Los Presupuestos del Estado como los de la Sauna Adán
El artículo 134.3 de la Constitución dice: «El Gobierno deberá presentar ante el Congreso de los Diputados los Presupuestos Generales del Estado al menos tres meses antes de la expiración de los del año anterior». Ahí no pone «podrá presentar», ni «presentará si quiere», tampoco pone, «si es que tiene votos para aprobarlos», ni siquiera «presentará o no, según le convenga al Saunas». La expresión «deberá presentar» es indiscutiblemente taxativa y no admite interpretación ni condicionamiento. El Gobierno está obligado por la Constitución a presentar ante el Congreso un proyecto de Presupuestos Generales del Estado (PGE) y debe hacerlo forzosamente antes del día 1 de octubre, que es cuando se cumplen los tres meses antes de que finalicen los anteriores, aunque estos hayan sido prorrogados. Y debe hacerlo tanto si cuenta con votos para que se aprueben como si no es así.
La norma es tan clara y poco sujeta a opinión contraria que no debería ser necesario comprobar cómo la han interpretado los distintos Gobiernos que la han tenido que aplicar, pero, conociendo el percal, solamente hay que irse al Boletín Oficial del Congreso de los Diputados y hacer una sencillísima búsqueda con la que podremos comprobar que absolutamente todos los Gobiernos de todos los partidos políticos la han cumplido a rajatabla, excepto cuando ha sido materialmente imposible hacerlo. Lo vais a entender enseguida. El 27 de agosto de 1982, el presidente Calvo Sotelo se vio forzado a disolver las Cortes y convocó elecciones generales para el 28 de octubre de 1982, por lo que nadie podía presentar en tiempo y forma los presupuestos de 1983, que sí presentó Felipe González, aunque fuera de plazo, el 22 de abril de 1983.
En 1989 pasó lo mismo: presionado por los sindicatos, Felipe González anunció el 25 de agosto de 1989 que disolvía las Cortes y convocaba elecciones anticipadas para el 29 de octubre de 1989. Tras ganarlas, fue investido en diciembre de 1989 y presentó en el Congreso los Presupuestos de 1990 el 1 de marzo de ese mismo año. Para las elecciones que se celebraron el 20 de noviembre de 2011, se habían disuelto las Cortes el 27 de septiembre; luego el Proyecto de PGE de 2012 no lo pudo presentar Rajoy hasta el 3 de abril de 2012. Y lo mismo ocurrió con las elecciones que se celebraron en junio de 2016, en las que Rajoy no logró ser investido hasta el 29 de octubre, por lo que no pudo presentar los PGE de 2017 hasta el 4 de abril de ese año.
La primera vez en la historia de España en que un presidente del Gobierno que no estuviera en funciones ni tuviera las Cortes disueltas, incumplió la obligación constitucional de presentar los Presupuestos del año siguiente antes del 1 de octubre, fue Mariano Rajoy con los PGE de 2018. Como ya se ha explicado, los del año anterior no pudo presentarlos antes por las elecciones y no logró que se aprobaran hasta el mes de mayo de 2017. Inmediatamente después, debería haberse puesto a trabajar en los de 2018 para dejarlos presentados después del verano, pero no lo hizo con la excusa del follón del referéndum golpista de Cataluña del 1 de octubre de 2017, justo cuando se deberían haber presentado los PGE. En su descargo, hay que decir que, aunque tarde, el 3 de abril de 2018, Rajoy presentó su proyecto de Presupuestos para 2018.
A partir de ahí empiezan las cuentas de Pedro Sánchez, investido el 2 de junio de 2018 tras ganar la moción de censura contra Rajoy. Los presupuestos de 2019, 2021, 2022 y 2023 los ha presentado todos tarde, fuera de plazo. Y ha incumplido completamente esta obligación, al no presentar proyecto de presupuestos ni en 2020, ni en 2024, ni en 2025, y otra vez lo ha vuelto a hacer al no presentar los de 2026. Pedro Sánchez no ha cumplido la obligación constitucional de presentar Presupuestos en plazo ni una sola vez en los más de ocho años que lleva gobernando. Nunca. Y la ha incumplido de manera absoluta, no presentándolos ni siquiera tarde, en la mitad de las ocasiones. Pedro Sánchez gobierna sin Presupuestos, prorrogando los de 2023, moviendo cantidades millonarias de unas partidas a otras y ampliando las que le da la gana sin someterse ni a la Constitución ni a ningún rigor ni control parlamentario. Hay que decirlo. Desde que es presidente, Pedro Sánchez maneja los Presupuestos Generales del Estado como cualquier proxeneta dirige las finanzas de su lupanar.
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