Psicología

La psicología explica que las personas que no soportan el desorden no son maniáticas, en realidad su cerebro necesita eliminar el ruido que ocupa su atención

Personas no soportan el desorden
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

El desorden no afecta a todas las personas de la misma manera. Mientras algunas conviven con cierto caos sin que les suponga un inconveniente, otras experimentan una sensación de malestar que puede llegar a desencadenar episodios de ansiedad. La razón no se encuentra únicamente en los hábitos adquiridos, sino también en factores psicológicos como la necesidad de control, la sensibilidad a los estímulos o el perfeccionismo.

Desde el punto de vista de la psicología, esta necesidad de mantener todo bajo control está estrechamente relacionada con la manera en que el cerebro gestiona el estrés y la incertidumbre. Según investigaciones de la Universidad de Princeton, el desorden visual compite por nuestra atención y dificulta la capacidad del cerebro para procesar información, lo que puede acabar provocando agotamiento mental. La psicóloga clínica Marcela Oria señala que «mantener el entorno organizado les proporciona una sensación de control cuando sienten que su mundo interior o exterior está fuera de equilibrio».

La razón por la que algunas personas no soportan el desorden

Investigadores de la Universidad de Princeton comprobaron que el desorden visual puede competir directamente por nuestra atención. El cerebro procesa continuamente los estímulos que nos rodean y, cuando hay objetos fuera de su sitio, parte de nuestros recursos cognitivos se destinan a gestionar ese exceso de información visual, incluso sin que nos demos cuenta.

Una investigación de la Universidad de Princeton, publicada en la revista Journal of Neuroscience, encontró que, cuando aparecen simultáneamente en el campo visual varios estímulos, compiten entre sí por la representación neuronal y reducen mutuamente su actividad en la corteza visual. Este hallazgo, realizado por las investigadoras Stephanie McMains y Sabine Kastner, aporta una explicación biológica a una sensación que muchas personas experimentan: los espacios saturados de objetos hacen que el cerebro tenga que esforzarse más para concentrarse que en una habitación ordenada.

Por su parte, el psicólogo canadiense Jordan Peterson, durante una conversación con «Big Think», planteó: «Si no puedes ordenar tu propia habitación, ¿quién eres para darle consejos al mundo? Creo que si quieres cambiar el mundo, empiezas por ti mismo y luego vas avanzando, porque así desarrollas tus habilidades. No sé cómo puedes salir a protestar contra la estructura de todo el sistema económico si no puedes mantener tu habitación ordenada».

Procrastinación

Cuando el desorden deja de ser algo ocasional y se convierte en una situación habitual, los expertos en comportamiento señalan que también puede estar relacionado con dificultades para organizarse, tomar decisiones y mantener ciertas rutinas.

El psicólogo Joseph Ferrari, profesor de Psicología en la Universidad DePaul, ha investigado la relación entre el desorden, la tendencia a posponer tareas y el deterioro de la calidad de vida. En una entrevista con New Wise, explicó cómo la saturación de los espacios puede estar relacionada con dificultades para gestionar distintas responsabilidades personales y profesionales.

«Para crear un entorno laboral que fomente el compromiso y la productividad, tanto empleados como empleadores deben reconocer los aspectos ambientales que contribuyen a que un trabajador ame su trabajo o corra el riesgo de sufrir agotamiento laboral. Creemos que el desorden podría ser uno de esos aspectos», afirmó.

Gestión del estrés

Diversos estudios señalan que la dificultad para mantener una habitación ordenada puede estar relacionada con problemas para gestionar el tiempo y el estrés. Entre los factores psicológicos que pueden influir se encuentran la tendencia a evitar responsabilidades y la procrastinación recurrente. Asimismo, este comportamiento es habitual entre quienes tienen dificultad para establecer rutinas diarias que permitan mantener el orden.

Otro factor relevante es la saturación mental. Cuando se acumulan el cansancio y las preocupaciones, encontrar la motivación necesaria para empezar a limpiar puede resultar cada vez más complicado, lo que favorece que el desorden persista. Así se crea un círculo en el que la falta de energía dificulta organizar el espacio y el entorno desordenado puede aumentar la sensación de agobio.

Sin embargo, los expertos advierten de que estas asociaciones no deben considerarse diagnósticos concluyentes. Tener una habitación desordenada no implica necesariamente que una persona sea irresponsable ni que padezca algún problema psicológico. También existen otros factores que pueden influir en estos hábitos, como las largas jornadas laborales o los periodos de estrés puntual.

Neurociencia

Desde el punto de vista científico, diversas investigaciones relacionan la percepción de un hogar desordenado con mayores niveles de cortisol, la hormona asociada al estrés. Un estudio publicado en Personality and Social Psychology Bulletin señalan que quienes describen su casa como «desorganizada» presentan niveles más elevados de esta hormona. Esto sugiere que el entorno no sólo influye en la concentración y la productividad, sino que también puede repercutir en el bienestar físico y emocional.

La neurociencia también señala que, cuando el entorno está ordenado, resulta más sencillo concentrarse y tener una mayor sensación de control. Sin embargo, llevar esta necesidad al extremo puede tener el efecto contrario: tratar de mantener cada rincón de la casa impecable en todo momento puede generar tensión, frustración y un perfeccionismo difícil de satisfacer.

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