En 1981, durante el ejercicio naval Ocean Venture de la OTAN, un submarino diésel canadiense de la clase Oberon logró acercarse al USS Dwight D. Eisenhower y simular un ataque con torpedos. La maniobra fue contabilizada como un «hundimiento», aunque nunca hubo un combate real ni peligro físico para el buque.
La conclusión fue incómoda y sigue siendo útil hoy. Incluso un portaaviones enorme, rodeado de escoltas, aviones y sensores, puede tener problemas si un submarino paciente aprovecha el ruido del mar, las sombras acústicas y una tripulación bien entrenada.
El ejercicio Ocean Venture
El USS Dwight D. Eisenhower salió de Norfolk el 20 de agosto de 1981 para participar en Magic Sword, Ocean Venture y Ocean Safari, unas maniobras descritas como los mayores ejercicios marítimos conjuntos de la OTAN en 25 años. Durante una de las fases, el portaaviones se enfrentó a fuerzas canadienses y de la Guardia Costera.
Ahí entró en escena un submarino convencional canadiense. Según el análisis publicado por National Security Journal, pudo atravesar la pantalla defensiva del grupo de combate y simular un lanzamiento de torpedos contra el portaaviones, que fue declarado «hundido» por los árbitros del ejercicio.
Por qué no lo vieron
¿Cómo puede acercarse un submarino a un buque tan protegido? La respuesta corta es sencilla. Bajo el agua, ver no significa mirar con los ojos, sino escuchar con sonar, y el océano no es precisamente una habitación silenciosa.
Los submarinos diésel-eléctricos pueden moverse con baterías cuando están sumergidos. Eso reduce mucho el ruido mecánico, sobre todo si la tripulación navega despacio y evita maniobras bruscas. Un portaaviones, en cambio, viaja con escoltas, helicópteros, aviones y mucho movimiento alrededor.
El papel de los Oberon
Los submarinos canadienses de la clase «O» eran versiones de los Oberon británicos, convencionales y no nucleares. La Royal Canadian Navy recuerda que en 1979 se aprobó para ellos un programa de modernización con nuevo control de tiro, sonar, comunicaciones, equipos ópticos y baterías, lo que mejoró su capacidad operativa.
Esto importa porque no eran simples reliquias flotantes. Eran máquinas relativamente antiguas, sí, pero con tripulaciones entrenadas para hacer una cosa muy concreta y hacerla bien. En el mar, a veces la paciencia pesa más que el brillo tecnológico.
La amenaza AIP
Desde 1981, la tecnología submarina ha cambiado mucho. La propulsión independiente del aire, conocida como AIP, permite a submarinos no nucleares permanecer sumergidos durante semanas, sin tener que subir con tanta frecuencia para usar el snorkel y recargar baterías.
En la práctica, eso significa más tiempo escondidos. No convierte a un submarino en invisible, porque sigue dependiendo del diseño, la tripulación y las condiciones del mar, pero sí reduce una de sus grandes debilidades. Sale menos a respirar. Y eso complica la caza.
La respuesta antisubmarina
Las marinas no se han quedado quietas. La guerra antisubmarina, que es el conjunto de técnicas para detectar y neutralizar submarinos, combina sonar, aviones de patrulla, helicópteros, buques escolta y ahora también vehículos no tripulados.
La Armada alemana, por ejemplo, recibió en febrero de 2026 el vehículo submarino autónomo BlueWhale, desarrollado por TKMS e Israel Aerospace Industries. Según TKMS, está pensado para defensa antisubmarina no tripulada, misiones encubiertas y detección de objetivos bajo la superficie mediante información acústica.
Una lección que sigue viva
El caso del Eisenhower no demuestra que cualquier submarino pueda hundir cualquier portaaviones. Demuestra algo más fino y más interesante. En un ejercicio realista, un rival pequeño, silencioso y bien manejado puede abrir una grieta en una defensa que parecía cerrada.
La propia Marina alemana señala en sus objetivos para 2035 que el dominio submarino gana importancia y que hacen falta sensores modernos, análisis con inteligencia artificial y vehículos no tripulados para la guerra bajo el agua. El mensaje va en la misma dirección que aquella maniobra de 1981. Lo que no se oye, también puede ser peligroso.
Portaaviones bajo presión
Los portaaviones siguen siendo piezas centrales del poder naval de Estados Unidos. Llevan aviones, coordinan operaciones y proyectan fuerza lejos de casa, pero también concentran mucho valor en un solo objetivo. Por eso cada fallo, cada incendio y cada simulacro perdido genera titulares.
El debate volvió a asomar en 2026 por otro motivo, cuando el USS Gerald R. Ford sufrió un incendio no relacionado con combate en su lavandería principal. La U.S. Naval Forces Central Command informó de que no hubo daños en la planta propulsora y que el portaaviones seguía plenamente operativo, un matiz importante para no convertir un incidente interno en una derrota militar.
Al final, la historia del submarino canadiense no va de humillar a un portaaviones. Va de recordar que el mar es un campo de juego raro, lleno de ruido, profundidad y paciencia. Y en ese entorno, el tamaño no siempre manda.
El análisis principal de este episodio se ha publicado en National Security Journal.












