Los famosos ‘vetados’ por Ferrari y Bugatti: de Justin Bieber por modificaciones extremas a Tom Cruise por abrir mal una puerta
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Ferrari y Bugatti representan dos de los nombres más altos del lujo automovilístico, pero también dos formas muy distintas de entender la relación con sus propietarios. Mientras la firma de Maranello ha construido una reputación casi legendaria por controlar con mano firme quién puede acceder a sus modelos más exclusivos, imponer condiciones de uso y, en algunos casos, restringir futuras compras a clientes problemáticos, Bugatti opera desde una filosofía más discreta y menos intervencionista. Aun así, en torno a ambas marcas circulan historias, rumores y episodios muy comentados sobre celebridades que habrían sido vetadas o apartadas de su círculo más exclusivo. Algunas son reales, otras están exageradas y otras directamente forman parte del imaginario de internet.
Ferrari: un club exclusivo con normas muy estrictas
Ferrari no es simplemente un fabricante de automóviles de lujo: funciona, en parte, como una comunidad cerrada donde la marca selecciona cuidadosamente a sus compradores más fieles. Aunque no existe una lista negra oficial pública, sí se sabe por múltiples reportes periodísticos y testimonios de coleccionistas que la firma puede restringir el acceso a futuros modelos a clientes que incumplen ciertas normas no escritas.
Entre las razones más habituales para ser vetado o perder prioridad en la compra de un Ferrari están la reventa especulativa (flip de coches), las modificaciones no autorizadas, el uso inapropiado del vehículo, especialmente en redes sociales, o comportamientos que dañen la imagen de la marca. Ferrari quiere controlar su narrativa tanto como sus coches.
Justin Bieber y el Ferrari ‘irreconocible’
Uno de los casos más citados es el de Justin Bieber, aunque conviene matizar: Ferrari nunca confirmó públicamente un veto formal contra él.
El origen del conflicto se remonta a su Ferrari 458 Italia, que fue modificado de forma muy agresiva. El coche fue repintado en un color azul eléctrico, se le hicieron cambios estéticos no autorizados y, según varios medios especializados, la marca considera este tipo de personalización una violación de sus condiciones de propiedad.
Además, el vehículo fue visto en situaciones controvertidas y su exposición constante en redes sociales contribuyó a que el caso se hiciera viral. A partir de ahí, se popularizó la idea de que Ferrari habría bloqueado al cantante para futuras adquisiciones, algo que la marca nunca ha confirmado oficialmente, pero que encaja con su política de control de imagen.
Deadmau5 y el famoso ‘Purrari’
El caso más emblemático de enfrentamiento entre un propietario y Ferrari es el del productor, compositor y DJ Joel Thomas Zimmerman, conocido por todos como Deadmau5.
El artista compró un Ferrari 458 Italia y lo transformó completamente: lo decoró con un wrap inspirado en el meme de Nyan Cat, lo bautizó como Purrari y modificó emblemas y detalles estéticos. Ferrari envió una carta de cese y desistimiento exigiendo que retirara todas las referencias a la marca y devolviera el coche a su estado original.
El conflicto no llegó a tribunales, pero el resultado fue claro: el artista retiró los cambios y posteriormente vendió el vehículo. Este caso se convirtió en un ejemplo clásico de cómo Ferrari protege de forma férrea su identidad visual, incluso cuando el propietario es una celebridad global.
Chris Harris y la relación tensa con la marca
Otro nombre que aparece recurrentemente en este tipo de historias es el del periodista del motor, piloto de carreras y presentador del programa de televisión Top Gear, Chris Harris.
Harris, conocido por su estilo crítico y sus análisis sin filtros en el mundo del motor, tuvo una relación complicada con Ferrari durante años. Según múltiples publicaciones del sector, la marca llegó a limitar su acceso a vehículos de pruebas y eventos oficiales tras algunas reseñas consideradas demasiado duras.
En este caso, más que un veto a clientes, se trata de una restricción de acceso mediático. Ferrari es especialmente sensible a la forma en que sus coches son evaluados públicamente, y cualquier crítica que consideren injusta o dañina puede traducirse en un enfriamiento de la relación con periodistas o creadores de contenido.