No habrá reencuentro: Florentino Pérez y Mourinho no se verán en el Bernabéu
Ambos guardan una gran relación, pero la sanción al portugués deja sin reencuentro en el Bernabéu
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Mourinho vuelve al Santiago Bernabéu como entrenador del Real Madrid. Bueno, de hecho ya ha vuelto. Lo ha hecho para dirigir el entrenamiento de su equipo. No pisaba las tripas de este estadio, totalmente renovado desde su última vez, desde el 1 de junio de 2013. Doce años y medio después ha vuelto, aunque no como a él le hubiese gustado, ya que la expulsión del partido de ida le dejará sin poder sentarse en el banquillo, esta vez el visitante, y sin ver a su amigo Florentino Pérez.
En el Real Madrid dan por hecho que no habrá reencuentro, algo que deseaba Mourinho que sucediese, ya que mantiene una excelente relación con el máximo mandatario blanco. El respeto y la admiración son mutuos, pero esta vez no se verán las caras. Ni el luso irá al palco ni el presidente a la zona acotada por la UEFA donde podría seguir el encuentro el entrenador si así lo estima oportuno. Tampoco se podrán ver en el vestuario, puesto que Mou no puede acceder a esa zona al estar sancionado.
Una presencia que está en el aire
La posible presencia de José Mourinho en el Santiago Bernabéu ha generado una incógnita que va más allá de lo deportivo: ¿cómo recibirá el estadio al técnico portugués? Su regreso, más de una década después de su salida, está marcado por la sanción que le impedirá sentarse en el banquillo, pero no por ello deja de ser uno de los focos principales de la noche.
En el club se contemplan distintos escenarios respecto a su protagonismo durante el partido. El primero depende directamente del propio Mourinho. El técnico tiene la potestad de comunicar -como muy tarde alrededor de las 19.00 horas del día de partido- si desea que su nombre sea anunciado por la megafonía del estadio al ofrecerse la alineación del Benfica.
En caso de no hacerlo, lo habitual sería que se mencione únicamente a su segundo entrenador. De hecho, ya existe un precedente reciente: en el último Barcelona-Real Madrid, con Hansi Flick sancionado, el club blanco tuvo que anunciar al entrenador asistente del conjunto azulgrana, ya que el técnico alemán no compareció ni en la previa ni en el postpartido.
La segunda vía pasa por una decisión institucional. El Benfica podría solicitar a la UEFA que ordene a los operadores de la señal interna del estadio -la que alimenta los videomarcadores- que no enfoquen a Mourinho en ningún momento, en el supuesto de que finalmente acuda al Bernabéu. Desde Portugal, parte de la prensa apunta incluso a la posibilidad de que el entrenador permanezca en el hotel y no se desplace al estadio.
Si se aplicara esta medida, se evitaría cualquier imagen del técnico en las pantallas del recinto y, por tanto, se reduciría al mínimo la opción de que el público reaccione, ya sea con silbidos o con ovaciones. El recibimiento a Mourinho podría quedar así en un segundo plano, condicionado por decisiones protocolarias y estratégicas adoptadas en las horas previas al encuentro.
El otro partido de Mou
Porque más allá del ruido ambiental, el portugués también juega su propio partido. Mourinho conoce como pocos los equilibrios de poder que rodean al Real Madrid y es consciente de que su figura sigue generando sentimientos encontrados. No quiere adoptar un perfil combativo contra el club blanco ni alimentar una confrontación innecesaria. En algún rincón permanece la idea de que, algún día, el presidente pueda volver a llamar a su puerta.
Al mismo tiempo, tampoco puede permitirse aparecer como un desleal ante el Benfica, el club al que representa ahora. Ese es su verdadero desafío: mantener el equilibrio, quedar bien con ambos lados sin comprometer su posición actual ni cerrar puertas futuras.
En ese contexto, la estrategia más inteligente parece evidente: pasar desapercibido. Evitar el foco, esquivar la imagen en los videomarcadores y dejar que el protagonismo recaiga exclusivamente en el césped. Porque, en esta ocasión, el silencio puede ser su mejor aliado.