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Tenis: Masters 1.000 Shanghái 2026

Davidovich, el ajedrez y la transformación con Pepo Clavet: «Me da paz, antes vivía de manera muy agobiante»

Es el primer tenista español en ganar el Masters 1.000 de Shanghái y se sitúa 13º del ranking mundial

Ensalza la paz y la nueva visión del tenis que le ha proporcionado su entrenador Pepo Clavet

También desvela el significado de los cifrados mensajes que firmaba a la cámara tras cada victoria con guiño al ajedrez

Antes de que Davidovich (Málaga, 1999) finalice su videollamada con un grupo reducido de medios de comunicación, entre ellos OKDIARIO, se escucha su próxima acción. «¿Dónde está el champán?». Ha declarado el estado de felicidad tras abrochar una remontada épica (6-1, 6-7, 4-6) ante Jódar en la final de Shanghái y convertirse en el primer tenista español capaz de conquistar China. Este 2026 es su año. Primero festejó en Mallorca, después Chengdú -ambos ATP 250- y ahora Shanghái. Qué bien suena eso de ganar un mil.

Davidovich está feliz y se siente renovado. Ha soltado en 2026 el lastre que ha ido acumulando a lo largo de toda su carrera y lo ha conseguido con una fe inquebrantable y desde la madurez tenística tan necesaria y esquiva para él. Ahora no se deja ir por los fantasmas, los espanta con paciencia y determinación. Aguantó las embestidas de Jódar y fue llevando el partido a su terreno. Defensa siciliana, apertura española… Como si fuera una partida de ajedrez. De hecho, lo era.

Davidovich ha trasladado a la raqueta lo puesto en práctica con el peón. Entre Chengdú y Shanghái ha estado un mes en China. Muchos partidos, mucho tiempo solo y mucho ajedrez. Junto a Pepo Clavet, su entrenador desde hace medio año, se ha batido en una espiral de partidas de ajedrez entre partido y partido. De ahí la terminología en su firma a cámara tras cada victoria. «Defensa siciliana». «Apertura española». Incluso otros relacionados con la paciencia propia del ajedrez. «Esperando» «Estoy, eh».

«Todo el mundo ha pensado que por la era Davis. Me hace mucha gracia porque cuando hablan sin saber, es lo que pasa. Todo lo que firmaba son movimientos de ajedrez. Lo de esperando es porque en el ajedrez tienes que tener mucha paciencia y tienes que esperar a ver qué hace el otro. Y con Pepo también, que juega muy defensivo, pues me aburría verlo jugar. No ha sido por la Davis. Yo estoy para ser el quinto jugador y aportar mi granito de arena en todo lo que sea. Somos un equipazo para ganar la Davis», cuenta a un grupo reducido de medios de comunicación, entre ellos OKDIARIO.

Davidovich juega igual que vive. Lo segundo incide en lo primero. De ahí la importancia de la paz y tranquilidad que le transmite Pepo Clavet, el entrenador que llegó a su banquillo por casualidad hace unos meses. Cabe recordar que en el pasado Roland Garros su técnico de entonces, Mariano Puerta, dio la espantada de improvisto. Le comunicó por WhatsApp que rompía la relación y, sin aguardar reacción alguna, se sacó un billete de París a Buenos Aires.

Davidovich llamó a Clavet y desde ese momento la simbiosis no ha dejado de fructificar. «Pepo me aporta tranquilidad, felicidad y vivir de una manera más tranquila. Al final, creo que yo vivía de una manera muy intensa y muy agobiante. Él me da mucha paz internamente y creo que eso lo expreso en pista. Él confía en mí y eso me da mucha tranquilidad y mucha paz. Eso es lo que me hace seguir empujando hasta el último momento», explica.

Culmina el malagueño una carrera en la que ha tenido que lidiar con las curvas propias del tenis. Se destapó rápido al conquistar Wimbledon júnior en 2017 y ha tenido que surfear la ola de la exigencia temprana. También la suya propia para entender la profesión y entenderse a sí mismo. «Quiero disfrutar de este momento. Ahora no tengo ningún sueño. Mi sueño es llegar a casa y disfrutar de mi familia y de mi mujer, a la que llevo sin ver un mes. No quiero pensar en tenis. Quiero olvidarme un poco», añadió el español antes de finalizar la videollamada e hidratarse. Champán para todos.