Historias de vida

En 1964 una mujer de 27 años compró una isla abandonada para aislarse del mundo: 62 años después es un impresionante refugio de biodiversidad

isla abandonada
Kayakistas en Witch Island. Foto: Coastal Rivers Trust.
Alejo Lucarás
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

En 1964, una mujer de tan solo 27 años tomó una decisión que sorprendió a todo su entorno: comprar una isla abandonada frente a la costa de Maine, en Estados Unidos, y mudarse allí en completa soledad. ¿Era acaso un capricho pasajero de verano? Pues, más bien, era un proyecto de vida que se prolongaría durante más de dos décadas, lejos de cualquier comodidad moderna.

Cuando ella llegó, las construcciones que había en el terreno estaban vandalizadas y el lugar llevaba años sin nadie que lo cuidara. Lejos de desanimarse, se puso manos a la obra para levantar un pequeño refugio propio. Nadie imaginaba entonces que aquel gesto solitario terminaría transformando por completo el destino de ese pedazo de tierra flotante.

Jane Sewall, la mujer que a los 27 años compró una isla abandonada en Maine para vivir sola

La protagonista de esta historia se llama Jane Sewall. En 1964, con solo 27 años, compró Witch Island, una isla abandonada de apenas siete hectáreas situada frente a la costa de South Bristol, en el estado de Maine (Estados Unidos), dentro de la bahía conocida como Johns Bay y a la que solo se puede llegar en kayak o en pequeñas embarcaciones.

El nombre de la isla venía de mucho antes de que ella llegara. A principios del siglo XX perteneció a una antigua actriz, cantante y vidente llamada Anna Chittenden, que se hacía llamar a sí misma la ‘bruja de Wall Street’ por lo certeras que resultaban sus predicciones sobre la bolsa. De ahí quedó el apodo que hoy sigue dando nombre al lugar: Witch Island, la isla de la bruja.

Retrato de Anna Chittenden en 1908
Retrato de Anna Chittenden en 1908. Foto: Fort Worth Telegram.

Cuando Sewall llegó a la isla abandonada, se encontró con una vieja casa de verano y un cobertizo para botes que habían sido vandalizados durante años de abandono.

Y en lugar de intentar repararlos, decidió quemar ambas estructuras y construir con sus propias manos una pequeña cabaña en el extremo sur de la isla, la misma que todavía sigue en pie más de 60 años después.

22 años de vida en soledad, rodeada de árboles y agua: así vivió Jane Sewall

Durante 22 años, Jane Sewall vivió prácticamente sola en aquel trozo de tierra rodeado de mar, sin más compañía que las aves y el bosque de abedules que cubre buena parte de la isla. No había electricidad ni comodidades modernas. Cada gesto cotidiano, desde cocinar hasta conseguir agua, dependía de lo que ella misma pudiera resolver con sus propias manos.

En este sentido, lejos de vivir de espaldas al entorno, Sewall se convirtió en guardiana silenciosa de su propio territorio.

También colocaba carteles pidiendo respeto por los árboles y vigilaba de cerca que nadie encendiera hogueras sin permiso en las playas, una costumbre que por entonces preocupaba a los vecinos de la zona por el riesgo de incendio.

Esa actitud, más que un simple capricho de aislamiento, anticipaba ya la vocación conservacionista que definiría el resto de su vida.

De refugio personal a santuario protegido: así se transformó esta isla abandonada

A comienzos de los años ochenta, Sewall tomó la decisión que cambiaría el destino de la isla para siempre. En 1983 donó un tercio de la propiedad al Maine Coast Heritage Trust y, tres años más tarde, en 1986, cedió el resto a la Maine Audubon Society, una de las organizaciones conservacionistas más antiguas de Estados Unidos.

Así, lo que había sido su hogar en soledad pasó a manos de quienes se encargarían de protegerlo. Desde 2009, la gestión quedó en manos de Coastal Rivers Conservation Trust, la organización que hoy mantiene abierta al público la que se conoce como Witch Island Preserve.

Actualmente, el acceso solo es posible en kayak, canoa u otra pequeña embarcación, y una vez en tierra existen dos senderos circulares (uno más corto hacia el este y otro más largo hacia el oeste) que recorren en total poco más de un kilómetro entre bosques de abedules.

Águilas, aves costeras y un bosque intacto: la actualidad de esta isla en Maine

Hoy, quien visita la isla puede cruzarse con águilas pescadoras y águilas calvas, dos de las especies más buscadas por quienes practican la observación de aves en la costa de Maine.

En la misma línea, cerca de la playa norte hay nidos de águila que en el pasado estuvieron ocupados, aunque en los últimos años no se ha confirmado actividad reciente en ellos. También son habituales las aves costeras que se alimentan entre las rocas durante la marea baja.

Por último, el acceso está limitado a las horas de luz: nadie puede pernoctar en la isla, ni siquiera en la cabaña que Sewall construyó con sus manos y que todavía se mantiene en pie.

De hecho, las escaleras de madera que facilitaban el desembarco por el lado norte quedaron destruidas por los temporales del invierno de 2024, así que hoy solo se puede atracar con seguridad por el embarcadero del sur.

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