Los incendios forestales queman 275.209 hectáreas en España: 2,5 veces la media de la última década

Menos grandes incendios pero la misma devastación: España vuelve a quemar más de 275.000 hectáreas

El arbolado quemado suma 153.872 hectáreas, el doble que en 2025 y más de cuatro veces la media

Los 45 grandes incendios concentran el 80,5 % de lo quemado, con 4.925 hectáreas de media cada uno

Paisajes mosaico, más viñedos y menos pinos: Madrid activa su fórmula para frenar los incendios

  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

Los incendios forestales han quemado 275.209 hectáreas en España entre el 1 de enero y el 20 de septiembre de 2026, una superficie 2,5 veces superior a la media de la última década y la mayor registrada en el periodo 2016-2026. Equivale a más de 1.000 hectáreas quemadas cada día, de media.

Son los principales datos del balance provisional del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), presentado este martes en Madrid durante la VIII Jornada Técnica de Lucha contra Incendios Forestales.

Aunque la superficie afectada es prácticamente idéntica a la del mismo periodo de 2025, este año se han registrado menos grandes incendios: 45 frente a 62. Los fuegos de más de 500 hectáreas han concentrado el 80,5 % de toda la superficie quemada.

Más fuegos y más arbolado quemado

Según los datos facilitados por el Ministerio, hasta el 20 de septiembre se habían contabilizado 8.122 siniestros, un 7 % más que la media decenal y un 18 % más que en 2025. Los 45 grandes incendios suponen menos del 1 % de ese total, pero acumulan la mayor parte de la superficie quemada.

El incremento ha sido especialmente acusado en la superficie arbolada, que ha alcanzado las 153.872 hectáreas, prácticamente el doble que el año pasado y más de cuatro veces la media de la última década. Supone más de la mitad de todo el terreno quemado.

También preocupa la dimensión de los grandes incendios, cuya superficie media se ha situado en 4.925 hectáreas, un 59 % por encima del promedio decenal. En otras palabras, cada uno de ellos ha afectado, de media, a casi 50 kilómetros cuadrados.

Esfuerzo de extinción

Rafael Gómez del Álamo, jefe del Área de Defensa contra Incendios Forestales del MITECO, ha destacado el esfuerzo de los dispositivos estatales de extinción durante «una campaña especialmente exigente». El balance del Ministerio detalla la actividad de sus medios aéreos, que refleja esa exigencia.

Entre el 1 de enero y el 21 de septiembre, los medios aéreos del Ministerio intervinieron en 498 incendios y acumularon 10.067 horas de vuelo, un 27 % más que en el mismo periodo de 2025 y más del doble de la media de los últimos diez años.

Pese a la gravedad de la campaña, el balance también recoge resultados positivos en la gestión de las emergencias. La respuesta de los equipos y la coordinación de los servicios de emergencia han permitido afrontar situaciones de extraordinaria complejidad.

Foto: Pedro Armestre / Greenpeace.

Respuesta a las emergencias

Es el caso del complejo de incendios que afectó a Ávila, Madrid y Toledo, con alrededor de 115.000 personas evacuadas o confinadas, que se saldó sin víctimas mortales. Un resultado que el MITECO subraya como positivo pese a la dimensión de los fuegos.

Con todo, la experiencia de este verano también ha dejado patente la necesidad de reforzar los recursos disponibles y de seguir mejorando los mecanismos de coordinación, alerta y respuesta.

El MITECO ha identificado entre sus prioridades la realización de simulacros conjuntos, el desarrollo de protocolos operativos y una mejor integración de los medios de apoyo internacional, para seguir afinando la respuesta a las emergencias.

Voces del sector

La jornada ha abordado también cómo los cambios en el paisaje y en las condiciones de propagación del fuego están influyendo en la gravedad de los incendios forestales. El encuentro ha contado con la colaboración del MITECO, ADCIF, APTB y ASELF.

Tecnifuego, organizadora de la cita, es la Asociación Española de Sociedades de Protección contra Incendios, que reúne y representa a fabricantes, instaladores, mantenedores y empresas de servicios del sector. Fomenta la investigación y la documentación técnica, y colabora con la Administración en la normativa.

Ramón María Bosch, coordinador del Comité de Incendios Forestales de Tecnifuego, ha destacado la importancia de mantener la colaboración entre instituciones y ha señalado el abandono de los usos tradicionales del monte como uno de los factores que ayudan a explicar la situación actual.

Paisaje y propagación del fuego

Cristina Montiel, investigadora de la Universidad Complutense de Madrid, ha recurrido al Registro Histórico de Incendios Forestales, que reúne 7.547 incendios documentados entre los siglos XV y XX, para explicar cómo los cambios en los aprovechamientos y usos del suelo han modificado la propagación del fuego.

Laura Alonso, investigadora de la Universidad de Vigo, ha analizado los episodios de propagación nocturna excepcional observados en 2025. Son situaciones que reducen las oportunidades de actuación de los equipos de extinción.

«Estamos teniendo más energía en la atmósfera, asociada a los cambios climáticos, y en el territorio, asociada a los cambios socioeconómicos», ha explicado. Ante esta combinación, ha defendido actuar sobre la vegetación combustible y priorizar las zonas donde la prevención resulta más eficaz.

Protección de urbanizaciones

David Caballero, ingeniero de montes y consultor internacional, ha advertido de que las franjas de protección alrededor de las urbanizaciones son necesarias, pero insuficientes si no se actúa también sobre las propias parcelas y viviendas.

Las pavesas, partículas incandescentes que el viento transporta a distancia, pueden atravesar estas franjas y provocar nuevos focos en jardines, setos y otros elementos combustibles. De ahí que, a su juicio, la protección deba extenderse al interior de las zonas habitadas.

«No se necesita un incendio muy poderoso para llevarse por delante un pueblo o una urbanización», ha señalado Caballero, que ha insistido en que los propietarios y residentes deben asumir también su parte de responsabilidad en la autoprotección.

Prevención productiva

Fernando Pulido, catedrático de la Universidad de Extremadura y director del Proyecto Mosaico, ha señalado que el clima explica una parte del problema. La expansión forestal y el abandono de tierras agrícolas y ganaderas han favorecido la acumulación y continuidad de la vegetación combustible.

Son factores sobre los que es posible actuar mediante una gestión preventiva del territorio. Como alternativa, ha presentado el Proyecto Mosaico, que desde 2015 ha trabajado con unas 300 iniciativas locales para recuperar aprovechamientos agrícolas, ganaderos y forestales que ayuden a prevenir incendios.

«La prevención ha de ser productiva para ser exitosa», ha defendido Pulido, que ha reclamado menos trabas administrativas y más incentivos para quienes mantienen el territorio gestionado.

Vista aérea del paisaje quemado en Guadalajara. (Foto: Pedro Armestre / Greenpeace).

Paisajes en mosaico

Roberto Castro, del proyecto Gran Canaria Mosaico, ha presentado la estrategia del Cabildo de Gran Canaria para reducir el riesgo de grandes incendios mediante la creación de paisajes en mosaico.

Estos paisajes combinan cultivos, pastos y zonas forestales gestionadas para interrumpir la continuidad de la vegetación combustible. El proyecto integra distintas herramientas de prevención, desde el pastoreo y las quemas prescritas, o fuegos controlados, hasta la sensibilización de la población.

Castro ha matizado el alcance de esta estrategia: «El paisaje mosaico no siempre sirve de cortafuego, pero sí ayuda a poder gestionar la extinción ante un incendio de gravedad».

Responsabilidad compartida

La jornada ha defendido la necesidad de avanzar hacia una prevención basada en la responsabilidad compartida, en la que el trabajo de los equipos de extinción se complemente con la gestión del territorio.

La mejora de los medios de extinción debe ir acompañada de una gestión continuada del territorio, con la implicación de las administraciones, las comunidades rurales, los propietarios y los ciudadanos que viven en zonas expuestas al fuego.​