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Empleo polar

Se buscan voluntarios para vivir gratis en la Antártida para 2027-2028: los australianos tienen prioridad pero hay plazas para candidatos de otros países

  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

¿Quién se imagina la posibilidad de contar en una cena familiar la anécdota de haber vivido gratis en la Antártida? Pues no es tan alocado: el Gobierno de Australia busca personal para sus bases científicas en el continente helado de cara a la temporada 2027-2028, con una oferta que incluye el alojamiento, la manutención y los desplazamientos, además de un suculento salario.

A modo de aclaración, no se trata de un voluntariado al uso ni de una aventura para turistas. Las plazas son empleos reales, con horarios, obligaciones y requisitos técnicos muy concretos, y el proceso para conseguirlas se alarga durante meses. Tampoco está abierto a todo el mundo por igual: la normativa australiana establece un orden de preferencia que conviene conocer antes.

¿Quién puede optar a vivir gratis en la Antártida durante 2027 y 2028?

Para empezar, la convocatoria la gestiona la División Antártica Australiana (AAD), dependiente del Ministerio de Cambio Climático, Energía, Medio Ambiente y Agua.

En esta línea, el plazo para presentar candidaturas estará abierto del 1 de octubre al 1 de noviembre de 2026, aunque algunos puestos no saldrán a concurso este año porque se cubrirán con aspirantes que ya superaron la selección en convocatorias anteriores.

Como los expedicionarios pasan a ser empleados públicos, la ley australiana de la función pública exige, en principio, la ciudadanía del país.

Sin embargo, el propio organismo aclara en sus bases que los extranjeros pueden ser tenidos en cuenta cuando no haya candidatos australianos adecuados. En ese caso, la preferencia pasa a los residentes en Australia con permiso de trabajo y, después, a los ciudadanos de Nueva Zelanda.

Para el resto de nacionalidades (incluida la española), la puerta queda entreabierta, pero con matices.

Por ejemplo, varios puestos de telecomunicaciones e informática requieren una acreditación de seguridad reservada a ciudadanos australianos, y otros piden títulos o licencias del país, como el carné de conducir australiano que se exige a los cocineros. No hay, en cambio, límite de edad para presentarse.

¿Qué trabajos se ofrecen en las bases australianas y cuánto se cobra?

Por el momento, Australia mantiene tres estaciones de investigación en la Antártida (Casey, Davis y Mawson) y una cuarta en la isla subantártica de Macquarie. Cada una funciona como un pequeño pueblo, así que la oferta de empleo va mucho más allá de los perfiles científicos. Entre los puestos que se pueden solicitar figuran estos:

Y en lo que respecta al salario, este varía según el puesto. En el caso de un cocinero, por ejemplo, el sueldo base en Australia parte de 89.076 dólares australianos al año, pero en la Antártida los complementos elevan la cifra hasta 162.012 dólares (unos 90.000 euros al cambio).

Chef posando fuera de la estación en la nieve con su cuchillo. Foto: Ministerio de Cambio Climático, Energía, Medio Ambiente y Agua de Australia.

A ello se suma una aportación al plan de pensiones de hasta el 15,4%. A cambio, se piden al menos cinco años de experiencia tras el aprendizaje.

Por otro lado, los contratos duran entre cuatro y quince meses. Los expedicionarios de verano empiezan en septiembre u octubre y regresan a Australia en marzo o abril, mientras que los de invierno pasan una temporada completa en el hielo, de alrededor de un año.

Antes de partir, todos reciben en Hobart (Tasmania) una formación obligatoria de entre dos y doce semanas en supervivencia, seguridad y convivencia.

¿Y cómo es el día a día de quienes viven gratis en la Antártida?

La parte de vivir sin gastos es literal. El organismo paga los vuelos hasta Hobart, el alojamiento previo a la partida y el traslado hasta la base.

Una vez allí, cada expedicionario dispone de habitación propia y baño compartido, además de un equipo completo de ropa polar y artículos básicos de aseo. La comida la prepara un cocinero profesional, con opciones para dietas vegetarianas, veganas o sin gluten.

A su vez, el tiempo libre también está previsto. Las estaciones cuentan con biblioteca, sala de cine, gimnasio, spa y sauna, mesas de billar e incluso instrumentos para formar un grupo de música. ¿Tentador, no?

Eso sí, lo que escasea es la conexión: el internet por satélite es limitado, servicios como Netflix o Spotify tienen el ancho de banda restringido y aplicaciones como TikTok o Google Drive están bloqueadas por seguridad.

Pero no todo es color de rosa y la contrapartida es exigente. La semana laboral va de lunes a viernes, más cuatro horas el sábado por la mañana, y todos deben colaborar en tareas comunes como la cocina, la basura o la limpieza.

Y en el exterior se puede trabajar a temperaturas de hasta 45 grados bajo cero, y durante el invierno no hay forma de volver a casa: las bases solo son accesibles entre octubre y marzo.

Nueve meses de pruebas para conseguir una plaza en estas bases de la Antártida

El proceso de selección puede prolongarse hasta nueve meses. Incluye una solicitud por escrito, una entrevista técnica y un centro de evaluación presencial de 24 horas en Australia, donde se analiza si el candidato tiene las cualidades personales necesarias para convivir en aislamiento.

Después llegan los exámenes médicos y psicológicos, previstos entre diciembre de 2026 y octubre de 2027, y la comprobación de antecedentes penales.

Por último, quienes residan fuera de Australia deben costearse los viajes para acudir a esas pruebas, y si el reconocimiento médico se hace en el extranjero, tendrán que adelantar hasta 2.000 dólares australianos, que se reembolsan después.

En este sentido, el filtro sanitario es riguroso porque cada base cuenta con un solo médico y cualquier evacuación puede retrasarse y alargarse. No hay que dejar pasar de largo que en la estación de Davis, el termómetro ha llegado a marcar 41,8 grados bajo cero.