Muere Kyle Kennedy a los 42 años y reaviva la tragedia de la familia Kennedy: su prima Tatiana murió hace diez meses
La familia Kennedy vuelve a sufrir una trágica pérdida con la muerte de Kyle Kennedy
Kyle Kennedy, sobrina nieta de John F. Kennedy, ha fallecido a los 42 años
Por el momento, se desconocen las causas de su fallecimiento

La familia Kennedy vuelve a vestirse de luto. Kyle Kennedy, hija de Michael Kennedy y nieta de Robert F. Kennedy, ha fallecido a los 42 años, sumando una nueva pérdida prematura a la historia de uno de los clanes más conocidos de Estados Unidos. La noticia se ha conocido ahora a través del obituario publicado por sus familiares, aunque su muerte se produjo el pasado 21 de septiembre en su domicilio de Westwood, Massachusetts. Por el momento, no han trascendido las causas de su fallecimiento, que ha vuelto a poner el foco en las tragedias que han marcado durante décadas a esta familia. Kyle era sobrina nieta del ex presidente estadounidense John F. Kennedy y formaba parte de la numerosa descendencia de Robert y Ethel Kennedy, que tuvieron once hijos y llegaron a convertirse en abuelos en 34 ocasiones.
La vida de Kyle estuvo marcada por las pérdidas desde muy joven, pero también por su compromiso con la educación infantil y la defensa de los derechos de las personas con discapacidad. Nacida el 6 de julio de 1984 en Washington D. C., tenía apenas 13 años cuando su padre, Michael Kennedy, falleció en diciembre de 1997 en un accidente mientras practicaba esquí en Aspen, Colorado. Abogado, empresario y activista, Michael era uno de los hijos de Robert F. Kennedy, hermano del ex presidente John F. Kennedy, asesinado en 1963. La muerte de su padre supuso un golpe muy duro para Kyle, que años después tuvo que afrontar otras experiencias dolorosas, tanto en el ámbito personal como en el de su salud.
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A pesar de las dificultades, Kyle construyó su propio camino profesional. Estudió Historia en la Universidad de Georgetown, en Washington, un centro académico por el que también pasaron figuras destacadas de la política y de distintas casas reales europeas. Durante su etapa universitaria realizó un intercambio en Florencia, una experiencia que despertó su interés por el Renacimiento y la gastronomía italiana. Posteriormente, amplió su formación en Educación Infantil en la Universidad Pace y completó estudios de posgrado en Harvard. Su trayectoria estuvo especialmente vinculada a la enseñanza y al acompañamiento de niños en situación de vulnerabilidad, una labor a la que dedicó buena parte de su vida y que adquirió un significado todavía más profundo después de sufrir una grave lesión medular.
En 2020, Kyle sufrió una lesión en la médula espinal que le provocó parálisis y otras complicaciones, cambiando radicalmente su día a día. Sin embargo, lejos de abandonar su compromiso social, convirtió su propia experiencia en un impulso para defender a quienes se enfrentan a barreras y situaciones de discriminación. Durante los últimos años se implicó especialmente en la lucha por los derechos de las personas con discapacidad y llegó a testificar ante la Cámara de Representantes de Massachusetts durante una audiencia sobre la discriminación en la atención sanitaria a estos pacientes. Su intervención puso el foco en las dificultades que afrontan y en la necesidad de garantizar una atención médica adecuada. En el obituario, sus familiares han querido destacar tanto su trayectoria profesional como el optimismo y la energía con los que afrontó las dificultades que aparecieron en su vida.

Apasionada de los viajes, los animales y el arte, Kyle encontró en su entorno más cercano uno de sus principales apoyos. En agosto de 2012 se casó con Liam Kerr en Boston y juntos formaron una familia. La pareja tuvo gemelos, Conor y Josie, pero la niña falleció pocos días después de nacer, una pérdida especialmente dolorosa para ambos. Dos años más tarde llegó Declan, su segundo hijo, con quien completaron la familia. En la actualidad, Conor tiene 12 años y Declan, 10. La muerte de su hija fue uno de los golpes más duros que tuvo que afrontar Kyle, que ya había perdido a su padre durante la adolescencia y que, años después, tuvo que aprender a convivir con las consecuencias de su lesión medular. En los momentos más complicados, su familia se convirtió en un pilar fundamental: mantenía una relación muy estrecha con su madre, Victoria Gifford, sus hermanos Michael y Rory, sus hijos y el resto de sus seres queridos, que ahora afrontan su fallecimiento en la intimidad.
Su prima Tatiana murió hace diez meses
La muerte de Kyle llega, además, cuando todavía permanece muy presente el recuerdo de otra tragedia reciente dentro de la familia. El pasado 30 de diciembre de 2025 falleció Tatiana Schlossberg, nieta de John F. Kennedy e hija de Caroline Kennedy, a los 35 años. Ambas eran primas y sus muertes, con menos de un año de diferencia, han vuelto a poner el foco en la sucesión de pérdidas que ha sufrido el clan estadounidense a lo largo de varias generaciones. Tatiana, periodista y escritora especializada en cuestiones medioambientales, hizo público poco antes de morir que padecía un cáncer terminal. La enfermedad le había sido diagnosticada en mayo de 2024, poco después del nacimiento de su segundo hijo, cuando una anomalía detectada en unos análisis médicos dio paso a un diagnóstico de leucemia mieloide aguda. Pese a someterse a distintos tratamientos, la nieta del expresidente falleció dejando dos hijos pequeños.
Su muerte conmocionó a la familia y a quienes habían seguido su trayectoria pública. Ahora, el fallecimiento de Kyle vuelve a golpear a los Kennedy y recuerda el peso de las tragedias que han acompañado a varias generaciones de sus miembros. Desde los asesinatos de John F. Kennedy y Robert F. Kennedy hasta los accidentes y las enfermedades que han acabado con la vida de otros integrantes del clan, la historia familiar ha estado marcada por episodios dolorosos que han alimentado durante décadas la idea de una supuesta maldición.