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LAS CIFRAS CLAVE, AL DETALLE

Cinco años de silencio contable tras el mayor desplome del negocio de Jaime de Marichalar

Jaime de Marichalar sigue siendo un rostro destacado en la moda internacional

Sin embargo, su empresa Boabreimab SL permanece envuelta en misterio

Reactivada en 2022 tras un parón, no presenta cuentas desde 2020, cuando sufrió un desplome de ingresos y rentabilidad

  • Marta Menéndez
  • Televisión, moda y corazón. Periodista de vocación y comunicadora de formación, me he movido entre estudios de radio, redacciones digitales y bastidores de redes sociales. He narrado la actualidad en la 'Cadena SER', seguido la pista a las nuevas tendencias en 'El Independiente' y escrito sobre lifestyle y empresas en la 'Revista Capital'. En 'Diez Minutos', combiné redacción y estrategia digital como Community Manager. Ahora escribo en LOOK, donde cubro actualidad televisiva, moda, celebrities y realeza.
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Jaime de Marichalar ha vuelto a acaparar miradas esta semana en París, durante la Semana de la Moda de Alta Costura, donde asistió al desfile de Schiaparelli luciendo un estiloso conjunto que confirmó su estrecha relación con el mundo del lujo y la moda. A sus 62 años, el aristócrata español mantiene una presencia habitual en eventos de la industria y en consejos de firmas de prestigio como LVMH y Loewe, mientras que, en paralelo, dirige Boabreimab SL, su empresa textil. Sin embargo, esta sociedad sigue envuelta en el misterio, ya que, pese a haberse reactivado en 2022 tras un parón, no ha presentado cuentas oficiales desde 2020, generando dudas sobre su actividad real y su situación financiera.

LOOK ha tenido acceso a los datos oficiales de Boabreimab SL, consultando registros mercantiles y bases de datos financieras, lo que permite reconstruir el estado de la sociedad. La empresa se constituyó el 12 de mayo de 2005, tiene domicilio fiscal en la calle Génova 10, Madrid, y su actividad principal es el comercio al por menor de prendas de vestir en establecimientos especializados, aunque también figura registrada para compraventa, importación y exportación de calzado, tejidos, complementos y cosmética. Su código CNAE 4771 confirma su vinculación con el sector de moda al detalle, aunque no hay constancia de operaciones de importación o exportación recientes.

Jaime de Marichalar en París. (Foto: Gtres)

El último balance disponible, correspondiente al ejercicio 2020, revela un panorama complicado. Las ventas de Boabreimab SL se desplomaron entre un 70 y un 73% respecto al año anterior, con ingresos estimados entre 300.000 y 600.000 euros. El resultado operativo (EBIT) cayó un 1.493 %, situando la rentabilidad en terreno negativo, aunque la estructura financiera permaneció conservadora y con bajo endeudamiento, lo que apunta a una gestión basada en autofinanciación. Desde entonces, no se han depositado nuevas cuentas en el Registro Mercantil, incumpliendo así la obligación legal de presentar balances, un requisito que protege a proveedores, administraciones y terceros interesados y cuya falta prolongada puede derivar en sanciones o incluso en la disolución de la sociedad.

Boabreimab SL sigue activa oficialmente, con Jaime de Marichalar como único administrador. Sin embargo, su operativa continúa siendo opaca: no se conocen tiendas físicas abiertas al público ni una presencia digital significativa, lo que genera la percepción de una empresa «fantasma», activa sobre el papel pero con actividad comercial limitada. La plantilla se ha mantenido estable, ligeramente por encima de la media del sector, mientras que la facturación promedio de empresas similares en Madrid alcanzaba en 2020 los 589.000 euros, con un total provincial de 3.817 millones de euros, según datos recopilados por LOOK. Esto sitúa a Boabreimab SL en un rango modesto dentro del mercado, aunque la ausencia de cifras posteriores impide saber si la sociedad ha logrado recuperar o aumentar su actividad tras 2022.

Jaime de Marichalar en Grecia. (Foto: Gtres)

A pesar de esta opacidad financiera, Jaime de Marichalar mantiene un perfil destacado en la industria de la moda. Su asistencia a eventos internacionales, como la Semana de la Moda de París, confirma su influencia y red de contactos, y su implicación con firmas de lujo refuerza su imagen como empresario del sector. En estos actos, su hija Victoria Federica ha heredado parte de su pasión por la moda, compartiendo en ocasiones la alfombra roja con él, aunque ayer Jaime asistió en solitario al desfile de Schiaparelli.

El contraste entre la visibilidad social de Marichalar y la invisibilidad contable de Boabreimab SL resalta un patrón de discreción que ha caracterizado toda su vida post-Casa Real. Mientras figuras como Iñaki Urdangarin optan por la exposición mediática y la publicación de memorias, Jaime mantiene un silencio estratégico sobre su patrimonio y sus negocios, protegiendo su privacidad y la de sus hijos. Esta estrategia coincide con la tradición de su empresa: activa sobre el papel, pero sin transparencia contable.

Boabreimab SL y el riesgo del silencio contable

Boabreimab SL combina formalidad legal con un hermetismo financiero casi absoluto, pero surge una pregunta inevitable: ¿qué puede pasar si la sociedad sigue sin presentar sus cuentas? LOOK ha podido confirmar que, aunque Jaime de Marichalar mantiene un perfil visible en el mundo del lujo y la moda, los números de su empresa permanecen en un limbo administrativo. Este silencio protege tanto su patrimonio como su vida personal, pero al mismo tiempo deja la incógnita sobre la verdadera magnitud de su actividad y sus riesgos financieros latentes.

El incumplimiento en la presentación de cuentas anuales no es solo un trámite administrativo: tiene consecuencias legales y operativas directas. En España, la Ley de Sociedades de Capital establece multas que pueden oscilar entre 1.200 y 60.000 euros por ejercicio no presentado, y el retraso acumulado puede derivar en sanciones más elevadas. Además, el Registro Mercantil puede suspender la inscripción de cualquier acto societario, como nombramientos de administradores, aumentos de capital o transmisiones de participaciones, dejando a la sociedad «congelada» hasta que regularice su situación.

Jaime de Marichalar en un desfile de Loewe. (Foto: Gtres)

Más allá de la sanción económica, la falta de transparencia genera un impacto reputacional que afecta la confianza de bancos, proveedores, clientes e inversores. Empresas sin cuentas depositadas suelen enfrentar dificultades para acceder a financiación, cerrar acuerdos comerciales o participar en concursos públicos. En escenarios extremos, la falta reiterada de depósito de balances puede incluso considerarse indicio de negligencia grave, lo que podría comprometer la protección limitada de responsabilidad de sus administradores, exponiéndolos a riesgos financieros personales.

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