Viajes
Turismo interior

La desconocida construcción medieval del siglo XVI que servía para almacenar nieve en una de las regiones menos lluviosas de España

  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

A simple vista parece una construcción medieval: muros de piedra, cúpulas de mampostería y vanos que se abren hacia un vacío profundo. Sin embargo, su historia comienza a finales del siglo XVI y su función no tenía nada de defensiva ni religiosa. Estas estructuras nacieron para resolver un problema muy específico en una tierra castigada por el calor y la escasez de lluvias.

Durante casi cuatro siglos, cuadrillas de trabajadores subieron cada invierno a la montaña para llenarlas, y cada verano otros tantos bajaban su contenido hacia las ciudades. El oficio desapareció a comienzos del siglo XX, y con él buena parte del recuerdo de estos edificios, que llegaron muy deteriorados hasta hace solo unos años, cuando por fin comenzó su recuperación.

Pozos de la Nieve de Sierra Espuña, la construcción medieval que guardaba hielo

Toca abordar aquí los Pozos de la Nieve de Sierra Espuña, en la Región de Murcia. Estos forman un conjunto de 28 neveras repartidas en dos núcleos separados por menos de un kilómetro, a unos 1.400 metros de altitud y dentro del término municipal de Totana. Su objetivo era almacenar la nieve caída en invierno y convertirla en hielo para venderlo durante los meses de calor.

Según la información del Parque Regional de Sierra Espuña, los primeros pozos se levantaron a finales del siglo XVI y casi todos se construyeron en un plazo de unos 120 años. En 1688 ya había 18 en funcionamiento, la mayoría de propiedad municipal.

Para levantarlos se usaron piedra, arena, madera, yeso y cal, materiales que se encontraban en el propio entorno.

Uno de los pozos de La Nieve en Sierra Espuña. Foto: Oficina de Turismo de Espuña.

Y notoriamente, su emplazamiento no fue casual. En una región donde la lluvia escasea, las cumbres de Espuña eran de los pocos lugares capaces de acumular nieve con cierta regularidad. Los pozos se situaron en la umbría, la ladera orientada al norte, y aprovecharon la pendiente para drenar el agua del deshielo.

Además, la cúpula funcionaba como una cámara de aire que mantenía estable la temperatura interior.

¿Cómo se convertía la nieve en hielo?

La campaña arrancaba a principios del otoño, cuando los trabajadores subían a limpiar los pozos y reunir leña. Con las primeras nevadas llegaban cuadrillas de Alhama, Totana, Aledo, Pliego y Mula, que recogían la nieve, la echaban dentro y la apisonaban con mazos. En cada pozo trabajaban hasta nueve personas, que se turnaban en las distintas tareas.

Entre tanto, la nieve compactada, de casi siete metros de profundidad, se transformaba poco a poco en bloques de hielo.

Recién a partir de mayo comenzaba la extracción. Los bloques bajaban a lomos de mulas por antiguas sendas de arrieros, casi siempre al anochecer y de madrugada para evitar el calor del día. Aun así, las pérdidas durante el trayecto podían alcanzar el 50% del peso.

Para sumar a todo esto un dato interesante, el hielo llegaba a pueblos, ciudades y hospitales del antiguo Reino de Murcia y tenía usos muy variados:

Se convirtió en un bien tan necesario que la Hacienda real lo gravaba con impuestos. La ciudad de Murcia era la principal compradora: solo en 1794 adquirió 450.000 kilos. El negocio se mantuvo hasta 1926, cuando abrió en Totana una fábrica de hielo. La llegada del frío industrial dejó sin sentido el trabajo en la sierra, y los pozos quedaron abandonados.

Una construcción medieval en apariencia que hoy se puede visitar

Tras décadas de deterioro, el conjunto ha sido declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de lugar de interés etnográfico. Entre 2020 y 2022, el estudio Ecoproyecta, de los arquitectos Pablo Carbonell y Juan Miguel Galera, restauró los pozos 11 y 13 con técnicas tradicionales de mampostería de piedra, ladrillo y mortero de cal.

Hasta entonces, ningún pozo de Sierra Espuña había recuperado su estructura original. El número 11, el más grande del conjunto, conserva hoy una cúpula semiesférica y cuenta con un mirador y una escalera para bajar a su interior.

Mientras tanto, el 13, de forma cónica, se recorre mediante una pasarela de madera tendida sobre el vacío, un material elegido para distinguir lo nuevo de lo original.

Para concluir, quienes se animen a visitar este rincón de Murcia se toparán con un recorrido bastante sencillo. Se puede llegar en coche hasta la parte alta de la sierra por la carretera RM-515 y aparcar muy cerca de los pozos, desde donde parte un breve paseo apto para casi cualquier visitante.