Agua Lavavajillas y sartenes

¿Se pueden meter las sartenes en el lavavajillas? La guía definitiva para cuidar el planeta y tu salud

El lavavajillas consume mucha menos agua y energía que el lavado a mano

Siempre debemos seguir las indicaciones del fabricante de sartenes

Nunca debemos rasgar la superficie de las sartenes ni emplear productos agresivos

El lavavajillas es uno de los electrodomésticos que más nos facilita el día a día en la cocina.
El lavavajillas es uno de los electrodomésticos que más nos facilita el día a día en la cocina.

Tener lavavajillas en casa siempre resulta una opción recomendable, sobre todo si no queremos perder mucho tiempo en la engorrosa tarea de dejar todo limpio tras terminar de comer. Además, se trata de un electrodoméstico especialmente eficiente que reduce de forma significativa el consumo de agua y energía, lo que contribuye a disminuir nuestro impacto ambiental.

Según la OCU, un lavavajillas utiliza una cantidad de agua situada entre los 10 y  los 15 litros por ciclo, mientras que el lavado manual puede alcanzar los 60 litros para dos fregaderos llenos. En términos energéticos, el gasto asociado al uso del lavavajillas es entre un 50% y un 70% inferior al que supone calentar agua con gas para fregar a mano.

Sin embargo, no todos los utensilios de cocina responden igual al lavado automático. Las dudas aparecen especialmente en el caso de las sartenes, ya que muchos modelos incorporan recubrimientos sensibles a la combinación de altas temperaturas, detergentes alcalinos y fricción mecánica, factores que pueden acelerar su desgaste y reducir su vida útil.

Acero inoxidable

Las sartenes de acero inoxidable son, en general, las que mejor toleran el lavado automático. Aun así, es recomendable comprobar siempre las especificaciones del fabricante antes de introducirlas en la máquina. Lo mejor es comprobar que el utensilio incluye una etiqueta que indique expresamente que es un producto apto para lavavajillas.

Otros materiales que suelen ofrecer una buena resistencia al lavado automático son las sartenes esmaltadas y algunos modelos multicapa o reforzados con titanio. En estos casos, el recubrimiento vitrificado o las superficies endurecidas soportan mejor la acción combinada del calor y los detergentes.

También existen sartenes con aluminio anodizado que pueden tolerar el lavado automático, pero sólo cuando así lo especifica expresamente el fabricante, ya que este material puede deteriorarse si no ha sido tratado para resistir ciclos intensivos.

¿Se pueden meter las sartenes en el lavavajillas? Esta es la guía definitiva para evitar problemas

Recubrimiento antiadherente

Las sartenes con recubrimiento antiadherente resultan, en cambio, mucho más sensibles al lavavajillas, porque la combinación de temperatura elevada y detergentes alcalinos acelera el desgaste de su capa protectora.

Cuando dicha capa protectora contiene teflón y se deteriora por el uso, los arañazos o los lavados repetidos, puede desprender una inmensa cantidad de microplásticos que terminan mezclándose con los alimentos durante la cocción.

Capa protectora

Tampoco es recomendable meter en el lavavajillas las sartenes de hierro fundido ni las de acero al carbono. Su mantenimiento depende de una capa protectora natural que se forma con el uso y que actúa como barrera frente a la oxidación.

El lavado automático elimina esa protección, lo que puede reducir su rendimiento durante la cocción y obliga a repetir el proceso de curado para mantener sus propiedades.

Apta para lavavajillas

Cuando una sartén es apta para lavavajillas —y así lo indica expresamente el fabricante— conviene igualmente tener en cuenta algunas recomendaciones básicas para asegurar un buen resultado de limpieza y evitar un desgaste innecesario con el uso continuado.

Antes de introducirla en el electrodoméstico, es aconsejable retirar los restos sólidos de comida para evitar obstrucciones en el filtro y facilitar que el agua y el detergente actúen de forma más eficaz durante el ciclo.

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Bandeja inferior

La posición dentro del lavavajillas también influye en el resultado final. Lo más adecuado es colocar las sartenes en la bandeja inferior, ligeramente inclinadas o con la superficie sucia orientada hacia abajo, de manera que los chorros de agua alcancen directamente las zonas con grasa incrustada.

Esta disposición mejora la eficacia del lavado sin necesidad de recurrir a programas especialmente agresivos y potencialmente más dañinos para las sartenes.

Siempre que el aparato disponga de ello, conviene utilizar programas específicos para ollas y sartenes o ciclos largos que permitan eliminar restos más resistentes. Además, es preferible evitar detergentes especialmente abrasivos, ya que su uso continuado puede acelerar el deterioro de los recubrimientos y reducir la vida útil del utensilio.

Alternativas eficaces

Si no lo vemos claro y preferimos optar por el lavado manual de las sartenes, conviene saber que existen alternativas sencillas y eficaces para eliminar la grasa sin deteriorar los materiales. Una de las más populares consiste en aplicar bicarbonato y vinagre blanco sobre la base exterior de la sartén, dejar actuar unos minutos y frotar suavemente antes de aclarar con agua.

Otra opción es utilizar arcilla verde aplicada con una esponja, truco especialmente útil para recuperar el brillo de la superficie sin recurrir a productos abrasivos. También puede emplearse una combinación de sal, vinagre y limón para acabar con los restos incrustados de forma progresiva y respetuosa con el recubrimiento.

Si la suciedad no está muy adherida, suele ser suficiente con agua tibia, jabón y una esponja suave. Lo que no debemos hacer en ningún caso es rascar la superficie o utilizar lejía y otros productos agresivos, ya que pueden acelerar el deterioro del antiadherente y reducir la vida útil de la sartén.