Ramón tenía razón

Camavinga sale a bailar

El Real Madrid ha decidido mover a Eduardo Camavinga en el mercado de fichajes con el objetivo de evaluar las propuestas que puedan llegar por él. El centrocampista francés, que hasta hace no mucho tiempo era considerado un pilar intocable de cara al futuro de la entidad, ha pasado a formar parte de la lista de futbolistas prescindibles para el nuevo proyecto liderado por el entrenador portugués José Mourinho.

Hace apenas dos años, una situación como la actual resultaba completamente inimaginable tanto para los aficionados como para los propios dirigentes del Real Madrid. En la semana previa a la final de la Champions League de 2024 contra el Borussia Dortmund, la titularidad de Camavinga —motivada en parte por la lesión de Aurélien Tchouaméni— no generaba el más mínimo debate ni era percibida en absoluto como una debilidad dentro del once inicial. Consagrarse como titular en una cita de esa magnitud evidenciaba la altísima consideración que existía hacia sus condiciones futbolísticas. Sin embargo, el fútbol carece de memoria y el escenario ha dado un vuelco radical.

Los dos últimos años del equipo no han sido buenos y esta dinámica colectiva gris ha terminado por arrastrar y penalizar notablemente el rendimiento individual del jugador. Camavinga ha sufrido una evidente involución en su juego, encadenando partidos muy por debajo de su nivel real y acusando una preocupante falta de continuidad provocada por diversas lesiones. Además, el jugador quedó fuertemente señalado en citas de máxima trascendencia europea. Un claro ejemplo de ello ocurrió en el Allianz Arena, donde abrió una puerta defensiva que debía permanecer cerrada, asumiendo una notable cuota de responsabilidad a pesar de que la acción viniera precedida de un grave error del colegiado del encuentro.

A sus 23 años, el mercado sitúa al internacional francés en una encrucijada donde confluyen tres posturas muy marcadas. Por un lado, se encuentra el Real Madrid, dispuesto a certificar su traspaso siempre y cuando se reciba lo que la directiva considere un precio adecuado. Aunque en las últimas horas ha trascendido el interés del Manchester City por estudiar la viabilidad de la operación —un destino lógico dadas las excelentes relaciones institucionales y la actual reestructuración de su medular—, el ofrecimiento del club bien podría extenderse de igual manera hacia otras entidades de la Premier League como el Arsenal o el Liverpool.

La gran incógnita radica en determinar la tasación real de Camavinga en el contexto inflacionista del fútbol actual, donde se acometen traspasos superiores a los 100 millones de euros por futbolistas que no han alcanzado el mismo palmarés europeo. Si bien una parte de la masa social vería con buenos ojos una venta tasada en torno a los 50 millones de euros, una cifra de ese calibre resultaría a todas luces insuficiente y malbarataría el potencial de un jugador que, en un ecosistema táctico diferente, atesora las condiciones idóneas para volver a despuntar.

El gran obstáculo para una salida radica en que si el Madrid exige 100 millones de euros, precio coherente con lo que están suponiendo traspasos como el de Tonalli, Mateu Fernandes o Elliot Anderson, difícilmente encontrará un comprador, mientras que rebajar la pretensión a los 50 millones provocaría una cola de aspirantes conscientes de estar optando a una oportunidad de mercado muy atractiva.

El tercer vértice de este asunto corresponde de manera exclusiva a la postura del propio futbolista. La postura firme del centrocampista es la de no abandonar la disciplina madridista bajo ningún concepto. Camavinga no contempla emprender una salida en este mercado estival y su hoja de ruta pasa únicamente por revertir la situación deportiva actual, convencer a José Mourinho de su valía y ganarse de nuevo un puesto de relevancia en el equipo a base de trabajo. Al amparo del escrupuloso respeto que merece el cumplimiento de los contratos firmados por los profesionales, el francés mantiene vivas unas esperanzas totalmente legítimas de reconducir su trayectoria de blanco. Las próximas semanas determinarán si el deseo de permanencia del jugador termina pesando más que los movimientos de la zona noble del Bernabéu.

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