crisis energética

La guerra amenaza con dejar a España sin diésel en invierno: sufre un déficit de 5 millones de toneladas

España consumió 30,66 millones de toneladas de gasóleos durante 2025, un 2,8% más que el año anterior.

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Jose de la Morena
  • Jose de la Morena
  • Jose de la Morena, periodista especializado en economía desde hace más de 15 años, desarrolla su labor en el campo de la comunicación desde el prisma de las tendencias, los números y resultados de las distintas compañías. Una tarea que le ha llevado a conocer a fondo el mundo empresarial. Ha trabajado también en comunicación corporativa y como asesor para distintas marcas internacionales e institucionales.

La guerra en Oriente Próximo y los ataques contra las refinerías rusas amenazan con convertir el diésel en uno de los grandes problemas energéticos de Europa durante el próximo invierno. España afronta esta crisis con una vulnerabilidad añadida: el país consume más de 5 millones de toneladas de gasóleo por encima de lo que produce y depende del mercado internacional para cubrir sus necesidades.

Los datos de la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (CORES) reflejan la magnitud de esa dependencia. España consumió 30,66 millones de toneladas de gasóleos durante 2025, un 2,8% más que el año anterior. Los gasóleos representan ya el 51% de todo el consumo español de productos petrolíferos.

Frente a esas 30,6 millones de toneladas consumidas, España produjo aproximadamente 25,3 millones e importó alrededor de 8 millones. La diferencia entre producción y consumo supera, por tanto, los 5 millones de toneladas.

Esto no significa que España necesite importar exactamente esa cantidad, ya que las refinerías españolas también exportan producto y existen diferentes categorías de gasóleo. Pero sí evidencia que el país necesita acudir al mercado internacional para equilibrar su abastecimiento.

Y el problema es que ese mercado está sufriendo una de las mayores tensiones energéticas de las últimas décadas.

La guerra seca el mercado de diésel

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) considera que el conflicto en Oriente Próximo ha provocado la mayor interrupción de suministro de la historia del mercado mundial de petróleo. Por el estrecho de Ormuz circulaban normalmente unos 15 millones de barriles diarios de crudo y otros 5 millones de productos petrolíferos, aproximadamente el 20% del consumo mundial de petróleo. Esos flujos se han reducido drásticamente por la guerra.

El golpe resulta especialmente grave para el diésel.

Las exportaciones netas de gasóleo y diésel de los países del Golfo se redujeron en agosto hasta unos 390.000 barriles diarios, apenas algo más de una cuarta parte de los niveles anteriores a la guerra. A ello se añade el impacto de los ataques ucranianos contra las refinerías rusas y las restricciones de Moscú a las exportaciones.

Entre Rusia y Oriente Próximo, las exportaciones netas de diésel y gasóleo fueron en agosto 1,6 millones de barriles diarios inferiores a las registradas antes del conflicto en Oriente Próximo. Ambas regiones representaban entonces cerca del 45% del comercio mundial de estos combustibles por vía marítima.

La propia AIE advierte de que el sistema mundial de refino está funcionando prácticamente al límite. Las alternativas para compensar el producto que ha desaparecido del mercado son cada vez menores y las reservas mundiales observadas de petróleo han caído en 507 millones de barriles desde el comienzo de la guerra.

El riesgo aumenta precisamente con la llegada del invierno. La AIE señala que la presión sobre el diésel puede intensificarse durante el cuarto trimestre por el aumento estacional de la demanda y por el reducido margen que tienen las refinerías para incrementar todavía más su producción.

El precio del diésel ya se ha disparado

La consecuencia inmediata ya se observa en los precios.

El diésel físico europeo llegó a cotizar el pasado 15 de septiembre en 1.642 dólares por tonelada, el precio más alto desde que Platts comenzó a elaborar este indicador en 2007. Antes del comienzo de la guerra en Oriente Próximo, cotizaba en 752 dólares. El precio se ha más que duplicado.

El Brent, por su parte, rondaba los 105 dólares por barril cuando la AIE publicó su informe de septiembre, un 45% por encima del nivel anterior a la guerra. Pero el encarecimiento del crudo se queda incluso pequeño frente al sufrido por algunos productos refinados.

Europa tiene además cada vez más dificultades para encontrar diésel. Las importaciones procedentes de Oriente Próximo se encaminan en septiembre hacia mínimos de seis años: unos 110.000 barriles diarios frente a 191.000 en agosto.

El impacto potencial para España va mucho más allá de llenar el depósito de un automóvil. El gasóleo sigue siendo imprescindible para el transporte de mercancías por carretera, la agricultura, la pesca, la construcción y una parte relevante de la actividad industrial. Una subida prolongada termina incorporándose al coste de transportar prácticamente cualquier producto y puede volver a alimentar las presiones inflacionistas.

España dispone de reservas estratégicas y comerciales para afrontar interrupciones del suministro. De hecho, la Comisión Europea sostiene que actualmente no existe un problema de abastecimiento de petróleo en la UE y que las existencias disponibles continúan siendo suficientes.

Pero Bruselas introduce una advertencia especialmente relevante de cara a los próximos meses: la evolución de la guerra y el aumento habitual de la demanda durante el otoño y el invierno pueden volver a estrechar el mercado.

Ese es precisamente el riesgo para España. El país llega al invierno necesitando millones de toneladas de diésel del exterior justo cuando dos de los grandes focos mundiales de suministro, Oriente Próximo y Rusia, están perdiendo producción y exportaciones por las guerras.

Las reservas pueden impedir que una crisis de mercado se transforme inmediatamente en un desabastecimiento físico. Pero no protegen a la economía española del encarecimiento de la energía. Si la guerra continúa y el mercado mundial sigue perdiendo diésel, España tendrá que competir por un combustible cada vez más escaso y más caro mientras produce 5 millones de toneladas menos de las que consume.

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