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Los Royal Marines excavan 243 metros cúbicos de tierra y roca en Escocia para levantar un hospital militar bajo tierra de 400 m² para esconder a los heridos de drones y misiles

La llamada «hora de oro» de la medicina militar, ese margen de sesenta minutos para llevar a un herido grave hasta un quirófano, ha dejado de existir en buena parte del frente ucraniano, y los ejércitos occidentales han tomado nota. Con los drones convertidos en la principal causa de bajas en combate, evacuar a un soldado en helicóptero o en ambulancia se ha vuelto un riesgo enorme, y los equipos médicos buscan alternativas que pasan por quedarse cerca del frente, pero fuera de la vista. Esa es la idea que ha llevado a los Royal Marines británicos a enterrar un hospital de campaña en Escocia, un quirófano que se ha excavado en el suelo para comprobar si bajo tierra se puede operar y salvar vidas.

El ensayo se ha desarrollado durante el ejercicio Strike Warrior y, según ha informado la Royal Navy, ha corrido a cargo del 24 Commando Royal Engineers. Sus ingenieros levantaron en seis días un complejo de 20 por 20 metros, algo más de lo que ocupan una pista y media de tenis, tras excavar unos 243 metros cúbicos de roca y tierra en Barnsford Bridge, cerca de Glasgow. Cuando la obra estuvo lista, cirujanos del Special Operations Surgical Team y del Commando Forward Surgical Group, perteneciente al 48 Commando, ocuparon el recinto y practicaron maniobras de reanimación y cirugía con bajas simuladas. Es un prototipo y no una capacidad ya operativa, pero sin duda es una nueva era de hospitales de campaña y que mira con atención lo que ya ha aprendido Ucrania.

Los Royal Marines excavan en Escocia para levantar un hospital militar

Para entender este «experimento» hay que mirar a Ucrania, donde la proliferación de drones ha cambiado la medicina de guerra. Algunos análisis recientes atribuyen a estos aparatos hasta el 80 % de las bajas en el frente, frente a menos del 10 % en 2022, y la evacuación rápida de los heridos se ha vuelto con frecuencia imposible. En ese escenario, el Ministerio de Defensa ucraniano abrió en septiembre de 2024, junto con el grupo Metinvest, su primer hospital militar de estabilización subterráneo, al que siguió un segundo centro enterrado a más de seis metros y reforzado con protecciones adicionales.

A finales de agosto, una fundación neerlandesa anunció además un complejo de 600 metros cuadrados a ocho metros de profundidad. La Organización Mundial de la Salud lleva contabilizados cerca de 3.000 ataques a instalaciones sanitarias desde el inicio de la invasión rusa. La jefa de suboficiales Ellie Walls, del Commando Forward Surgical Group, recordó que los sanitarios ya no siempre están protegidos por la Cruz Roja y que pueden ser objetivo de forma habitual, por lo que su unidad considera necesario aprender a construir, sobrevivir y trabajar bajo tierra.

Una obra de seis días diseñada por médicos e ingenieros

Los trabajos se organizaron por fases, con el despliegue de personal, vehículos y maquinaria en el terreno y, después, la excavación, el revestimiento, la construcción y el refuerzo de la estructura, con la participación de varias especialidades de los ingenieros de comandos. El diseño se planteó a cuatro manos: los sanitarios explicaron lo que necesita un espacio clínico y los ingenieros marcaron hasta dónde se podía llegar bajo tierra, por ejemplo con un sistema de zanjas y compartimentos pensado para ofrecer la máxima protección frente a las explosiones. Una vez construido, los equipos médicos recorrieron las distintas estancias para evaluar cómo repartir la electricidad, cómo trasladar a los heridos según la gravedad de sus lesiones y cómo moverse por el recinto, sin olvidar el control de plagas y la vigilancia de la temperatura.

Un agujero en el suelo con muchos problemas por resolver

Un hospital metido en un agujero plantea desafíos que no existen en una carpa convencional. La Royal Navy enumera los contaminantes del suelo, las bacterias, las plagas y otros factores ambientales capaces de reducir el rendimiento de los médicos y la supervivencia de los pacientes, a los que se suman la ventilación, la temperatura y el suministro de agua y electricidad. Walls admitió que la clave está en comprobar si los riesgos de estar enterrados superan a los de permanecer en superficie, y advirtió de que no debe subestimarse el efecto sobre el bienestar de los sanitarios, acostumbrados a trabajar con luz, aire, fontanería, electricidad y espacio para moverse y reabastecerse. Tras el ejercicio reconoció que el ensayo ha dado algunas respuestas, pero también ha abierto muchas preguntas, y defendió que preparar a los equipos y al material para trabajar así mejora las posibilidades de supervivencia de los pacientes.

De prototipo a capacidad operativa

El hospital de Barnsford Bridge forma parte de un esfuerzo más amplio para desarrollar, probar y estandarizar instalaciones subterráneas que puedan usar en el futuro la UK Commando Force y el Corps of Royal Engineers. El teniente Michael Mathers, jefe de la sección de acceso del 54 Commando Squadron, resumió que la obra dio a sus soldados experiencia directa de lo que exige un conflicto entre adversarios de capacidades parecidas, con la supervivencia, la protección y la ocultación como claves, y sirvió para adaptar técnicas conocidas a un entorno nuevo y detectar dónde hay que seguir innovando. Strike Warrior, que arrancó el 21 de septiembre y se prolonga cuatro semanas por el oeste de Escocia y Cumbria, es el mayor ejercicio de la fuerza de comandos británica en 15 años, desde su despliegue masivo en Afganistán, con más de 2.000 militares de seis países, ocho buques de guerra y 19 aeronaves.