La psicología dice que las personas que sonríen cuando ven sonreír a otra persona no lo hacen por amabilidad, sino que responden por imitación
Un estudio comprobó que los músculos respondían de forma distinta según las imágenes mostraran caras alegres o enfadadas
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La psicología concluye las personas que fingen no ver a un conocido en la calle no suelen ser maleducadas, sino que tienden a sufrir fatiga mental

Devolver una sonrisa suele verse como un gesto de amabilidad o cortesía. Pero los psicólogos tienen otra explicación, y es que el rostro puede reaccionar antes de que la mente elabore una respuesta. Ese fenómeno, conocido como mímica facial, forma parte de la comunicación no verbal y consiste en modificar la propia expresión como reacción a la de otra persona.
Una reacción que se mide en milisegundos
Al ver una cara sonriente, pueden activarse los músculos que intervienen al sonreír. No siempre se traduce en un gesto que se ve a simple vista, los científicos también analizan movimientos casi imperceptibles, que registran con equipos capaces de medir la actividad muscular del rostro.
Un estudio comprobó que los músculos respondían de forma distinta según las imágenes mostraran caras alegres o enfadadas, y que la diferencia aparecía tras unos cientos de milisegundos. Los resultados apuntan a que la expresión puede cambiar sin una decisión consciente de imitar.
No todo se copia
La atención, las motivaciones sociales y el vínculo entre las personas influyen en la respuesta. También es importante el contexto, una sonrisa percibida como cálida no recibe necesariamente la misma contestación que otra interpretada como burla.
Esta correspondencia puede aparecer al cruzarse con un conocido que se alegra de saludar, al escuchar una anécdota, al entrar en un restaurante y recibir una sonrisa de bienvenida o al recibir un agradecimiento.
Cortesía e imitación pueden ir juntas
Ambos mecanismos no se excluyen. Una persona puede sonreír por educación y, al mismo tiempo, reaccionar de forma espontánea al gesto ajeno. Por ello, más que buscar una única causa para cada sonrisa, resulta más sensato atender a la conversación, a la conexión entre los que están hablando y a lo que cada uno cuenta sobre su experiencia.
Lo que una sonrisa no demuestra
Interpretar expresiones forma parte de la vida social, pero una respuesta facial breve aporta poca información. Una sonrisa devuelta no prueba interés romántico, como tampoco una expresión parecida garantiza que ambos sientan lo mismo.
La ausencia de sonrisa no confirma antipatía ni mala educación, una única reacción no mide la empatía ni define la personalidad.
El rostro participa en la comunicación junto con las palabras, el tono de voz y las circunstancias. Reconocer la mímica facial ayuda a entender mejor cómo nos relacionamos, pero no convierte la observación en prueba de sinceridad.
Para saber si alguien se siente cómodo o quiere seguir hablando, escuchar sus palabras y respetar sus decisiones ofrece una base más sólida que fijarse solo en el movimiento de los labios.
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