La coartada de la salud se derrumba: dónde estaba el Rey Juan Carlos el día que murió Irene de Grecia
La ausencia del Rey Juan Carlos en las despedidas de la princesa Irene de Grecia ha generado polémica
Pese a alegarse motivos de salud, el emérito se encontraba en Suiza el día de su fallecimiento
La princesa Irene de Grecia falleció el 15 de enero de 2026
La ausencia del Rey Juan Carlos en las despedidas de la princesa Irene de Grecia no solo llamó la atención por lo que representaba en el plano familiar, sino también por las explicaciones que se ofrecieron para justificarla y las informaciones que posteriormente salieron a la luz. Lo que en un primer momento se presentó como una decisión motivada por razones médicas ha terminado convirtiéndose en un nuevo foco de controversia que vuelve a situar al Rey emérito en el centro del debate público.
La princesa Irene de Grecia falleció el 15 de enero de 2026, dejando profundamente afectada a la Reina Sofía, con quien mantenía una relación de absoluta cercanía. Irene no solo fue su hermana menor, sino también su amiga más fiel, su apoyo constante y su confidente durante décadas marcadas por tensiones personales y silencios institucionales. Consciente de la gravedad de su estado, la Reina Sofía había cancelado toda su agenda oficial para acompañarla en sus últimos días.
Tras su muerte, se organizaron varios actos de despedida. El primero tuvo lugar en Madrid, donde se celebró un responso en su memoria al que acudieron los Reyes Felipe VI y Letizia, las infantas Elena y Cristina, los nietos y numerosos miembros de las familias Borbón y Grecia. Días después, la familia se trasladó a Atenas, donde se celebró el funeral en la Catedral Metropolitana y el posterior entierro en el cementerio de Tatoi, un enclave histórico para la realeza griega. En ambos actos, el gran ausente fue el rey Juan Carlos.
Desde el entorno del emérito se difundió entonces una versión oficial: los médicos le habrían desaconsejado realizar viajes largos y breves desde Abu Dabi, lugar donde reside habitualmente, al considerar que ese tipo de desplazamientos podían afectar negativamente a su estado de salud. Esa explicación fue recogida por diversos medios y sirvió para justificar que no viajara ni a España ni a Grecia para despedir a su cuñada. Sin embargo, esa versión ha comenzado a perder solidez después de saberse que el mismo 15 de enero, día del fallecimiento de Irene de Grecia, Juan Carlos I no se encontraba en Abu Dabi, sino en Suiza. Según revelaron distintas informaciones, el Rey emérito viajó a Ginebra para asistir a la celebración del 74 cumpleaños de Fuad II, el último rey de Egipto, en una reunión privada que congregó a un reducido y selecto grupo de amigos y personalidades.
El encuentro tuvo lugar en Le Bar des Bergues, un exclusivo establecimiento ubicado en el hotel Four Seasons de Ginebra, un lugar que Juan Carlos I frecuenta desde hace años. Las imágenes difundidas muestran al emérito con un aspecto informal y relajado, vestido de sport y conversando distendidamente con otros invitados, entre ellos Sheikh Khalid Al Badr Mohammed Ahmed Al-Sabah, presidente de las Federaciones Asiáticas de Juegos Acuáticos en Kuwait. Lejos de proyectar una imagen de fragilidad, la escena refuerza la percepción de que su estado de salud le permitía viajar y mantener una vida social activa.
La revelación de su presencia en Suiza ha abierto la puerta a múltiples interpretaciones sobre las verdaderas razones de su ausencia en los actos fúnebres. Una de las teorías más extendidas apunta a motivos institucionales y de imagen. En la Casa Real se extreman los cuidados en torno a la figura de la princesa Leonor, heredera al trono, y se intenta evitar cualquier fotografía que la vincule públicamente con su abuelo, cuya trayectoria reciente está marcada por escándalos que la institución busca dejar atrás. En un acto de carácter familiar pero de enorme proyección mediática, la posibilidad de una imagen incómoda habría sido difícil de esquivar.
Otra lectura sitúa el foco en el plano personal. La Reina Sofía afrontó la pérdida de su hermana más cercana en un momento de profundo dolor, arropada por sus hijos y nietos. Para muchos observadores, su duelo se desarrolló en soledad emocional, sin la presencia de un marido con el que mantiene una relación distante desde hace décadas, marcada por deslealtades y desencuentros. En ese contexto, no pocos interpretan que la presencia del rey Juan Carlos no era prioritaria ni deseada en un momento tan íntimo. A todo ello se suma el malestar que habría generado en el entorno de Zarzuela la reciente publicación del libro Reconciliación, de Laurence Debray, que ha devuelto al Rey emérito al centro del foco mediático. Esta nueva exposición pública no habría sido bien recibida, reforzando la decisión de mantenerlo alejado de actos oficiales y familiares de alto perfil.
Aunque Juan Carlos I envió una corona de flores al responso celebrado en Madrid, un gesto que algunos interpretaron como una muestra de respeto y otros como un simple formalismo protocolario, su ausencia física fue imposible de ignorar. Mientras tanto, la Reina Sofía, visiblemente afectada, despidió a su hermana, su amiga y su mayor apoyo, consciente de que con su muerte se cierra una etapa fundamental de su vida.