Hasta las estrellas esperan a las urnas

Hasta las estrellas esperan a las urnas

Huesca tenía fecha, auditorio y menú. Le faltaba un detalle que no depende de los inspectores: que el país no estuviera pendiente de otra cosa. La convocatoria de elecciones generales para el domingo 29 de noviembre ha llevado a Michelin a mover la gala de la Guía España 2027, prevista para el martes 24, al martes 1 de diciembre, a las siete de la tarde, en el Auditorio Carlos Saura del Palacio de Congresos de Huesca. Es decir, de cinco días antes de las urnas a dos días después.

La explicación oficial, de Mónica Rius, directora de comunicación de Michelin para España y Portugal, es que había que asegurar que el acto tuviera eco. Uno se pregunta qué tendrá que ver una cosa con la otra. Que se sepa, ni los inspectores se presentan a las elecciones ni los candidatos reparten estrellas, aunque a más de uno le gustaría colgarse alguna. Pero, aceptado el argumento, la solución tampoco se sostiene. Si se trataba de huir del ruido político, el remedio ha sido peor que la enfermedad. El 1 de diciembre el país estará todavía con la resaca de la noche electoral: los tertulianos contando escaños, los periódicos llenos de pactos imposibles y los líderes explicando por qué han ganado aunque hayan perdido. Las estrellas, que cuesta años ganar y una sola noche anunciar, van a competir con el escrutinio en lugar de esquivarlo. Puestos a aplazar, lo sensato habría sido llevar la gala más lejos, a mediados de diciembre, cuando el ruido haya bajado y la mesa esté despejada.

Aunque, bien mirado, la coincidencia tiene su gracia, porque la Michelin también tiene su campaña electoral. Durante semanas, los cocineros dan mítines en redes sociales, los críticos publican encuestas disfrazadas de quinielas y cada restaurante presenta un programa de temporada que, como todos los programas, se cumplirá a medias. Hay debates a cuatro sobre si la vanguardia ha muerto o si basta con el producto, cara a cara entre el defensor del menú de veinte pases y el que jura por el guiso de la abuela, y hasta indecisos que no saben si reservar en el favorito o en el que va de tapado. Luego llega la noche de los resultados, con favoritos y sorpresas, quien sube y quien pierde lo que tenía, y quien se pasa el año diciendo que no le importa y no duerme la víspera. La diferencia es que aquí votan unos inspectores anónimos que pagan la cuenta, nadie exige un debate a cinco y nadie recurre el resultado ante el Supremo.

Lo interesante es el escenario. Será la primera gala Michelin en Aragón, y no en Zaragoza sino en Huesca, que toma el relevo de Málaga. La provincia puede presumir con datos: 18 restaurantes en la guía y ocho con estrella. El menú de la noche lo firmarán ocho cocineros oscenses con estrella bajo la batuta de Carmelo Bosque, de Lillas Pastia, y la ceremonia la presentará Anne Igartiburu.

Es una buena noticia para quienes creemos que la alta cocina española no vive sólo en Madrid, San Sebastián o Barcelona, sino también en capitales pequeñas y pueblos donde el producto está a la vuelta de la esquina: la trufa negra, el ternasco, la borraja que media España todavía no sabe cocinar.

Quedan, pues, unos días más de quinielas. ¿Habrá un nuevo triestrellado? ¿Perderá alguien la tercera? Lo que ya sabemos es que los nuevos estrellados tendrán que repartirse los titulares con los resultados de las generales. Y que, cuando suban al escenario, todavía no sabremos quién gobierna, porque en España las investiduras duran más que cualquier menú degustación.

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