director de Oncología Médica en Quirónsalud y del Programa One Oncology Madrid

Dr. Grande: «Una nueva terapia antes de la cirugía de cáncer de vejiga reduce un 49% el riesgo de recaída»

Más de tres cuartas partes de los pacientes seguían vivos a los dos años con el régimen de durvalumab perioperatorio y tres ciclos de enfortumab vedotina administrados antes de la cirugía

cáncer de vejiga
Dr. Enrique Grande.

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El cáncer de vejiga es el octavo tipo de cáncer más frecuente del mundo, con más de 635.000 nuevos casos diagnosticados cada año. Su subtipo más habitual es el carcinoma urotelial, que se origina en las células uroteliales del tracto urinario. Aproximadamente uno de cada cuatro pacientes presenta cáncer de vejiga músculo invasivo (CVMI), en el que el tumor infiltra la capa muscular de la pared vesical, sin metástasis a distancia.

Se estima que en 2026 alrededor de 106.500 pacientes recibirán tratamiento por CVMI en el mundo. En 2025, la aprobación de durvalumab (AstraZeneca) perioperatorio a partir de los resultados del ensayo de fase III NIAGARA contribuyó a incorporar una nueva opción terapéutica para pacientes candidatos a quimioterapia neoadyuvante basada en cisplatino y a cistectomía radical. Sin embargo, hasta la mitad de los pacientes no son candidatos a recibir cisplatino por deterioro de la función renal u otras comorbilidades.

Para estas personas, el tratamiento ha consistido históricamente en cistectomía radical sin tratamiento sistémico neoadyuvante, pese al riesgo de recurrencia y al pronóstico desfavorable asociado. Por ello, se necesitan opciones terapéuticas que ayuden a evitar tanto la progresión antes de la cirugía como la recurrencia posterior, en un contexto de tratamiento con intención curativa.

VOLGA es un ensayo global de fase III, aleatorizado, abierto y multicéntrico que evalúa durvalumab perioperatorio, con o sin Imjudo (tremelimumab), en combinación con enfortumab vedotina (EV) neoadyuvante en pacientes con CVMI candidatos a cistectomía radical que no pueden recibir quimioterapia basada en cisplatino o han rechazado esta opción. El ensayo se desarrolló en 182 centros de 25 países de Europa, Norteamérica, Sudamérica y Asia.

Los resultados se presentaron el pasado 24 de octubre durante una sesión de comunicaciones orales del Simposio Presidencial I del Congreso de la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO) 2026, celebrado en Madrid. Asimismo, se publicaron simultáneamente en The New England Journal of Medicine.

Para profundizar en este tema, OKSALUD entrevista a uno de los expertos que han participado en este estudio, el doctor Enrique Grande, director de Oncología Médica en Quirónsalud y director del Programa One Oncology Madrid.

PREGUNTA.- Qué supone este nuevo esquema perioperatorio (inmunoterapia + enfortumab vedotin) para los pacientes con cáncer de vejiga invasivo que no pueden recibir la quimioterapia tradicional de cisplatino?

RESPUESTA.- Estamos ante un avance muy importante para pacientes que, hasta hace poco, tenían opciones de tratamiento limitadas antes de la cirugía. En VOLGA hemos demostrado que combinar durvalumab de AstraZeneca con enfortumab vedotin antes de la operación, seguido de inmunoterapia después, reduce un 49% el riesgo de recaída, progresión o muerte y un 42% el riesgo de fallecimiento frente a la estrategia de cirugía sola.

Pero lo más importante y por lo que en mi opinión cambia el tratamiento estándar es que estos datos se consiguen administrando solamente tres ciclos de enfortumab vedotin y no hasta nueve, que era lo que se hacía antes. Esto abre la posibilidad de ofrecer tratamientos más cortos, con menor toxicidad acumulada y menor impacto sobre la calidad de vida de nuestros pacientes, por no mencionar la menor carga económica del tratamiento.

P.- El cáncer de vejiga músculo-invasivo suele requerir intervenciones muy complejas como la extirpación completa de la vejiga. ¿Cómo cambia este nuevo tratamiento previo a la cirugía la tasa de curación, la conservación del órgano o los resultados quirúrgicos posteriores?

R.- Probablemente, el dato que más me llama la atención del estudio es que, en aproximadamente el 45% de los pacientes tratados, no encontramos tumor residual en el análisis de la pieza quirúrgica. Es una cifra extraordinariamente esperanzadora. Todavía necesitamos más seguimiento para conocer el impacto definitivo sobre la curación y debemos recordar que VOLGA no es un estudio de preservación vesical.

Sin embargo, creo que estos resultados nos acercan a uno de nuestros grandes objetivos, que es el de curar a más pacientes y conseguir que, en el futuro, cada vez menos necesiten perder su vejiga, una cirugía con importantes consecuencias físicas y psicológicas.

P.- En este ensayo combinan durvalumab con enfortumab vedotin. ¿Qué ventaja ofrece sumar esta estrategia de ‘caballo de Troya’ de la terapia dirigida frente al tratamiento estándar convencional?

R.- Estamos combinando dos mecanismos complementarios, como la inmunoterapia, que ayuda a nuestras defensas a reconocer el cáncer, y un anticuerpo conjugado que actúa como un «caballo de Troya», transportando un quimioterápico directamente hasta las células tumorales. Para mí, lo más interesante de VOLGA no es demostrar que esta combinación sea mejor que otras estrategias modernas, sino conseguir una eficacia muy relevante con una exposición más corta a enfortumab vedotin.

En comparación con el esquema que utilizábamos hasta ahora con pembrolizumab, solo necesitamos tres ciclos de EV en lugar de nueve. Esto podría traducirse en menos neuropatía, toxicidad cutánea o diabetes y otros efectos adversos acumulativos, una mejor calidad de vida y un menor coste farmacológico para el sistema sanitario. Son ventajas potenciales muy importantes, aunque no podemos considerarlas demostradas mediante una comparación directa entre ensayos.

P.- Siendo un estudio de Fase III presentado en el Simposio Presidencial de ESMO, ¿cuáles son los pasos y el horizonte temporal estimado para que esta combinación llegue a la práctica clínica diaria?

R.- Los resultados son muy sólidos y demuestran un beneficio significativo en supervivencia. Ahora necesitamos que las agencias reguladoras evalúen los datos y que posteriormente se establezcan las condiciones de financiación y acceso en nuestro país. Como segundo autor y miembro del comité que dirigía el estudio, me produce una enorme satisfacción haber participado en una investigación que puede cambiar la manera de tratar a estos pacientes.

De igual modo, también creo que el estudio transmite un mensaje importante para el futuro de la oncología y es el de que innovar no significa necesariamente administrar más tratamientos, sino conseguir los mejores resultados con la menor toxicidad y utilizando los recursos sanitarios de forma responsable.

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