José González, paisajista y experto en jardinería: «Si no quieres que tu jardín se encharque después de las lluvias, siempre debes añadir arena del río al terreno»

Las lluvias de otoño ponen a prueba cualquier jardín sano. Cuando el terreno no es capaz de absorber el agua caída, esta se acumula en la superficie durante horas o incluso días, y el resultado se nota enseguida: zonas embarradas, césped que se pudre y raíces sin oxígeno. Evitar que el jardín se encharque no depende tanto de la cantidad de agua como de cómo está preparado el suelo.
De hecho, muchos de estos problemas se originan en el momento de proyectar el espacio, cuando se decide qué tierra usar, cómo nivelar o por dónde saldrá el agua sobrante. Recientemente, un paisajista valenciano compartió en sus redes tres pautas para reducir los encharcamientos, y la primera tiene que ver con un material que muchos aficionados jamás imaginarían.
Usar arena de río y materia orgánica: el consejo de José González para que el jardín no se encharque
José González, al frente de la empresa de paisajismo valenciana Jardines con Vida, lo explica sin rodeos en un vídeo publicado en TikTok: «Siempre debes añadir arena de río y materia orgánica al terreno de plantación para hacerlo más poroso y permeable».
El especialista insiste en esa palabra, «siempre», hasta tres veces, para que nadie se olvide y subrayar que no se trata de una recomendación opcional.
Y es que aquí la lógica es más sencilla de lo que parece. Los suelos arcillosos, muy frecuentes en España, tienen partículas tan finas que apenas dejan huecos por los que el agua pueda filtrarse.
Por eso drenan mal y el agua termina asfixiando las raíces al dejarlas sin oxígeno. La arena de río, de grano más grueso, abre espacios en esa estructura compacta, mientras que la materia orgánica (compost o estiércol bien descompuesto) la vuelve más esponjosa.
Eso sí, la combinación es importante. La Real Sociedad de Horticultura británica (RHS) advierte de que, en suelos muy arcillosos, añadir solo arena puede endurecer aún más la tierra, y recomienda priorizar la materia orgánica en abundancia. Por eso el consejo de González une ambos elementos y no plantea la arena como un remedio aislado.
¿Por qué un jardín totalmente plano se encharca con más facilidad?
La segunda pauta del paisajista afecta a la forma del terreno. «Nunca debes nivelar tu jardín totalmente plano», advierte en el vídeo. En su lugar, recomienda dejar siempre una ligera pendiente para facilitar la escorrentía, es decir, que el agua de lluvia que el suelo no logra absorber circule por la superficie hacia las zonas exteriores del jardín en lugar de quedarse estancada.
Hay que admitir aquí que este último es un error habitual en las obras de jardinería, sobre todo cuando se instala césped, porque un terreno perfectamente nivelado parece más cuidado.
Sin embargo, cualquier pequeña depresión se convierte en un punto de acumulación tras una tormenta. La inclinación no tiene por qué apreciarse a simple vista: basta con que el agua tenga un recorrido definido hacia un sumidero, un parterre o el exterior de la parcela.
Antes de mover tierra, conviene saber cómo drena el suelo. Una prueba casera consiste en cavar un hoyo de unos 60 centímetros de ancho y de profundidad y llenarlo de agua. Si al cabo de varios días todavía queda líquido en el fondo, el drenaje es deficiente y las medidas anteriores pueden no ser suficientes por sí solas.
El tubo de drenaje, la solución si el jardín se encharca de todos modos
Para esos casos, González propone una tercera medida. «Si aun así tienes en el jardín zonas potencialmente inundables, te aconsejamos instalar un tubo de drenaje», explica. Se trata de una tubería perforada que se entierra bajo el terreno y que recoge el agua acumulada para sacarla al exterior del jardín, hacia una arqueta, un pozo o la red de evacuación.
Su instalación requiere abrir una zanja con una ligera inclinación hacia el punto de salida, colocar el tubo (normalmente envuelto en un geotextil que evita que la tierra lo obstruya) y cubrirlo con grava.
Por otro lado, para jardines pequeños existe una versión más simple: zanjas de más de medio metro de profundidad rellenas de piedras hasta unos 20 centímetros de la superficie.
Y recién cuando nada de lo anterior es viable, queda una alternativa: elevar el nivel de las zonas de cultivo con tierra de buena calidad, en forma de bancales o pequeñas lomas. En jardines de pocas decenas de metros cuadrados, la misma técnica puede aplicarse a toda la superficie y resolver de raíz el problema sin necesidad de obras de drenaje.
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