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La frase de Benjamin Graham, inversor estadounidense: «El principal problema del inversor, e incluso su peor enemigo, es probablemente él mismo»

Conocer el funcionamiento de la bolsa es algo clave para poder hacer buenas inversiones. Sin embargo, puede ocurrir que de repente esa inversión no salga como se espera, y de ahí que en el fondo, siempre se tenga cierto temor. De esto precisamente, es de lo que habla Benjamin Graham, el economista estadounidense que enseñó a invertir a Warren Buffett y que pasó buena parte de su vida estudiando el comportamiento de los mercados. Graham había vivido épocas de grandes subidas bursátiles, pero también conocía las consecuencias de las crisis y sabía que no siempre se toman las mejores decisiones cuando los ahorros están en juego.

En 1949 publicó El inversor inteligente, un libro que acabaría convirtiéndose en una referencia para quienes querían aprender a invertir. Y entre sus páginas aparece una advertencia que todavía hoy se cita con frecuencia: «El principal problema del inversor, e incluso su peor enemigo, es probablemente él mismo». No es una frase especialmente alentadora, pero resume la  preocupaciones que acompañaron a Graham durante su carrera y que tenían que ver con facilidad con la que una persona puede echar a perder sus propios planes financieros.

La frase de Benjamin Graham, inversor estadounidense: «El principal problema del inversor, e incluso su peor enemigo, es probablemente él mismo»

Graham conocía bien Wall Street. Había comenzado a trabajar allí siendo muy joven y su carrera estuvo marcada por algunos de los episodios más difíciles de la historia bursátil estadounidense, entre ellos el desplome de 1929. Aquella experiencia influyó en su manera de entender las inversiones. Para el economista, uno de los grandes problemas era que muchas personas compraban cuando los precios llevaban tiempo subiendo y se deshacían de sus acciones cuando llegaban las pérdidas. Es decir, acababan haciendo justo lo contrario de lo que pretendían.

No siempre era una cuestión de desconocimiento. Había inversores preparados que también se dejaban arrastrar por el ambiente que se respiraba en el mercado. Cuando todo parecía ir bien, resultaba difícil resistirse a comprar, pero cuando llegaban las malas noticias, conservar la paciencia tampoco era sencillo. De ahí que Graham insistiera tanto en separar el precio de una acción del valor real de la empresa. Que una compañía cotizara más barata que unas semanas antes no significaba necesariamente que su negocio hubiera empeorado. Había que examinar sus cuentas, sus perspectivas y los motivos de aquella caída.

Quién fue Benjamin Graham

Aunque nació en Londres en 1894, Benjamin Graham creció en Estados Unidos, adonde se trasladó su familia cuando era niño. Se formó en la Universidad de Columbia y en 1914, después de terminar sus estudios, comenzó su trayectoria profesional en el sector financiero. Su nombre quedó ligado a la llamada inversión en valor, una forma de invertir que consiste en buscar empresas cuyo precio en bolsa sea inferior al valor que se estima que tienen. Graham desarrolló estas ideas junto a David Dodd, con quien publicó Security Analysis en 1934.

También fue profesor en Columbia Business School y allí conoció a uno de sus alumnos más famosos: Warren Buffett. El futuro responsable de Berkshire Hathaway quedó profundamente influido por las enseñanzas de Graham, hasta el punto de considerar El inversor inteligente una lectura fundamental para cualquier inversor. Entre los conceptos que popularizó Graham está el margen de seguridad. Su propuesta era comprar activos dejando una diferencia suficiente entre su precio y su valor estimado, de manera que existiera cierto margen frente a posibles errores.

El ejemplo del Sr. Mercado que explica su manera de pensar

Graham recurrió a un personaje imaginario para explicar por qué no conviene obedecer cada movimiento de la bolsa. Lo llamó Sr. Mercado y lo presentó como un socio que todos los días ofrece comprar o vender su participación en un negocio. Lo peculiar de este socio es que cambia constantemente de opinión. Hay días en los que se muestra entusiasmado y pide precios muy elevados. En otros momentos se vuelve pesimista y está dispuesto a vender su parte por cantidades mucho menores.

El inversor, explicaba Graham, no está obligado a aceptar ninguna de esas ofertas. Puede escucharlas, valorar si le interesan y rechazarlas cuando no le parecen razonables. Esa distinción era importante para él. La bolsa ofrece precios continuamente, pero no todas esas cotizaciones reflejan necesariamente el valor de las empresas.

Han pasado décadas desde la publicación de El inversor inteligente y la tecnología ha cambiado por completo la forma de operar en los mercados. Ahora se puede comprar una acción en segundos y consultar su cotización a cualquier hora. Sin embargo, disponer de más información y de herramientas más rápidas no elimina el miedo a perder dinero ni la tentación de seguir una subida sin detenerse a examinar sus motivos.

Graham murió en Francia en 1976. Para entonces había dejado dos obras fundamentales sobre inversión y una escuela de pensamiento que todavía se estudia. Su advertencia sobre el peor enemigo del inversor pertenece a ese legado y sigue saliendo en los debates sobre cómo tomar decisiones cuando hay dinero en juego.