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Frases para la Historia

David Hume, filósofo: «La razón es, y solo debe ser, la esclava de las pasiones, y no puede pretender otro oficio que el de servirlas y obedecerlas»

  • Aitana Pascual
  • Aitana Pascual Cuesta (2001) es estudiante de Periodismo en la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid desde el 2023. Escogió esta profesión por su gran vocación con la comunicación y la escritura. Hoy en día, tiene mucho interés por la historia, deportes y actualidad. Su principal objetivo es seguir formándose y aprender a contar los sucesos de forma clara y rigurosa.

¿Tomamos nuestras decisiones con la cabeza o con el corazón? Esta pregunta lleva siglos ocupando a filósofos y pensadores, pero David Hume ofreció una respuesta que todavía invita a reflexionar. Con su célebre afirmación de que «la razón es la esclava de las pasiones», el filósofo cuestionó la idea de que la lógica gobierna por sí sola nuestra conducta y situó los sentimientos en el centro de la motivación humana.

Una frase que cuestionó la filosofía tradicional

David Hume (1711-1776) fue uno de los principales representantes de la Ilustración escocesa y una figura fundamental del empirismo. En su obra Tratado de la naturaleza humana, publicada en tres libros entre 1739 y 1740, examinó cómo pensamos, sentimos y actuamos. En el segundo libro, dedicado a las pasiones, desarrolló una de sus ideas más conocidas, que es que la razón, por sí sola, no genera el impulso necesario para actuar.

La frase completa sostiene que «la razón es, y solo debe ser, la esclava de las pasiones, y no puede pretender otro oficio que el de servirlas y obedecerlas». No significa que David Hume recomendara comportarse de manera impulsiva o dejarse llevar por cualquier emoción. Su argumento es más complejo, ya que los sentimientos y los deseos nos proporcionan los motivos para perseguir objetivos, mientras que la razón permite valorar cómo alcanzarlos.

Por qué los sentimientos influyen en nuestras decisiones

Imaginemos a una persona que desea cambiar de trabajo para mejorar su calidad de vida. La insatisfacción, la ilusión por un nuevo proyecto o el deseo de estabilidad pueden impulsarla a dar el paso. La razón, por su parte, le ayuda a comparar ofertas, analizar las condiciones y calcular los riesgos antes de decidir.

Este ejemplo permite entender la propuesta de Hume, que habla de que conocer los hechos no siempre basta para motivarnos a actuar. Necesitamos que algo nos importe. Sin embargo, el filósofo también reconocía que nuestras decisiones pueden apoyarse en creencias equivocadas o en una interpretación incorrecta de las consecuencias, algo que el razonamiento puede ayudar a corregir.

Una reflexión que sigue vigente

La teoría de Hume tuvo una gran influencia en la filosofía moral y en los debates posteriores sobre la relación entre pensamiento, emoción y conducta. Su planteamiento cuestiona la imagen de las personas como seres que deciden exclusivamente mediante cálculos racionales y recuerda que nuestras motivaciones también nacen de lo que valoramos, tememos o deseamos.

Su reflexión sigue siendo relevante porque invita a observar de dónde proceden nuestras decisiones. Más que elegir entre razón y sentimientos, la idea consiste en comprender qué nos mueve y utilizar el pensamiento crítico para actuar con mayor conocimiento de las consecuencias.