El teletrabajo no salva el planeta como creías: el ahorro real de CO2 se queda muy lejos de lo esperado
Un estudio, con 1.033 teletrabajadores suizos, revela que el ahorro se evapora en casa y en tecnología
Cada empleado emite 1.322 kilos de CO2 al año por su trabajo pese a evitar desplazamientos

Trabajar desde casa se ha vendido como una de las palancas verdes de la era pospandemia: menos coches en la carretera, menos atascos, menos humo. Pero un nuevo estudio pone cifras a esa promesa y el resultado es incómodo.
Una investigación publicada este mes en la revista científica PLOS Climate concluye que el teletrabajo apenas reduce las emisiones de dióxido de carbono una vez se contabiliza todo lo que ocurre puertas adentro del hogar. El ahorro por dejar de desplazarse existe, pero se evapora casi por completo al sumar la calefacción del despacho doméstico y la duplicación de aparatos electrónicos.
El trabajo, firmado por investigadores de la Universidad de Ciencias Aplicadas y Artes de Lucerna y la Universidad de Lausana, se basa en una encuesta a 1.033 teletrabajadores suizos y calcula por primera vez la huella de carbono del teletrabajo en tres frentes a la vez: transporte, vivienda y tecnología.
Un balance que no cuadra
La cifra de partida sorprende: cada teletrabajador genera de media 1.322 kilos de CO2 equivalente al año por su actividad laboral. De ese total, los desplazamientos suponen 532 kilos, el espacio de trabajo en la vivienda otros 486 kilos y el uso de ordenadores, pantallas e impresoras, 286 kilos más.
El problema aparece al comparar al teletrabajador con un escenario en el que fuese siempre a la oficina. Al quedarse en casa, evita de media 219 kilos de CO2 en transporte cada año. Pero calentar e iluminar un despacho doméstico añade 236 kilos, y fabricar los equipos duplicados suma otros 50 kilos.
La resta final deja un ahorro neto de apenas 67 kilos de CO2 al año por empleado. Es decir, poco más del que evita el propio desplazamiento se pierde por el camino, dejando el beneficio ambiental reducido a una fracción de lo prometido.

La trampa del despacho en casa
El estudio identifica al cuarto de trabajo propio en el hogar como uno de los grandes responsables. Disponer de una habitación dedicada eleva las emisiones en todos los modelos analizados, porque implica calentar más metros cuadrados durante toda la jornada.
Dos de cada tres encuestados (66,8%) cuentan con un despacho separado en casa, con una superficie media de 13,8 metros cuadrados. A ese consumo se suma que muchas oficinas siguen encendidas, climatizadas e iluminadas aunque parte de la plantilla no acuda, con lo que el ahorro empresarial es mínimo o inexistente.
A ello contribuye también la tecnología. Cada teletrabajador utiliza de media 1,5 monitores externos, casi un ordenador de sobremesa y 1,5 impresoras, un equipamiento que a menudo se duplica entre la casa y el puesto de la empresa.

No todo está perdido
Los autores insisten en que el teletrabajo no es malo para el clima por definición: su impacto depende de cómo se organice. Reducir el espacio calefactado por persona, compartir escritorios y apostar por espacios de coworking de proximidad puede inclinar la balanza hacia el ahorro real.
En el lado de la movilidad, las claves son recortar distancias y frecuencia de los viajes y sustituir el coche por el transporte público o la bicicleta. De hecho, quienes se desplazan en transporte público registran menos emisiones tanto en el total como en los modelos de transporte y tecnología.
Los investigadores reconocen las limitaciones de su trabajo, que analiza solo a teletrabajadores suizos y parte de cálculos simplificados, sin un grupo de control de empleados presenciales. Aun así, su mensaje es claro: el teletrabajo solo será verde si se planifica para serlo, y no por el simple hecho de apagar el coche unos días a la semana.