciende generaciones, convirtiéndose en sinónimo de refinamiento, sofisticación y constancia en el cuidado personal.

Sin embargo, no todo ha sido un camino de éxitos lineal. Uno de los proyectos más personales de Isabel, su línea de cosmética My Cream Isabel Preysler, fundada en 2014 junto a su hija Ana Boyer, no alcanzó los resultados económicos esperados, a pesar de contar con su autoridad como experta en belleza y su imagen impecable como garantía de calidad. La marca, concebida para mujeres maduras, incluía productos clave como crema de día, serum y contorno de ojos y labios, formulados con propiedades antiedad y precios ajustados entre 44 y 49 euros. Su filosofía combinaba la experiencia de Isabel en el cuidado de la piel con la sensibilidad emprendedora de Ana, buscando ofrecer fórmulas eficaces y adaptadas al estilo de vida moderno.

Isabel Preysler en la presentación de sus cremas. (Foto: Gtres)

Pese a la impecable presentación y la estrategia de marketing, los resultados fueron muy discretos: en 2021 la facturación apenas alcanzó los 690 euros, mientras que las pérdidas superaban los 100.000 euros. Ante esta situación, y con el objetivo de proteger la marca y su imagen personal, Isabel tomó la decisión de externalizar la gestión de My Cream en 2024, confiando la comercialización y promoción de sus productos a la empresaria zaragozana Consuelo Pablo Galindo. La web original de la marca, donde Isabel compartía consejos de belleza y mantenía un blog de estilo de vida, desapareció. Además, actualmente su perfil de Instagram redirige a su libro y otras iniciativas personales, dejando claro que la socialité ha decidido priorizar otras facetas de su actividad pública frente a la gestión directa del negocio.

Este movimiento refleja la capacidad de Isabel para adaptarse a los cambios y delegar estratégicamente. La socialité ha demostrado que su poder de influencia y su solvencia personal le permiten asumir riesgos sin comprometer su posición ni su imagen pública. Aun así, el caso de My Cream es un recordatorio de que incluso los proyectos más personales y con un respaldo mediático sólido no están exentos de desafíos empresariales. La transición hacia farmacias y tiendas multimarca, además de plataformas de terceros, indica un enfoque más sostenible y profesional para mantener la marca viva sin que dependa directamente de su implicación diaria.

Más allá de los negocios, Isabel Preysler sigue siendo un referente de estilo y bienestar. Su rutina diaria, que respeta su propio cronotipo, refleja la coherencia de su filosofía: empezar las mañanas con calma, proteger sus horas de desayuno y priorizar el autocuidado frente a la autoexigencia. Su bebida detox, basada en pomelo, kiwi, agua de Jamaica y semillas de lino, y su enfoque relajado frente a la productividad son ejemplos de cómo ha integrado hábitos saludables en su vida cotidiana, manteniendo una imagen impecable a lo largo de los años. Esta disciplina personal, combinada con su intuición para la moda y la belleza, ha hecho de Isabel un modelo replicado por múltiples generaciones.

Finalmente, su vida personal también ha marcado la percepción pública de Isabel como mujer resiliente y cercana. Tras su ruptura en diciembre de 2022 con el escritor y premio Nobel Mario Vargas Llosa, la socialité ha mantenido un perfil discreto, centrando su actividad pública en redes sociales, donde comparte momentos de su día a día, estilismo y apariciones mediáticas, consolidándose también como influencer con más de 107.000 seguidores. Su cumpleaños número 75 no solo es un momento para celebrar, sino también para reflexionar sobre cómo Isabel ha sabido combinar la vida pública, el autocuidado, la familia y los negocios, mostrando que incluso frente a desafíos empresariales, su legado como ícono de estilo y elegancia permanece intacto.

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