Yolanda Díaz, la “pija de la izquierda”: el recurso que usa para parecer una ministra “de bien”
Han pasado 6 años desde su nombramiento como ministra de Trabajo y Economía Social
Con el paso de los años y su ascenso a vicepresidenta, su imagen se ha vuelto más pulida e institucional
Poco queda ya de aquella gallega de Ferrol de pelo corto y pasmina al cuello
Durante años, Yolanda Díaz se movió por los pasillos del poder con una imagen que parecía ir a contracorriente de la política-espectáculo. En las fotos de sus inicios la vemos con el pelo moreno, a veces recogido sin demasiadas florituras, otras en media melena algo rebelde, y casi siempre con un pañuelo rojo u oscuro al cuello, convertido en su seña de identidad. Su vestuario hablaba de sencillez: prendas lisas, siluetas amplias, vaqueros y jerséis cómodos. Más asamblea vecinal que sesión solemne, más cercanía que protocolo.
La historia arranca en Galicia, donde dio sus primeros pasos políticos ligada al Partido Comunista y a Izquierda Unida. Fue concejala en Ferrol desde 2007 y diputada autonómica entre 2012 y 2016. En aquellos años, su imagen acompañaba ese perfil de política de base: cabello oscuro, ropa práctica y una estética funcional que dejaba claro que lo importante era el mensaje, no el espejo.
El primer cambio se dejó ver en 2016, cuando dio el salto al Congreso de los Diputados con En Marea. Apareció un corte bob en tono castaño, americanas más clásicas y un aire ligeramente más pulido. Pero la gran transformación llegó en 2019. Aclaró su melena, dejó crecer el cabello y apostó por un rubio que pronto se convirtió en parte de su nueva imagen pública. Coincidió con su nombramiento como ministra de Trabajo en enero de 2020 y, poco después, con su ascenso a vicepresidenta segunda del Gobierno de Pedro Sánchez. Su agenda cambió, y su estilo también: más presencia, más luz, más escenario internacional.
Hoy, aquella estética militante parece un recuerdo lejano. En su lugar vemos gabardinas con carácter, bufandas protagonistas y trajes de corte limpio que transmiten una imagen más sofisticada.
Su evolución no ha pasado desapercibida. Hay quien la aplaude, quien la comenta con ironía y quien la analiza al detalle. Pero lo cierto es que su estilo actual proyecta orden, seguridad y autoridad, tres ingredientes clave en la política de alto nivel.
María José, experta en protocolo: «La izquierda ha asociado el cuidado de la imagen a lo elitista»
«Al principio, su estilo era práctico y poco pensado para el gran escaparate nacional. Hoy su imagen es mucho más reconocible y acorde con su papel institucional», explica María José Gómez y Verdú, experta en protocolo y comunicación. «Cuando alguien llega a una vicepresidencia, deja de hablar solo en nombre propio y empieza a representar al Estado. Y ahí la imagen suma: una presencia cuidada refuerza el mensaje».
Según explica la experta, la idea de que la izquierda «no cuida la imagen» y la derecha sí se ha construido a partir de distintas formas de entender el poder y las instituciones. Tradicionalmente, los sectores conservadores han otorgado un gran valor a las formas, los símbolos y el protocolo, al considerar que estos elementos dan estabilidad, continuidad y respeto a la autoridad pública. En ese marco, la imagen no se percibe como algo superficial, sino como parte de la responsabilidad que implica gobernar.
En cambio, señala María José, una parte de la izquierda ha asociado históricamente el cuidado de la apariencia con lo elitista o lo artificial, y ha optado por una estética más informal. Con el tiempo, esta elección ha contribuido a la percepción de que se descuida un aspecto clave de la vida pública: la representación institucional. «No es que la derecha sepa más de imagen», concluye, «sino que nunca ha dejado de considerarla una herramienta para proyectar autoridad, orden y credibilidad en el ejercicio del poder».