Psicología

Los expertos en psicología lo avalan: las personas que se tocan el pelo cuando hablan con otras no lo hacen por aburrimiento, es una forma de regular sus emociones

Imagen generada con IA.
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Aitana Pascual
  • Aitana Pascual
  • Aitana Pascual Cuesta (2001) es estudiante de Periodismo en la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid desde el 2023. Escogió esta profesión por su gran vocación con la comunicación y la escritura. Hoy en día, tiene mucho interés por la historia, deportes y actualidad. Su principal objetivo es seguir formándose y aprender a contar los sucesos de forma clara y rigurosa.

En una conversación, hay personas que se enrollan un mechón entre los dedos, se apartan el pelo de la cara o se acarician la cabeza sin apenas darse cuenta. A menudo, estos movimientos se interpretan como una señal de aburrimiento, inseguridad o coquetería. Sin embargo, la investigación sobre el comportamiento no verbal apunta a otra posibilidad, ya que algunos gestos con el propio cuerpo pueden estar relacionados con la regulación de las emociones y la atención. Eso sí, tocarse el pelo no permite conocer por sí solo lo que siente o piensa una persona.

Un gesto más habitual de lo que parece

Tocarse el pelo forma parte de los llamados comportamientos de autocontacto, que son movimientos espontáneos con los que una persona se acaricia, se frota o se toca alguna parte del cuerpo. Un estudio publicado en 2023 analizó conversaciones naturales entre grupos de amigos y observó que el pelo y la boca eran algunas de las zonas que las mujeres se tocaban con mayor frecuencia, mientras que los hombres tendían a tocarse más la nariz y las manos.

¿Puede ayudar a controlar los nervios?

La hipótesis de que estos movimientos contribuyen a regular las emociones cuenta con respaldo científico. Una investigación publicada en 2022, con 127 participantes, encontró una asociación entre la frecuencia de autocontacto durante conversaciones y la ansiedad experimentada en ese momento. Los autores observaron que la ansiedad situacional era el predictor más significativo al considerar conjuntamente las variables estudiadas. Sin embargo, el trabajo examinó el autocontacto en general, no exclusivamente el gesto de tocarse el pelo. El cerebro también procesa información.

Estos movimientos no tienen por qué estar vinculados únicamente al nerviosismo. Una investigación científica analizó investigaciones sobre el contacto espontáneo con la cara y encontró asociaciones con situaciones de mayor exigencia emocional, social y cognitiva. También se han estudiado sus posibles vínculos con la atención y la memoria de trabajo, aunque los investigadores subrayan que los mecanismos exactos todavía no se comprenden por completo.

No significa siempre inseguridad

Interpretar un gesto aislado como una prueba de inseguridad, aburrimiento o atracción puede llevar a conclusiones equivocadas. Alguien puede tocarse el pelo por costumbre, porque le molesta un mechón, por comodidad o porque está pensando mientras habla. Para comprender una conducta no verbal, hay que tener en cuenta el contexto, la situación y los hábitos de cada persona, en lugar de atribuirle un significado universal.

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