El objetivo glucémico en diabetes tipo 2
"Inversión en prevención, educación diabetológica y tecnologías que facilitan un mejor manejo de la enfermedad"
La diabetes tipo 2 es una condición progresiva y compleja que requiere continuos ajustes al tratamiento. Es una condición crónica en la que el cuerpo no utiliza correctamente la insulina, lo que provoca que el azúcar se acumule en la sangre. Actualmente, casi 600 millones de personas en todo el mundo viven con diabetes y, solo en España, afecta a más de cinco millones de personas—una cifra que continúa en aumento y representa uno de los principales retos de salud pública.
Aunque la insulina basal (insulina de larga duración que mantiene estables los niveles de glucosa en sangre entre las comidas y por la noche) es una herramienta terapéutica efectiva, persisten múltiples barreras que dificultan la posibilidad de alcanzar los objetivos glucémicos (glucosa en sangre). Estas incluyen la inercia terapéutica, es decir, el retraso en adaptar los tratamientos; baja adherencia terapéutica; el miedo a una hipoglucemia (glucosa baja); la complejidad de algunas guías de tratamiento; y la falta de información diaria sobre cómo evolucionan los niveles de glucosa. Todo esto contribuye a que una proporción significativa de personas con diabetes tipo 2 tratadas con insulina basal mantengan niveles de hemoglobina glucosilada (nivel promedio de glucosa en sangre en los últimos dos o tres meses) por encima de los objetivos recomendados.
Pero la gestión de la diabetes no depende únicamente de la medicación. Factores como la alimentación, el ejercicio físico, el peso corporal, las comorbilidades o el contexto socioeconómico también tienen una influencia decisiva.
Niveles descompensados de glucosa conducen a complicaciones y hospitalizaciones
Los pacientes se encuentran con serias complicaciones. Los datos disponibles muestran que el 43% del presupuesto asignado a la diabetes tipo 2 en España se consume en ingresos hospitalarios, directamente asociados a las complicaciones graves derivadas de niveles descompensados de glucosa en sangre.
Sin embargo, el coste va mucho más allá de estos ingresos. La diabetes genera un uso continuo de recursos sanitarios, incluyendo consultas de atención primaria y especializada, pruebas diagnósticas, tratamientos farmacológicos y cuidados para prevenir y tratar complicaciones cardiovasculares como infarto agudo de miocardio, accidentes cerebrovasculares, insuficiencia cardíaca o enfermedad arterial periférica; complicaciones renales como la enfermedad renal crónica; y complicaciones oftalmológicas y neurológicas como retinopatía diabética, pérdida de visión, neuropatía periférica, úlceras de pie diabético o amputaciones. Estas complicaciones son uno de los principales responsables de los costes sanitarios relacionados con la diabetes.
A esto se añaden los costes indirectos derivados de las bajas laborales o la pérdida de productividad. Así, la diabetes representa una de las condiciones crónicas con mayor impacto económico para el Sistema Nacional de Salud y para la sociedad.
Paradójicamente, gran parte de este coste está relacionado con complicaciones que pueden prevenirse o retrasarse a través de un manejo más personalizado de la condición.
Prevención, personalización e innovación tecnológica
Se puede avanzar hacia un modelo de atención más preventivo, personalizado y apoyado en la innovación tecnológica.
En primer lugar, es fundamental mejorar la educación diabetológica para que las personas comprendan mejor su condición y dispongan de herramientas para tomar decisiones informadas en su día a día. En segundo lugar, debemos favorecer estrategias que mejoren la constancia en el tratamiento y que permitan a los profesionales sanitarios ajustar la terapia de forma más temprana y precisa.
En este contexto, factores como el hábito saludable, la nutrición, la monitorización de glucosa y el seguimiento con su profesional sanitario representan una oportunidad relevante. Estas medidas permiten disponer de información sobre la evolución de la glucosa.
Las medidas anteriormente mencionadas pueden traducirse en beneficios adicionales difíciles de cuantificar, pero igualmente importantes, como la mejora de la calidad de vida de las personas con diabetes, una mayor productividad laboral y una reducción de la carga asistencial para profesionales y cuidadores.
La magnitud exacta del ahorro depende del tipo de intervención, del perfil de los pacientes y del horizonte temporal analizado. Sin embargo, existe un amplio consenso en que prevenir complicaciones es mucho más eficiente que tratarlas una vez aparecen. Si consideramos que aproximadamente el 43% del coste asociado a la diabetes tipo 2 está relacionado con hospitalizaciones, cualquier medida capaz de mejorar el control glucémico, reducir las hipoglucemias graves y disminuir el riesgo de complicaciones tiene potencial para generar ahorros.
Por tanto, más que un gasto, la inversión en prevención, educación diabetológica y tecnologías que facilitan un mejor manejo de la condición debe entenderse como una estrategia para mejorar los resultados en salud y optimizar la sostenibilidad futura del sistema sanitario.
José Luis Portero, director médico de Abbott España
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