Los profesionales de la limpieza lo avalan: «Para limpiar la cubertería de plata delicada, lo más seguro es una bayeta de fibra con jabón de pH neutro»
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La plata tiende a oscurecerse con el tiempo por el contacto con el aire y la humedad, y no todos los objetos de plata admiten el mismo tipo de limpieza. Las piezas delicadas, como la cubertería con relieves o grabados, requieren un cuidado distinto al de una joya lisa, ya que un método demasiado agresivo puede borrar esos relieves en lugar de limpiarlos.
Así lo explican desde La Corberana, empresa dedicada a la fabricación y venta de productos de limpieza para uso doméstico y profesional, que recomienda distinguir bien el método según el tipo de pieza, el material de los acabados y el grado de suciedad antes de ponerse manos a la obra.
Por qué la cubertería con relieve necesita un cuidado especial
Los cubiertos decorativos, las bandejas o ciertas joyas suelen tener un acabado oscuro o sombreado que resalta los volúmenes, y algunos métodos abrasivos, como el bicarbonato frotado directamente, pueden eliminar ese matiz junto con la suciedad.
Para este tipo de piezas, lo más seguro es utilizar un jabón de pH neutro y una bayeta suave de microfibra, idealmente de tipo PVA, que no raye ni desgaste los detalles. Basta con humedecer la pieza, aplicar el jabón con suavidad, enjuagar con agua templada y secar sin frotar en exceso.
Otros trucos caseros según el tipo de mancha
Para una limpieza más general, el detergente líquido suave, ya sea de ropa o de vajilla, también funciona: se prepara una solución de agua tibia con unas gotas de detergente, se sumergen las piezas entre 5 y 10 minutos, se frotan con un paño de microfibra o un cepillo de cerdas blandas y se aclaran y secan bien.
Cuando las manchas son más oscuras o persistentes, el bicarbonato combinado con papel de aluminio y agua caliente ayuda a eliminar el sulfuro que provoca el ennegrecimiento sin necesidad de frotar.
Una variante similar consiste en disolver una cucharada de sal en agua caliente, colocar papel de aluminio en el fondo del recipiente e introducir la pieza unos minutos: la reacción química entre ambos desprende la suciedad y el óxido sin dañar el metal.
El vinagre blanco con bicarbonato, dejado actuar unos quince minutos, resulta más eficaz para la suciedad intensa, aunque no conviene usarlo en piezas con piedras incrustadas o acabados delicados.
La pasta de dientes blanca, aplicada con un cepillo suave en movimientos circulares, es otro truco habitual para devolver el brillo, aunque tampoco se recomienda en piezas muy antiguas o frágiles.
Qué evitar y cómo conservar la plata
Conviene evitar por completo la lejía y el amoníaco, que pueden dañar el metal, así como las esponjas abrasivas o los cepillos de cerdas duras que rayan la superficie. Mezclar productos químicos sin conocer su compatibilidad también puede estropear la pieza en lugar de limpiarla.
Para conservarla en buen estado, lo ideal es guardar la plata en lugares secos, dentro de bolsitas de tela o cajas cerradas que reduzcan el contacto con el aire y la humedad, y limpiarla con regularidad para que la suciedad y la oxidación no lleguen a acumularse en exceso.
En piezas muy valiosas o con un deterioro más avanzado, los talleres especializados ofrecen además pulidores específicos que eliminan la oxidación sin dañar el metal, baños ultrasónicos que limpian en profundidad sin necesidad de frotar y tratamientos de restauración capaces de renovar el acabado original de la pieza.