La reflexión de Lao Tsé, filósofo chino, sobre la sabiduría: “El hombre que sabe, no habla; el hombre que habla, no sabe”
El filósofo invita a la prudencia y a la observación, no a callar siempre, en vez de hablar sin cesar
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La sabiduría de Lao Tsé quedó sintetizada en un proverbio que, después de muchos siglos, todavía da que pensar: «El hombre que sabe, no habla; el hombre que habla, no sabe». El dicho se encuentra dentro del Tao Te Ching, texto fundamental de la filosofía china antigua, adjudicado al pensador y leído desde hace más de 2.000 años.
El pensador asiático quiso transmitir con esta frase histórica que la verdadera sabiduría es tan profunda que no puede limitarse a las palabras. El sabio prefería observar con humildad e intervenir cuando la situación lo requería. En la antigua China, esta reflexión se leyó como una crítica a los consejeros que hablaban sin cesar para ganar poder sin entender cómo funcionaba el mundo; hoy en día, esta idea se plasma en las redes sociales y medios audiovisuales, donde quienes más ignoran un tema suelen ser los más charlatanes, mientras que los expertos mantienen la prudencia y el silencio.
Una pieza de tradición hagiográfica
Si se saca una lectura en su sentido más estricto, podría asemejarse a una defensa del silencio completo o una recriminación a quienes piensan como él. No obstante, el razonamiento se asocia con el Tao, principio que ordena la existencia y que, según dicha tradición, no puede definirse en su totalidad con palabras, tal como lo dicta el libro al apuntar que el Tao que puede nombrarse no es el Tao eterno.
La máxima se encuentra al comienzo del capítulo 56 y defiende que entender algo esencial no es igual que poder explicarlo en su totalidad. Bajo este prisma, la sabiduría no reside en mostrar conocimientos, sino en reconocer sus límites, ya que la prudencia al hablar evidencia reflexión, mientras que la charla incesante para impresionar escasea de un conocimiento profundo.
El contexto histórico y la relación con la psicología
La vida de Lao Tsé está repleta de incógnitas y de datos escasos o inexactos que mezclan historia con leyenda, situándole generalmente en el siglo VI a. C. como bibliotecario de la corte Zhou, según Sima Qian, que escribió la primera biografía en torno al año 100 a. C. La tradición afirma que el filósofo redactó la obra a pedido de un guardián previo a cruzar la frontera subido a un búfalo, dando el arranque a un texto cuyos hallazgos arqueólogos en Mawangdui y Guodian han verificado su vasta antigüedad.
Del mismo modo, la psicología moderna proporciona herramientas que se relacionan con estos conceptos a través del efecto Dunning-Kruger sobre la sobrevaloración de capacidades y las investigaciones sobre humildad intelectual que lidera Mark Leary. En definitiva, frente a las opiniones rápidas, y en ocasiones infundadas, del hoy, el taoísmo sugiere hablar con mesura y actuar con naturalidad.